El domingo 19 de julio de 2026 pasará a la historia y a la memoria colectiva de los aficionados españoles como el día en el que La Roja logró bordar la segunda estrella dorada sobre su escudo.
Un choque que estuvo marcado, además de por el gran juego desplegado por el combinado de Luis de la Fuente, por las continuas faltas y la extrema tensión mostrada por la Selección Argentina. La albiceleste apenas ofreció peligro en ataque: no tiró a puerta durante los 90 minutos reglamentarios y su única ocasión llegó en el minuto 116, con el 1-0 ya asentado de forma inamovible en el marcador del MetLife Stadium.
El broche del torneo se vio empañado tras el pitido final por los altercados provocados por el conjunto perdedor. En el preciso instante en que el árbitro decretó el fin del encuentro, los futbolistas españoles corrieron a celebrar el ansiado triunfo, momento que varios jugadores argentinos decidieron aprovechar para desatar una trifulca sobre el césped.
Leandro Paredes, con el antifútbol por bandera, propinó un puñetazo en el pecho a Rodri cuando este saltaba al campo a festejar la victoria. El centrocampista español se frenó para encararse con su agresor.
Eric García irrumpió para separar a Nahuel Molina, que se acercaba a la escena, pero Paredes agarró a Eric por el cuello y, cuando Gavi acudió a afearle la conducta, el argentino soltó el brazo para tirarlo al suelo. Una pésima imagen que concluyó con la expulsión con roja directa de Paredes, quien podría afrontar además una severa sanción por parte de la FIFA.
La bochornosa falta de respeto durante la entrega del trofeo
En esta actitud indigna de una selección que defendía el título y que demostró una escasez de valores a lo largo de todo su recorrido mundialista, los futbolistas argentinos decidieron protagonizar una estampa bochornosa durante la celebración española.
Mientras la Selección Española recibía las medallas y se disponía a levantar la Copa del Mundo, los jugadores argentinos optaron por dar la espalda a la escena y dirigirse hacia la grada ocupada por su afición, desentendiéndose por completo de la entrega de premios.
De esta manera, la albiceleste rompió con la tradición de permanecer en el terreno de juego para presenciar la coronación del vencedor; un gesto de respeto que no quisieron tener con el rival que los acababa de superar sobre el césped. Una pésima e indigna imagen con la que Lionel Messi, en principio, se despide para siempre de los Mundiales.


