Los museos no deberían ser lugares solemnes reservados únicamente para expertos. Esa es una de las principales ideas que defiende Aina Ferrero en su nuevo libro, '12+1 Herejías museológicas', una publicación que invita a cuestionar viejos prejuicios y a replantear la relación entre las instituciones culturales y el público.
“Los museos deben servir a la sociedad. Los museos que no sirven para la vida, no sirven para nada”, afirma durante la entrevista concedida a Onda Cero Mallorca en el programa Más de uno Mallorca. En su opinión, estos espacios deben convertirse en lugares donde las personas puedan aprender, reflexionar y disfrutar al mismo tiempo.
Ferrero reivindica una nueva forma de visitar los museos, alejada de la imagen de espacios silenciosos donde el visitante se limita a observar. “Los museos deben ser espacios amables, donde se hagan más preguntas de las que se responden”, explica.
La autora también destaca el papel de los museos como herramientas de pensamiento crítico en una sociedad marcada por el consumo rápido de información. “Son espacios para la resistencia cultural, donde todavía podemos cuestionar las cosas, dialogar y reflexionar”, señala.
Durante la conversación, defiende especialmente el trabajo de los museos locales y de proximidad, capaces de generar un vínculo directo con sus comunidades. “Cuanto más identitario y más conectado esté un museo con su entorno, más atractivo será también para quienes lo visitan desde fuera”, asegura.
En el libro que Ferrero presentará el 16 de julio en la librería Rata Corner de Palma, propone trece “herejías” para romper con determinadas inercias del sector. La última de ellas queda abierta al lector. “Quería que cada persona pudiera escribir su propia herejía y reflexionar sobre qué espera realmente de un museo”, explica.
Sobre el futuro de estas instituciones, la directora del Museu del Calçat i de la Indústria d'Inca defiende que sigan siendo espacios físicos de encuentro y conocimiento. “Espero que dentro de veinte años los museos sigan existiendo como lugares de confianza, de rigor científico, pero también como espacios vivos y cercanos a las personas”.
Una invitación, en definitiva, a mirar los museos con otros ojos y a convertirlos en una experiencia accesible para todos los públicos que la autora refleja en este breve ensayo que también puede acompañarnos en la playa, sin olvidar la visita al museo.
