El fútbol femenino ha alcanzado un éxito notable durante los últimos años, con grandes futbolistas como Aitana Bonmatí, triple balón de oro, o Alexia Putellas, ganadora de la misma estatuilla por partida doble. Si nos remontamos a las primeras representaciones femeninas en el deporte rey, surge un nombre que destaca por encima del resto, el de Nita Carmona. Nita se convirtió en pionera sin pretenderlo, en una época en la que una mujer se pusiera pantalón corto y sudara estaba muy mal visto. El periodista Jesús Hurtado redescubrió su historia en su libro 75 Años de Fútbol en Vélez.
Cómo llegó Nita Carmona a jugar en el futuro Málaga
Su padre era estibador en el puerto de Málaga y Nita creció observando cómo los marinos ingleses jugaban al fútbol en las explanadas. Para empezar a jugar al fútbol de manera profesional se vinculó al Sporting Club de Málaga como ayudante del masajista, además de encargarse de llevar la ropa de los jugadores que precisamente lavaba y zurcía su abuela.
En aquel momento las mujeres estaban excluidas del deporte, por lo que Nita se vestía como hombre para poder ser futbolista. Se cortaba el pelo, ocultaba su figura con vendas en el pecho, y utilizaba camisetas y pantalones holgados que ocultaban su identidad. De esta forma, la mediocampista comenzó su trayectoria en el Sporting Club de Málaga, conjunto conocido hoy en día como el Málaga CF tras varias fusiones.
Cuando los rivales e incluso aficionados del propio equipo descubrieron que era una mujer, Nita fue denunciada y delatada a las autoridades. Su familia decidió que lo mejor era irse a vivir a Vélez-Málaga, a casa de un familiar, donde Nita no abandonó su vocación. Los días de partido entraba al estadio como limpiadora y salía al campo bajo el sobrenombre de 'Veleta', apodo que utilizaban en las alineaciones en un intento de que no fuera descubierta nuevamente.
Represión por ser mujer (y futbolista)

Nita sufrió varias agresiones por ser mujer y jugar "infiltrada" en el fútbol masculino. Fue expulsada del recinto deportivo y también, como cuenta en su libro Jesús Hurtado, "algunas veces, a raíz de que recibiera arañazos y magulladuras entre tantas patadas y empujones, sus padres la castigaban prohibiéndole salir de casa".
En otras ocasiones, aficionados y futbolistas de otros equipos le arrancaron el pelo a modo de reprimenda. Incluso fue arrestada en comisaría, porque lo que hacía ella, según se entendía en aquella época, era alteración del orden público.
En el Vélez Fútbol Club estuvo jugando hasta poco antes del comienzo de la Guerra Civil. Allí fue bien recibida por el club, que la acogió como jugadora, pero planeando evidentemente que pudiera jugar sin que se supiera que no era un hombre.
Poco después del final de la guerra, falleció prematuramente a los 32 años a causa de tifus exantemático epidémico, pidiendo ser enterrada con la camiseta del equipo de su vida, el Sporting Club de Málaga. De esta forma se convirtió en la primera mujer que jugó al fútbol profesional en nuestro país.

