Por Román Pérez González
Toda la rivalidad que ha habido estos años atrás con el Deportivo de La Coruña: Sabino López, Manuel García Navarro, Lendoiro, Juan Carlos Valerón, Manuel Pablo, el Turu, Aythami, Momo, Rubén, ahora Yeremay. Las trampas para irse cobrando con materia prima las deudas económicas, las trampas de respuesta de aquellos amistosos para que esos jugadores no se fueran gratis. La deuda eterna de Gabi Schurrer, creo, por fin, quedó saldada. El Depor salió a jugar su fiesta con el equipo de los menos habituales, sin tensión, por supuesto sin presión, la gente disfrutaba en la grada y el partido era una excusa, una distracción, una previa de lo importante: la invasión al campo. Extender, en casa, con ese gesto simbólico, la alegría final, el fin de fiesta del ascenso, hacer un poco el cafre con los jugadores alrededor. Forma parte de la liturgia ya tantas veces visto en el mundo del fútbol en estos meses de mayo-junio. Aunque a nosotros no nos parezca igual de bonito ni de bien el gesto por nuestros propios fantasmas.
Las Palmas, tras el gol tempranero de Kirian, ya tenía el botín. El golazo de Marvin calmó del todo las aguas. La respuesta del Depor fue solo un espejismo. Los nervios solo surgieron porque el filo de la navaja estaba ahí, porque el margen era más fino que un folio, pero la realidad es que uno no tenía intención y el otro estaba contento con 1–2. Fue una especie de armisticio, de acuerdo. Pudo llegar el tercero con dos ocasiones de Jesé, pero lo cierto es que lo único importante era que cada minuto se estaba más cerca del objetivo que, aunque costó, acabó llegando.
La UD jugará los Playoffs de ascenso, esta vez ante el Málaga, el primero en casa; la vuelta en La Rosaleda. Se vienen días de nervios; de hecho la previa ya empezó: este año se ha perdido las dos veces contra ellos, pero esos datos dan exactamente igual porque -ya lo sabemos- el Playoffs es otra competición dentro de la competición, otro rollo. 180 minutos y a ver qué pasa. No cagarla, sobrevivir, aprovechar lo que puedas. Tener la suerte en el momento clave. El equipo llega tras haber ganado en Almería y en Coruña en las dos últimas salidas, como quiera que fueran los partidos, pero esa es la realidad, la forma y todas las vainas mentales que queramos, el equipo transmite a veces lo mismo que una lechuga en una nevera, pero es que da igual: en veinte días puede estar en Primera. Está entre los cuatro elegidos para seguir compitiendo optando a la élite absoluta: tocará sudar, sufrir y morir un poco, pero es que de eso va esto. En el historial, en la mochila, ya tenemos callo, tocará tirar de ella para todo lo que está por venir.
