LA SOLIDARIDAD COMO ARMA CONTRA LA POBREZA

Directora Solidaridad SJD Mallorca: “La mitad de las familias que acogemos tiene trabajo, pero no puede pagar un alquiler”

La Fundación San Juan de Dios Mallorca-Servicios Sociales recibió el Premio Onda Cero Mallorca de la Solidaridad 2026. Con motivo de este reconocimiento, Onda Cero Mallorca conversa este verano con algunos de sus responsables para conocer la Dirección de Solidaridad y otros proyectos de atención social y sanitaria.

Redacción

Madrid |

La Fundación San Juan de Dios Mallorca-Servicios Sociales recibió el Premio Onda Cero Mallorca de la Solidaridad 2026. Con motivo de este reconocimiento, Onda Cero Mallorca conversa este verano en el programa Más de Uno Mallorca, con Elka Dimitrova, con los profesionales de una entidad que atiende a personas en situación de vulnerabilidad a través de programas sociales, vivienda, acompañamiento y atención sanitaria.

En esta primera entrevista, la directora de Solidaridad de San Juan de Dios Mallorca y directora de la Fundación, Inmaculada Iglesias, pone el foco en dos de los grandes retos sociales actuales: la emergencia habitacional y la soledad no deseada.

La pobreza ya no tiene un único rostro. En Mallorca, cada vez más familias con empleo se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad por la dificultad para acceder a una vivienda. Así lo explica Inmaculada Iglesias, directora de Solidaridad de San Juan de Dios Mallorca y directora de la Fundación San Juan de Dios Mallorca-Servicios Sociales, durante una entrevista concedida a Onda Cero Mallorca.

“La mitad o incluso más de las familias que entran en nuestros programas tiene trabajo, pero no tiene posibilidad de pagar un alquiler”, advierte Iglesias. Una realidad que la entidad detecta cada vez con mayor frecuencia entre familias con menores a cargo que, pese a disponer de ingresos, no consiguen acceder o mantenerse en una vivienda.

La Fundación trabaja de la mano de la administración pública para ofrecer alojamiento temporal y acompañamiento social a personas que atraviesan situaciones de exclusión residencial. En sus diez años de trayectoria, la entidad ha atendido a más de 1.300 familias sin hogar en Mallorca. “Son familias muy resilientes, que consiguen salir adelante, pero necesitan apoyo y una oportunidad para recuperar su autonomía”, explica.

La solidaridad forma parte del ADN de San Juan de Dios desde sus orígenes. “San Juan de Dios empezó hace 500 años ayudando a las personas pobres y enfermas que encontraba en la calle. Esa esencia sigue estando presente en todo lo que hacemos”, señala Iglesias.

Además de la atención a personas sin hogar, la Fundación impulsa proyectos dirigidos a mejorar la calidad de vida de pacientes hospitalizados y colectivos vulnerables. Uno de los ámbitos que más preocupa actualmente es la soledad no deseada. “Detectamos muchas situaciones de pacientes que se sienten solos durante su ingreso hospitalario y ahí nuestros voluntarios son una pieza clave”, afirma.

La entidad desarrolla programas de acompañamiento, actividades de ocio terapéutico y nuevas iniciativas para combatir el aislamiento social más allá del hospital. “Vamos a poner en marcha un proyecto piloto para seguir acompañando a estas personas cuando regresan a sus domicilios, ayudándolas a conectar con recursos comunitarios y evitando que se queden solas en casa”, explica.

Aunque la soledad suele asociarse a las personas mayores, Iglesias alerta de que también afecta a los jóvenes. “Si no hablamos de la soledad no deseada en la juventud, no existe. Y cuando no se aborda, puede derivar en problemas de salud mental, depresión o situaciones mucho más graves”.

La directora también destaca el papel de los voluntarios y colaboradores de la entidad. “Los voluntarios son las personas más altruistas que pasan por nuestros centros porque nos regalan su tiempo, y el tiempo es probablemente el bien más valioso que tenemos”.

Precisamente para seguir sensibilizando a la sociedad, la Fundación celebrará del 19 al 25 de octubre la tercera Semana contra la Soledad No Deseada, con actividades comunitarias, encuentros intergeneracionales y jornadas de reflexión sobre una realidad que afecta cada vez a más personas. “Tenemos que hacer visible este problema”, concluye Iglesias. “Porque nadie debería empezar ni terminar su vida en soledad”.