El truco no es nuevo, pero este verano vuelve a tener sentido por un motivo concreto: Ryanair ha recortado cerca de 800.000 plazas en rutas regionales durante el último año, concentrando buena parte de su oferta en los grandes aeropuertos —Madrid, Málaga, Alicante— mientras otras aerolíneas, como Vueling, Volotea o Wizz Air, intentan cubrir el hueco que deja en los aeropuertos más pequeños. El resultado es un mapa de precios más desigual que antes, en el que la diferencia entre volar a la ciudad grande o al aeropuerto de al lado puede ser notable.
La lógica de las aerolíneas de bajo coste ayuda a entender por qué ocurre esto: operan preferentemente en aeropuertos secundarios, donde las tasas aeroportuarias son más bajas, para poder ofrecer tarifas más agresivas. La consecuencia, para quien viaja, es que el aeropuerto «pequeño» de una zona suele tener vuelos más baratos que el grande, aunque esté un poco más lejos del destino final.
El caso más conocido: Cataluña
El ejemplo más citado en España es el de Barcelona. El aeropuerto de El Prat concentra la mayoría de los vuelos y, con ello, los precios más altos en fechas de mucha demanda. A poco más de 90-100 kilómetros están los aeropuertos de Girona y Reus, con rutas de aerolíneas low cost que en determinadas fechas pueden salir sensiblemente más baratas.
El matiz importante es el trayecto final: el autobús de Sagalés entre el aeropuerto de Girona y Barcelona cuesta en torno a 18-23 euros y tarda aproximadamente 1 hora y cuarto, mientras que la conexión en autobús entre Reus y Barcelona se mueve en un rango de 10 a 19 euros según la fecha y la antelación, con una duración de entre 1 hora y media y casi 2 horas y media dependiendo del servicio. Sumando ese coste y ese tiempo al precio del billete de avión es como se sabe si el ahorro es real.
El mismo truco en el resto de España
El patrón se repite en otras zonas del país. Jerez de la Frontera, en Cádiz, funciona como alternativa al aeropuerto de Sevilla para quien viaja al oeste de Andalucía, con menos tráfico y a menudo tarifas más competitivas en temporada alta. En el norte, el aeropuerto de Santander puede ser una opción más económica que el de Bilbao para quien tiene como destino Cantabria o el oriente de Asturias.
En el Mediterráneo, el aeropuerto de la Región de Murcia (Corvera) compite con el de Alicante-Elche para quien viaja a la Costa Cálida o al sur de la Comunidad Valenciana, y suele tener menos presión de demanda en los meses de más tráfico. En todos los casos, el ahorro depende de la fecha concreta y de la aerolínea, así que conviene comparar antes de asumir que el aeropuerto grande es siempre la única opción.
Cómo saber si el ahorro compensa de verdad
El cálculo que de verdad importa no es el precio del vuelo, sino el coste total del viaje puerta a puerta: billete de avión más transporte hasta el destino final, incluyendo el tiempo que se pierde en ese trayecto adicional. Un vuelo 40 euros más barato puede dejar de ser una ganga si el traslado cuesta 25 euros por persona y suma dos horas al viaje, sobre todo si se viaja en familia y hay que multiplicar ese coste por varios billetes de autobús o tren.
Como regla práctica, el truco del aeropuerto secundario compensa más cuanto mayor es la diferencia de precio del vuelo, cuanto menor es el número de personas que viajan (el coste del transporte adicional se reparte peor en grupos grandes que en trayectos individuales) y cuanto más flexible es el horario de llegada, porque las conexiones en autobús a estos aeropuertos suelen ser menos frecuentes que hacia los grandes hubs.

