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EDUCACIÓN

“La jornada continua dificulta el rendimiento y sufre una mayor bajada atencional y de concentración”

La psicóloga Estefanía Estévez lleva 17 años trabajando en el ámbito del bienestar de niños y adolescentes, desde una perspectiva integradora en el trabajo conjunto con familias y escuelas

Monserrate Hernández |  Elche |  12/06/2017

Estefanía Estévez (Alicante, 1977) es Doctora en Psicología por la Universidad de Valencia. Premio Extraordinario de Licenciatura y de Doctorado. Tesis doctoral sobre ‘Violencia escolar y victimización en la escuela’. Imparte la asignatura ‘Psicología del desarrollo’ y es profesora en el Máster ‘Formación del profesorado en educación secundaria, bachillerato, formación profesional y ciclos formativos’ en la asignatura titulada ‘Aprendizaje y desarrollo en la adolescencia’ en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Suma 17 años en el equipo Lisis de investigación, cuyo interés fundamental se centra en el ámbito del bienestar de niños y adolescentes, desde una perspectiva muy integradora en el trabajo conjunto con familias y escuelas, sobre todo en ajustes emocionales y comportamental. Trabaja en asuntos relacionados con bullying, ciberbullying y violencia filioparental.

¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes que encuentra al nuevo modelo de horario escolar que ofrece la jornada continua para el alumnado de Infantil y Primaria?

Hay pros y contras en las dos alternativas de organización horaria para los centros educativos de Infantil y Primaria. Existen muy pocos estudios comparativos para poder llegar a una conclusión que nos permita decantarnos con firmeza por las bondades de uno frente a los perjuicios de otro. Con respecto al rendimiento académico de los alumnos, por los estudios de Psicología sabemos que los periodos de mayor rendimiento de nuestros recursos cognitivos, en los que estamos más abiertos al aprendizaje y con la atención, la memoria y la concentración más frescas, son las horas centrales de la mañana y de la tarde. Incluso hay algunos recursos cognitivos como la memoria a largo plazo que parecen desarrollarse mejor por la tarde. Sin embargo, ese periodo vespertino suele quedar fuera del horario de jornada continua y partida. De la misma manera, las horas centrales de la mañana se cubren en ambas modalidades. Por otra parte también sabemos que conforme avanza la mañana vamos perdiendo capacidad atencional. Esto es un aspecto muy interesante porque existe un estudio reciente que dice que después del segundo recreo de la jornada continua, entre las 12:00 y 12:30 horas, el alumnado sufre una fuerte disminución de la atención. De hecho, estos resultados están en consonancia con otro estudio diferente en el que se preguntaba a los propios adolescentes si se sentían fatigados a última hora de su jornada escolar.

¿Qué concluye ese estudio sobre el cansancio de los alumnos en la última hora de la jornada escolar?

El 47% de los estudiantes en la jornada continua afirmó estar cansado en la última hora de clase, es decir, de 13:00 a 14:00 horas; frente al 27% que decía sentirse fatigado en la última hora de la jornada partida, de 16:00 a 17:00 horas. Lo importante sería que en el caso de una jornada continua, que ya se está aplicando, y sabiendo cómo se ejecutan los recursos cognitivos en los niños y adolescentes, con ese cansancio tan grande que hemos constatado y sabiendo que deben estar concentrados cinco horas seguidas durante la mañana, como dicen los pedagogos, pediatras o psicólogos se tiene que gestionar muy bien el horario para asegurar la potenciación del aprendizaje de niños muy pequeños de Infantil y de Primaria. Si esta situación no se gestiona bien no vamos a mejorar el aprendizaje. ¿Cómo se puede potenciar bien? Con más momentos de descanso en el patio; recreos, con uno más largo; y espacios de unos minutos entre clase y clase en los que los niños se puedan levantar, estirar las piernas, despejarse e intentar desconectar para volver a centrar la atención en la materia de la siguiente asignatura. También es muy importante que en la jornada continua, durante las primeras horas de la mañana, se concentren las asignaturas que son más fuertes y se vaya disminuyendo el grado de dificultad de manera que a final de la jornada queden las clases más llevaderas como Plástica o Música. En la organización del aprendizaje con horario intensivo de cinco horas se requiere de mayores momentos de descanso y de una mejor organización de las propias asignaturas.

¿Se puede asegurar que la última hora y media de clase resulta más interesante si se solapa a partir de las 12:30 horas que si se imparte de 15:30 a 17:00 horas?

