El número de infracciones cometidas por menores registró un "notable" descenso en 2025 y por primera vez en los últimos años, pues en los anteriores habían venido experimentado sucesivos aumentos. Así, el pasado ejercicio bajaron de 987 a 744, la cifra más reducida de los últimos tiempos, y que se acompaña de la inversión de los menos graves y leves, que superan por primera vez y también en la comparativa de los últimos años a los graves: 400 frente a 344.
Y mientras algunas infracciones se mantienen en cifras "muy similares" a las de 2024, como aquellas relacionadas con la seguridad vial o las cometidas en el ámbito familiar -violencia doméstica o de género-, hay tipos que al mantenerse estables configuran una "nueva delincuencia juvenil", como son los casos de acoso escolar, contra la integridad moral o de odio, que presentan un "lento pero constante" aumento, al pasar de dos cinco.
Estos supuestos están muchas veces interrelacionados entre sí y aparecen "muy ligados" al uso de redes sociales, lo que crea "graves dificultades de convivencia" en los centros escolares y en ocasiones "difíciles de asumir e incluso de entender" por los propios menores, lo que exige respuestas "conjuntas" y no solo sancionadoras de la Fiscalía.
Lo expone así el ministerio público en su memorial anual correspondiente a 2025, publicada esta semana y consultada por Europa Press, en la que apunta que esas respuestas han de ser "principalmente" educativas, con implicación de centros escolares y progenitores, lo que -destaca la entidad fiscal- "se da en la mayor parte de los casos".
El más llamativo de los registrados el año pasado implicó a ocho menores del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Garcilaso de la Vega de Torrelavega, que fueron juzgados y condenados por un delito de acoso escolar -en su modalidad contra la integridad moral- respecto a un compañero, igualmente menor, al que humillaron, amedrentaron y atacaron por su orientación sexual.
La sentencia, de conformidad entre las partes, acordó la medida de seis meses de realización de tareas socioeducativas -para seis de los procesados, y amonestación para los otros dos- y una indemnización
Se declaró probado que los enjuiciados, que sabían que la víctima acudía a los aseos durante los recreos, "actuando conjuntamente y de común acuerdo, con el propósito de humillarle, amedrentarle y atacarle por su orientación sexual", habían accedido, durante el segundo recreo, a los baños y dado patadas a la puerta del aseo en el que estaba el joven, al tiempo que gritaban y se reían de la situación. Uno de los agresores escupió un chicle y otro lanzó un escupitajo por el hueco superior del aseo.
Previamente, en el primer recreo, también habían accedido al baño, sabiendo que la víctima estaba en uno de los aseos y golpearon la puerta, lanzando un escupitajo hacia el interior. Tras estos hechos, el IES procedió a activar el protocolo de acoso escolar.
