“Falta de eficacia en la consecución de un propósito o fin”. Eso es la inoperancia y es el término que define a la perfección el partido de Osasuna en San Sebastián. Y lo que es peor, se le puede unir una falta de intensidad preocupante. No es de recibo que el equipo se vea ampliamente superado en lo futbolístico y dé la sensación de que nadie sabe qué hacer para remediarlo. Ni los jugadores en el campo ni el entrenador desde el banquillo. En el día en que se tenía que demostrar que se quiere jugar por Europa Osasuna ha dado lástima en muchas fases del partido.
Y es que últimamente no se corresponde el discurso en público con lo que luego sucede en el campo. Si frente al Mallorca el partido era casi una final y salió como salió, el objetivo contra la Real era no estar sometidos en campo propio los ratos que el equipo de Matararzzo tuviera el balón. Y desde el minuto 11 cuando Víctor remató al poste hasta el 34 Osasuna no hizo ni una jugada con tres pases. Ni una. A cambio encajó dos goles en cuatro minutos, el primero por un penalti por mano en la tercera ocasión en que el balón se paseaba con peligro por el área pequeña y el segundo con una pasividad preocupante de los del centro del campo permitiendo el avance de los realistas y el gol de Guedes.
El descanso ya era tarde para los primeros cambios, y les cayó la papeleta a Moi Gómez e Iker Muñoz. El primero se contagió del ritmo cansino de sus compañeros y permitió a Turrientes hacer la jugada del partido antes de ceder a Guedes el tercero. El segundo recibió los golpes habituales y trató de hacer algo. Estaba claro, y no es ser ventajista, que solo Barja y Osambela podían imbuir algo de espíritu luchador al resto. El de Noáin entró y se fabricó con Víctor la jugada del 3-1, arengando a continuación a una afición visitante que tras el metacrilato intentaba ver algo de su equipo. Real y figuradamente. Osambela con su pelea en la línea de fondo del área realista por un balón hizo más que medio equipo en todo el partido
No ha sido el día. El problema es que contra el Mallorca tampoco, a pesar del empate in extremis, y contra el Valencia tampoco. Ni contra el Elche. Ya se sabe que las rachas de resultados se vuelven peligrosas enseguida, y el Osasuna que hoy podía haber estado en puestos europeos lleva tres derrotas en los últimos cinco encuentros, con solo una victoria en ellos. Otra vez se ha caído el equipo cuando más ilusión estaba generando.

