Carlos Alsina ha conversado en Más de uno con el ingeniero español Carlos García Galán, responsable del diseño de la futura base que la NASA prevé instalar en la Luna. Durante la entrevista, el ingeniero ha explicado que la misión Artemis II ha afrontado pequeños inconvenientes propios de ser la primera vez que la nave Orion viaja con tripulación. Aunque ya había sido probada sin astronautas, la presencia humana ha permitido detectar aspectos a mejorar, aunque ha subrayado que "nada ha puesto la misión en peligro".
Entre los problemas más llamativos ha mencionado el sistema de baño, uno de los principales quebraderos de cabeza técnicos. Pese a ello, ha calificado la misión como "genial e increíble", destacando el impacto que ha tenido en los propios astronautas la observación directa de la Luna: "Las descripciones de ellos viendo la Luna con sus propios ojos hasta a mí me han cambiado la perspectiva".
Las descripciones de los astronautas viendo la Luna con sus propios ojos me han cambiado la perspectiva
García Galán ha explicado que los astronautas están entrenados no solo para operar, sino también para relatar con precisión lo que observan. Entre los fenómenos más sorprendentes, ha destacado la observación de al menos seis micrometeoritos impactando contra la superficie lunar, así como un eclipse solar en el que pudieron ver la Luna completamente oscura pero con una ligera luminiscencia propia. "Hasta que no vas, conocemos poquísimo de lo que hay allí", ha afirmado. Como responsable del diseño de la futura base lunar, esta experiencia también le ha llevado a replantear algunos aspectos del proyecto.
Un escudo térmico como seguro para entrar en la atmósfera
En cuanto al regreso a la Tierra, previsto tras la misión, ha explicado que uno de los mayores riesgos es la altísima temperatura que alcanza la nave durante la reentrada, lo que obliga a contar con un escudo térmico altamente resistente.
Ha recordado que en misiones anteriores este escudo sufrió daños debido a su impermeabilidad. Para futuras misiones como Artemis III se ha rediseñado, mientras que en Artemis II se ha optado por mantener el mismo material pero modificar el ángulo de entrada en la atmósfera para reducir el estrés térmico. "Es algo muy específico que también está muy hecho y lo podemos predecir muy bien", ha precisado.
Durante la reentrada, la nave se separará del módulo de servicio —de diseño europeo y con participación española— que proporciona oxígeno, energía y otros recursos. Esto permitirá que el escudo térmico quede completamente expuesto. La cápsula tripulada, denominada Integrity, cuenta además con tres niveles de sistemas de protección: sistemas automáticos, una computadora de emergencia independiente y la posibilidad de control manual por parte de los astronautas en caso extremo.
Responsable del diseño de la futura base lunar
García Galán también ha abordado la desconexión de comunicaciones de unos 40 minutos registrada durante la misión, que según el científico no supone ningún inconveniente. Ha explicado también que la NASA trabaja en el despliegue de una constelación de satélites en órbita lunar para evitar estos cortes. China ya dispone de un sistema similar.
En cuanto a la futura base lunar, García Galán ha adelantado que se tratará de una instalación de gran escala, con un perímetro de cientos de kilómetros cuadrados. Estará compuesta por módulos habitables no conectados entre sí, rodeados de reactores nucleares, paneles solares y sistemas autónomos. Incluirá drones para la exploración científica, robots y vehículos lunares que permitirán a los astronautas desplazarse por la superficie.
Es como una rampa de lanzamiento hacia otros objetivos
"Es como una rampa de lanzamiento hacia otros objetivos", ha resumido. Las primeras misiones contarán con dos astronautas, ampliándose posteriormente a cuatro, y en fases más avanzadas se prevé la presencia de entre cuatro y seis tripulantes en estancias de larga duración.
