Marte ya no es solo un destino científico, también es una experiencia que puede ensayarse en la Tierra. En el espacio Universo Maite, la comunicadora científica Jennifer García Carrizo ha detallado cómo es "vivir" en el planeta rojo a través de su libro Misión Marte, basado en su participación en una misión de simulación espacial en el desierto de Utah.
Durante dos semanas, formó parte de una tripulación internacional -integrada exclusivamente por mujeres- que convivió en una base de investigación diseñada para reproducir las condiciones de vida marcianas. Siete personas compartiendo un espacio reducido, sin comunicación directa con el exterior y con un retardo de hasta 45 minutos en los mensajes, recreando así las limitaciones reales de una futura misión a Marte.
La simulación reproduce aspectos clave como el aislamiento, la gestión de recursos o la rutina de trabajo, aunque hay elementos imposibles de replicar, como la microgravedad. "Simulamos que la atmósfera no es respirable, por eso cada salida requiere traje de astronauta y protocolos de despresurización", explicó la autora durante la entrevista.
El día a día en la base está completamente estructurado: bloques de trabajo científico de cuatro horas, ejercicio físico, mantenimiento de la estación y un acceso muy limitado a internet -apenas dos horas diarias- para enviar informes. Uno de los momentos más exigentes son las salidas al exterior, donde el equipo debe operar con trajes que condicionan cada movimiento y obligan a una planificación minuciosa.
En el ámbito científico, la misión abordó diferentes líneas de investigación. Desde el montaje de un reflector para calibración de satélites hasta proyectos centrados en la sostenibilidad, una de las claves de cualquier viaje a Marte. "Un desplazamiento real duraría unos tres años, así que cada residuo debe convertirse en un recurso", señaló García Carrizo, que trabajó en la gestión de desechos orgánicos y otros procesos vinculados a la economía circular.
La limitación de recursos es, precisamente, uno de los grandes aprendizajes. La alimentación se basa principalmente en productos deshidratados y la producción propia es mínima -apenas una docena de tomates en dos semanas-. Pero el mayor reto es el agua, cada integrante dispone de unos 10,5 litros diarios, muy lejos de los más de 100 litros que se consumen de media en España. Esa escasez obliga a replantear hábitos básicos como la higiene o el uso cotidiano del agua.
Más allá de lo técnico, la experiencia tiene un fuerte componente humano. La convivencia en aislamiento, la distancia con el entorno personal y la presión del trabajo convierten la misión en un desafío emocional que requiere preparación previa. "Estás rodeada de gente constantemente, pero lejos de los tuyos", resumió.
La conversación también abordó la actualidad científica. El rover Perseverance sigue buscando indicios de vida pasada en Marte, aunque, como recordó la autora, la ciencia avanza con cautela, "a las grandes preguntas necesitamos grandes resultados, y eso lleva tiempo". En cuanto a la llegada del ser humano al planeta rojo, el calendario dependerá en gran medida de la inversión y del impulso de la carrera espacial.
En definitiva, Misión Marte no solo acerca cómo sería una futura expedición, sino que plantea una reflexión más amplia, entender Marte es también una forma de comprender la evolución de la Tierra. Un planeta que, hace miles de millones de años, tuvo agua en estado líquido y que hoy se convierte en clave para anticipar nuestro propio futuro.
La entrevista completa puede escucharse en el podcast de Más de uno Murcia, dentro del espacio Universo Maite. Un viaje sonoro que transforma la ciencia en experiencia.

Imagen portada: Misión a Marte
