En marzo de 1986, España se miraba al espejo de su joven democracia con una pregunta en la mano y muchas dudas en la cabeza. El referéndum sobre la OTAN dividía al país, sacaba a miles de personas a las calles y ponía a prueba la credibilidad del Gobierno socialista, recién asentado en el poder.
De aquel pulso entre promesas, miedos y giros estratégicos salió un resultado ajustado que fijó el rumbo de la política exterior española durante las siguientes décadas. Hoy, con el mundo rearmándose y Europa buscando su papel, el debate vuelve a resonar, cuarenta años después.
De "OTAN, de entrada no" al "sí" del referéndum
En 1986, el Gobierno socialista culminó una de las mayores piruetas políticas de la democracia. En la oposición, el propio González había asegurado que "el ingreso de España en la OTAN no añade nada a la seguridad nacional" y que "a los ciudadanos no se les debe consultar si quieren o no estar en un pacto militar".
Sin embargo, ya en el poder, el Ejecutivo convocó un referéndum para decidir la permanencia de España en la Alianza Atlántica.
La consulta vino acompañada de una pregunta que muchos calificaron de ambigua: "¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?" Críticos de la época la tacharon de “pregunta trampa”.
Cultura, protesta y censura televisiva
En plena efervescencia política y social, la izquierda cultural —entonces más cercana al pacifismo— acusaba al Gobierno de traicionar su promesa del "no a la guerra". Algunos artistas y cantautores fueron censurados en medios públicos por su posicionamiento. Uno de ellos recordaba: "Yo recuerdo esa velada de Salamanca, Javier iba a cantar 'Cuervo ingenuo', y desaparecieron las cámaras. Las cámaras desaparecieron en ese momento".
La victoria del “sí” y la consolidación internacional
Pese al malestar de una parte de su electorado, el referéndum de 1986 dio la victoria al “sí” con un 52% de los votos. Felipe González lo calificó de éxito colectivo: "El resultado es un éxito de todo el pueblo español". Desde entonces, España ha mantenido su lugar en la OTAN bajo todos los gobiernos, socialistas y populares.
Para algunos analistas, aquella decisión supuso "un paso fundamental en el proceso de occidentalización de España". Otros subrayan que "la pertenencia de España a la OTAN consolidó al país en el orden internacional".
40 años después: un nuevo equilibrio
En 2026, la alianza sigue marcando la política exterior española, pero el contexto ha cambiado. La guerra en Ucrania, las tensiones internas en Europa y las presiones presupuestarias vuelven a poner a prueba a un Gobierno que busca equilibrios. Sectores de la izquierda reclaman de nuevo "salir de la OTAN", mientras figuras del Ejecutivo defienden que "España es un país serio y cumple con sus compromisos, compatible con su modelo social".
Entre tanto, la sombra del debate sobre el gasto en defensa y la presión de Washington —especialmente con el regreso de Donald Trump— evocan un déjà vu político. Cuarenta años después, el Gobierno de Pedro Sánchez intenta cuadrar su propio círculo, entre las exigencias de la OTAN y las tensiones internas de su coalición.
