Por Román Pérez González
Siempre son importantes, pero en días clave es fundamental tener muy claros los detalles, estar despierto ante los detalles, ser listos, detallistas, estar ávidos de comer detalles, llegar al detalle antes que el rival y, lo sabemos, en la UD hace mucho que no se cuidan estas minucias, no ya esta semana, sino en muchas circunstancias: puede ser una firma de autógrafos o la activación de los abonos o que la guagua que va a trasladar a los jugadores y que van a ver más de quince mil personas entre bengalas y litronas vuelva a tener -otra vez- los cristales tintados y solo se puedan divisar sombras chinescas que juegan con tu camiseta.
Otro detalle, este clave, este sí esencial en el juego, es la poca cintura a la hora de corregir que todos los ataques amarillos salieran a través de Álex Suárez claramente provocado por el rival y evitar la salida de balón con Mika o las subidas de Clemente o la sorpresa de Pejiño en el once. Todo el ataque empezaba por Álex o por las subidas de Marvin. El Málaga, muy bien colocado, solo debía estar al acecho, pendiente de la segunda jugada tras provocar esos balones divididos.
El equipo era absolutamente previsible y solo generó en ataque cuando se desmelenó un pizco al inicio de la segunda parte; en todo el partido la UD tiró únicamente dos veces a puerta. Un bagaje que ya se ha dado en otras ocasiones, siempre ante rivales de enjundia, cuando al equipo se le ven todas las costuras. Es una pena que acabe así esta semana de ilusión cegadora, pero, en el fondo, es la imagen, el tono que ya se ha dado cuando la montaña que es el calendario exige citas de esta magnitud.
El Málaga, simplemente, fue mejor. Y queda un partido, claro que sí, venimos de remontar hace nada en dos minutos, pero a esta gente en tres partidos no le hemos metido un gol. La última vez que se remontó en una eliminatoria de Playoffs fue al Zaragoza, pero aquella vez la épica, lo irracional, teñía cada respuesta, un segundo después de terminar el partido, pero hoy cómo vas a pedirle eso al entrenador que considera una locura ir a por el segundo gol cuando ya has marcado el primero; para él la cordura es que se muera el duelo tras marcar, lleva así cuarenta y tres partidos y nada indica que haya a dejar de serlo en el cuarenta y cuatro. (Cuarenta y cinco si contamos el de Copa).
Llegados a aquí solo queda un imposible; el bajón es colectivo, generalizado. Habrá tiempo durante la semana para repasar todas las batallas épicas, la remontada al Valencia con Paco Castellano, el regate inmortal de Orlandito batiendo a Zubizarreta o cualquier otro momento feliz al que agarrrse, pero en este momento y visto lo visto, parece más una ilusión óptica que una realidad.
