Combatió en Túnez bajo las órdenes de D. Juan de Austria, fue paje de Felipe II, administrador general de minas, regidor de Murcia y autor de un privilegio de invención que en 1606 reunía cuarenta y ocho ingenios distintos. Entre ellos, sistemas para desaguar minas aprovechando la fuerza expansiva del vapor, más de un siglo antes de que Newcomen y Watt entraran en los manuales. También un aparato de inmersión con renovación de aire que probó ante la corte en el río Pisuerga en 1602.
La biografía de Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1553-1613) parece sacada de una novela de aventuras del Siglo de Oro y, sin embargo, está perfectamente documentada. Un hombre de armas, de corte, de minas y de ingenio que no nació en Murcia, pero que terminó casándose aquí, ejerciendo como regidor durante años y dejando una huella tan profunda que la tradición lo sitúa enterrado en la Catedral.
El retrato de... se acerca esta semana a su figura de la mano de la catedrática Susana Martínez-Rodríguez, que sitúa al personaje en el contexto de una Monarquía Hispánica necesitada de servidores técnicos y leales, matiza con rigor el mito del «inventor de la máquina de vapor» y reivindica una historia menos lineal, en la que Murcia custodia discretamente una parte poco conocida de la historia de la innovación europea.
