Un nuevo informe forense ha reforzado la tesis de que la muerte de Lucas, el niño de cuatro años fallecido en diciembre de 2025 en Garrucha, Almería, se produjo como consecuencia de una agresión violenta. La ampliación de la autopsia determina que el menor sufrió un fuerte traumatismo abdominal dentro de un cuadro de múltiples lesiones, lo que provocó un desgarro en el hígado y derivó en un shock hemorrágico que acabó con su vida en pocas horas. De este modo, los especialistas del Instituto de Medicina Legal de Almería se reafirman en sus conclusiones iniciales y descartan otras versiones planteadas durante la investigación.
Entre ellas, la defensa de la pareja de la madre sostenía que las lesiones podían haberse originado por una manipulación intensa del abdomen en el marco de una supuesta práctica curativa para aliviar dolores. Sin embargo, los forenses mantienen que el origen de las heridas es compatible con una acción violenta directa. La ampliación del informe fue solicitada por la jueza encargada del caso, a petición tanto de la Fiscalía como de las defensas, con el objetivo de precisar el mecanismo concreto que provocó la muerte en el contexto de una investigación por presuntos delitos de asesinato y maltrato.
El documento también revela la existencia de lesiones anteriores al fallecimiento, algunas de ellas en fase de curación, localizadas principalmente en costillas y en una pierna, que podrían haberse producido semanas antes. Según los expertos, este conjunto de daños apunta a episodios traumáticos reiterados, compatibles con golpes, patadas o incluso con el uso de objetos contundentes, sin descartar que el menor hubiera sido empujado o lanzado contra superficies duras.
Además, se incorpora al caso un parte médico previo, fechado en octubre, en el que ya se recogían múltiples hematomas en distintas partes del cuerpo del niño, así como marcas de mordeduras. Este informe apuntaba directamente a una agresión atribuida a la pareja de la madre, quien ya contaba con una orden judicial que le prohibía acercarse tanto a ella como al menor. Pese a ello, continuaron conviviendo en la misma vivienda. La Fiscalía considera posible que el niño sufriera agresiones de forma continuada en presencia de su madre sin que esta lo impidiera, una circunstancia clave en la investigación.

