Hoy venía pensando en… el fenómeno mediático.
No cabe duda que Javier Aguirre es un entrenador mediático. Su forma de ser y su manera divertida de expresarse le ha llevado a ganarse el cariño de todas las aficiones de los equipos en los que ha estado. No le conozco personalmente pero todo el que sí le conoce habla maravillas del mexicano. Por algo será.
Su salida de la selección de Mexico y su llegada al Valencia ha provocado múltiples reacciones tanto en su país como en el nuestro. Javier Aguirre, al margen de su buen carácter, es un técnico con una larga trayectoria. Es un hombre de fútbol. Y eso y solo eso es lo que necesitaba este Valencia. Los experimentos no sirven y Aguirre ya ha demostrado en más de una ocasión que está acostumbrado a sacar a sus equipos del pozo.
Con un vestuario deprimido por un entrenador como Corberan con un carácter complicado, la llegada del Vaso ha supuesto un aire fresco más que necesario en ese vestuario. No me cabe duda que se ha ganado a los futbolistas desde el primer minuto. Y con eso ya tendrá buena parte del camino recorrido. Lo he dicho y lo repito, Corberán consiguió el dudoso mérito de que sus futbolistas no corrieran por él, que no se sacrificaran por él, que no sufrieran por él. Poco a poco los fue desactivando a casi todos. A Javier no le pasará lo mismo, estoy seguro.
Y no es que me sorprenda pero al hilo de ese poder mediático que tiene Aguirre nos hemos dado cuenta de como al Valencia se le sigue teniendo en alta consideración más allá de nuestras fronteras. Desde Mexico se insistía en sus medios de comunicación que Aguirre se marchaba a un histórico de nuestra Liga, a uno de los grandes. Todo ello pese a estos últimos siete años de penurias, miseria y tinieblas. Lo dijo el propio Javier: “Me llamó el Valencia y al Valencia no se le puede decir que no”. Da igual que el club esté en manos del villano Lim o que su hijo sea el presidente. El Valencia es el Valencia. Y nada ni nadie, ni incluso Lim, van a poder borrar lo que este club significa y el gran activo que tiene: su gente, sus aficionados, sus títulos, su historia y ese sentimiento de pertenencia que perdura de generación en generación…

