HISTORIA

Conoce los sorprendentes orígenes de la calle Alfonso de Zaragoza

Antes de 1866 llegar al Pilar desde el Coso suponía entrar en una maraña laberíntica de calles estrechas que presentaban la configuración que, de no haber sido por el empeño de un alcalde, sería una prolongación de El Tubo. A pesar de lo que hoy en día supone la calle Alfonso para los zaragozanos, este alcalde se granjeó una gran impopularidad por el ambicioso proyecto de abrir un gran pasillo que desembocara en la Plaza del Pilar.

José Antonio Alaya

Zaragoza |

El camino principal para llegar a la Plaza del Pilar desde El Coso discurría por El Trenque, una callejuela que en alguno de sus tramos no tenía más de 2,5 metros de anchura y que unía el Coso con la Plaza Sas. "La calle del Trenque tenía casas señoriañes. Allí vivió Goya y vivió su amigo Zapater", cuenta el divulgador y creador del canal de Youtube Historex, Gonzalo Aguado.

Cuando llegó un nuevo alcalde regidor llamado Antonio de Candalija, procedente de Jaen, decidió que había que modernizar el acceso al Pilar: "Había otra cosa muy importante; y es que en El Pilar se iba a construir la cúpula central", apunta el colaborador de Más de Uno Zaragoza. En esa visión, el regidor quiso enfilar una calle a la cúpula central "para que se viera espectacular en el futuro".

El problema fue que para encarar este ambicioso proyecto, el nuevo alcalde tenía que hacer frente a un gran número de expropiaciones. "Había que expropiar casas de toda la vida, algo que hoy sería impensable; lo que no le hizo ganar demasiadas amistades". A pesar de las protestas, su empeño para que hubiera una calle recta y en una sola rasante (en contra de los criterios técnicos) hasta el Pilar terminó haciéndose realidad. Con la llegada de la revolución Gloriosa, se vio obligado a escapar de la Ciudad, huyendo de los revolucionarios que le señalaron como isabelino, "disfrazado de baturro", explica Gonzalo Aguado. Aunque años después, pudo volver a Zaragoza, donde se le reconoció su enorme aportación a la fisionomía de la Ciudad, nombrándolo hijo adoptivo y, años más tarde, dando su nombre a una de las bocacalles de la calle Alfonso.