Ahora mismo no existe ningún estudio que nos permita concluir que un horario es mejor que otro a nivel atencional, pero los estudios preliminares que tenemos van en el sentido que he apuntado: cinco horas seguidas de trabajo dificultan más el rendimiento y sufren una mayor bajada atencional y de concentración. El mayor porcentaje de estudiantes que dice sentirse más cansado de 13:00 a 14:00 horas (47%) que de 16:00 a 17:00 horas (27%) es muy significativo. Y el cansancio está directamente relacionado con la capacidad que uno tiene de concentrarse y de aprender.

¿Puede suponer un problema que los niños acaben su jornada a las 14:00 horas y se queden en casa para estar menos tiempo con sus compañeros jugando y relacionándose por el estilo de vida en el que se mueven las familias en la actualidad?

Aquí influyen varios aspectos. Por un lado considero que no existe problema con que los niños vayan a casa a comer, con tiempo para descansar y para hacer la siesta tranquilamente. Después los padres pueden elegir libremente si retornan al niño al colegio para que siga socializándose con el resto de compañeros en las actividades extraescolares que estén organizadas. Pero, por otro lado, también es elección de los padres y tiene que ver con la compatibilidad laboral de horarios con los del centro, que puedan volver a llevar a los niños al colegio. Quizá pueda venir mejor a las familias que se queden en el hogar realizando las actividades que tengan que hacer: deberes, ocio, extraescolares o lo que consideren.

¿Considera que la jornada continua favorece a la conciliación familiar?

Este aspecto depende mucho del horario laboral de las familias. Realmente, cualquiera de las dos jornadas se puede adaptar mejor o peor a las necesidades de unas u otras. No existe una única jornada que sea ideal para todas las familias pues cada una de ellas tiene su propia idiosincrasia y sus necesidades de cargas familiares y de horarios laborales. La jornada continua puede ser especialmente beneficiosa para aquellas en las que al menos un progenitor tiene la tarde libre para estar con sus hijos. En ese caso sí que existe ese beneficio de compartir el espacio familiar. Sin embargo, en el caso de que los padres tengan jornada partida en sus trabajos ahí no garantizamos el encuentro familiar por la tarde. En esos casos los niños tendrían que estar más tiempo, desde las 14:00 horas, al cuidado de otras personas o familiares mientras los padres trabajan. Hay algunos autores que en este sentido comentan que puede existir cierto riesgo de que los niños tengan un ocio improductivo sin la supervisión de los padres.

¿Cuál cree que es el motor que está incentivando la disyuntiva entre la jornada partida y la jornada continua?

Por lo que sabemos de la Psicología, de la Pedagogía o de la Pediatría no hay un respaldo científico unánime con respecto a un cambio hacia la jornada continua, como tampoco lo hay en detrimento de la jornada partida. Falta mucho por saber. No podríamos afirmar que el cambio a la jornada continua sea beneficioso per se. Es algo que no sabemos aún. Es cierto que los docentes pueden beneficiarse para tener más tiempo para su conciliación familiar o incluso para disponer de más horas libres para preparar las materias y las clases del día siguiente. De todas maneras, como serían horas de trabajo no reguladas y no controladas tampoco podemos confirmar a qué dedica cada uno su tiempo libre.

En esta polémica entre jornada partida y jornada continua se ha argumentado desde una de las partes que la Psicología se basa en opiniones subjetivas y particulares de los profesionales y no ofrece una visión científica del tema abordado. ¿Qué puede decir al respecto?

Es cierto que no existe toda la conexión que debiera entre los conocimientos científicos que se gestan en los estudios de la universidad con la aplicabilidad a la sociedad en sí de esos datos que tenemos y sabemos. En este caso, a nivel educativo. Por supuesto que lo que exponemos se puede tomar como conocimientos científicos porque es una ciencia social que utiliza el método científico en sus estudios. La Psicología trata de ser muy rigurosa y prudente en las metodologías que utiliza.

Desde el Departamento de Psicología de la Salud, ¿han tenido la oportunidad de abordar el asunto del cambio en el horario de la jornada escolar?

Lamentablemente todavía no hemos tenido la oportunidad de abordar este tema tan interesante. En estos momentos los profesores del área de Psicología Evolutiva y de la Educación estamos desarrollando otras investigaciones sobre bullying y ciberbullying, principalmente.

