“La piel es un órgano inteligente, pero cuando el cuerpo está debilitado, también lo acusa”, explica Cristina Galmiche, facialista de referencia y gurú del cuidado de la piel en España. “La falta de descanso, la congestión, la medicación y los cambios bruscos de temperatura alteran sus funciones básicas: se oxigena peor, se deshidrata y pierde luminosidad”, asegura.
Durante un catarro, el sueño se vuelve irregular y la piel, que aprovecha la noche para repararse, no completa correctamente sus procesos de regeneración. El resultado es inmediato: un rostro congestionado, con más arrugas finas, tono apagado y sensación de incomodidad. “La piel necesita respirar para defenderse. Cuando está asfixiada por toxinas, exceso de grasa o células muertas, su capacidad de recuperación se reduce drásticamente”, señala Galmiche.
¿Cómo devolverle la vida a la piel tras un catarro?
La clave está en limpiar, equilibrar y potenciar, en ese orden. Cristina Galmiche insiste en no saturar la piel, sino en ayudarla a volver a su estado natural de equilibrio. “Menos es más pero bien hecho. Una piel bien oxigenada y con el pH equilibrado responde mucho mejor a cualquier tratamiento”, afirma la experta.
Una higiene cuidadosa, seguida de lociones calmantes y equilibrantes, prepara la piel para recibir activos que aporten energía, confort y luminosidad. El gesto experto: mezclar sérums y cremas para crear un tratamiento a medida, adaptado al estado real de la piel en ese momento.

