Desde el estallido del conflicto en febrero de 2022, España fue uno de los países europeos que activó con mayor rapidez los mecanismos de protección temporal para los desplazados ucranianos. En Granada, la llegada de familias fue inmediata.
Cuatro años después, la comunidad ucraniana se ha asentado en la provincia, donde miles de personas han iniciado una nueva vida, escolarizando a sus hijos, accediendo al mercado laboral y tejiendo redes de apoyo social.
Una de las voces más activas es la de Oksana Komisarchúk, residente en Granada desde hace 25 años y actualmente coordinadora de una asociación de ayuda a sus compatriotas. En los micrófonos de Más de Uno Granada, Oksana ha explicado cómo la comunidad ha evolucionado desde la emergencia inicial hasta una fase de integración más estable, aunque sin perder el vínculo permanente con lo que ocurre en su país.
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En la entrevista también han participado Anatoli, de 45 años, y Alyana, de 48, matrimonio ucraniano residente en Granada. Oksana ejerció de traductora durante la conversación.
Anatoli combatió durante dos años en el frente. Tuvo que abandonarlo tras resultar herido en una rodilla y desarrollar tuberculosis a consecuencia de la exposición a gases tóxicos en el campo de batalla. Su relato pone rostro a las secuelas físicas y psicológicas que arrastran muchos de los desplazados.
Alyana, por su parte, sirvió como policía en Ucrania antes de abandonar el país. Ambos representan a una generación que pasó de desempeñar funciones clave en la defensa y seguridad de su nación a reconstruir su vida desde cero en otro país.
Cuatro años después, la guerra continúa condicionando la vida de millones de personas dentro y fuera de Ucrania. En Granada, la comunidad ucraniana mantiene viva la esperanza de una resolución del conflicto, mientras consolida su integración en la sociedad granadina.