Por su experiencia como psicóloga y madre de tres hijos, ¿qué aspectos cree que se pueden mejorar en ambas jornadas?

En opinión de los pediatras, y esto es un aspecto muy interesante, la jornada continua necesitaría adaptar ciertas estructuras en sus horarios para que a su vez se adecuase más al ritmo biológico y psicológico de los niños. Estamos hablando de niños de entre tres y once años y a esas edades se tienen unos ritmos muy particulares para el aprendizaje, así como para las necesidades del sueño y de la alimentación. Por un lado, sabemos que los niños necesitan periodos más cortos de aprendizaje y con más descanso, con periodos de cambio y de ruptura, sobre todo en los más pequeños, para poder desconectar bien de la actividad que están haciendo, descansar y poder volver a centrar la atención en la actividad nueva que siga a continuación. Esto en una jornada continua se tiene que respetar aún más que en la jornada partida porque esta última ya tiene un descanso grande y evidente (tres horas) a mitad de la jornada. Sin embargo, la jornada continua tiene que construir esos momentos de descanso porque son cinco horas seguidas de escolarización. Con respecto al ritmo de vigilia y sueño; de actividad y reposo; y de ingesta de alimentos la Sociedad Valenciana de Pediatría recomienda que los niños más pequeños, los de Infantil, deberían hacer la comida por su biorritmo de 12:00 a 13:00 horas. Por su parte, los que son más mayores, de 13:00 a 14:00 horas. Sin embargo, el alumnado de jornada continua que se queda al comedor escolar está comiendo a partir de las 14:00 horas y los que comen en casa incluso lo hacen un poco más tarde. Sería conveniente tener dos turnos de comedor, aunque sea más costoso. De otra manera nos encontramos a niños que entran con dos años al colegio y que les alargamos la comida hasta después de las 14:00 horas, cuando los pediatras están recomendando que lo hagan dos horas antes como están acostumbrados en la Escuela Infantil o los que no han ido a la guardería y lo hacen así en su hogar por recomendación del pediatra. Asimismo, los niños más pequeños también necesitan de su hora de descanso y eso se debe asegurar desde el colegio para los alumnos de Infantil.

¿Cuáles son los motivos que han sostenido durante tantos años la jornada continua para la Educación Secundaria y la jornada partida para los de Infantil y Primaria?

Con este ajuste de los momentos de aprendizaje y de los biorritmos de los niños podemos afirmar que la jornada continua es mucho más recomendable a partir de la adolescencia. Esto lo podemos afirmar realmente porque a partir de la adolescencia los ritmos biológicos y psicológicos cambian y tenemos otras necesidades de sueño y de ingesta de alimentos que nos permiten adecuarnos más a esos momentos de descanso y de comida que nos exige una jornada continua. ¿Por qué ahora se decide incorporar esta jornada continua a los centros de Infantil y Primaria? Sabemos que se ha aludido a razones de mayor rendimiento académico en las horas de la mañana, pero sin embargo hemos encontrado estudios en Psicología que nos dicen que esto no es así exactamente. También se hace referencia a motivos de mayor conciliación laboral y familiar, algo que tampoco es cierto porque una jornada va a adecuarse más a las necesidades de una familia u otra en función de cada caso.

Como psicóloga, ¿qué le parece el proceso que se ha vivido en las votaciones entre los defensores de la partida y de la continua?

Todo planteamiento para tomar una decisión o un cambio debe estar planteado desde la objetividad y desde la información honesta que tiene ese voto para decidir. Por tanto creo que los padres tienen que estar muy bien informados, sin sesgos ni partidismos, puesto que desde las propias disciplinas científicas no hay un acuerdo exacto ni una conclusión fija sobre qué jornada es mejor.

¿Qué conclusión podemos sacar ante esta disyuntiva?

Cuando los centros educativos tienen que tomar una decisión tan importante que afecta a profesores y padres es evidente que una única decisión no va a ser del gusto de todos, como sucede en todas las esferas de la vida. El recurso más importante que tenemos es intentar aplicar aquello que sea beneficioso a la mayor parte de las personas implicadas y que ese proceso se haga desde la información y desde la honestidad, sin sesgos y sin información partidista. Es posible que cada centro tenga su idiosincrasia y que se ajuste a las necesidades de sus familias. Lo ideal es que se elija lo que mejor cubra sus necesidades y, sobre todo, que se haga siempre pensando en las necesidades de los niños.