El Rayo Vallecano volverá a tener que jugar en el exilio, porque no puede hacer en Vallecas. Un exilio cercano, en Leganés, pero qué sentido tiene que un club tan enraizado a un barrio juegue fuera del barrio.
El partido se juega el sábado, pasado mañana. El pasado viernes, el departamento de competiciones de LaLiga envió un correo electrónico, con copia, entre otros, al director deportivo del Rayo y a su director jurídico, informando de que el encuentro se disputará en el estadio de Butarque. Ese mismo correo lo recibieron la Federación, el CTA o el Racing Santander, que será el rival.
El Racing, desde entonces, ha intentado ponerse en contacto con el Rayo para establecer el cupo de entradas visitantes y así facilitar su desplazamiento. Lo último que les dicen es que no pueden asegurarlas porque no saben dónde se jugará, que siguen intentando que sea en Vallecas.
Es evidente que es una estrategia, como lo fue en el anterior partido con el Alavés, para entorpecer la asistencia de racinguistas en las gradas. Avisarán a última hora cuando ya no tengan margen de maniobra en el viaje.
El Rayo de Martín Presa es un caos. No dispone de un sistema de venta telemática en su web, tiene abandonado a su equipo femenino que hace años fue campeón de Liga, en las taquillas de la ciudad deportiva o en el bar solo permiten el pago en efectivo... Y el Estadio de Vallecas está en un estado lamentable.
No es que se trate de la necesidad de una reforma estructural, que también. Es que si compras una entrada te encontrarás un asiento sucio, pasillos por los que no se ha pasado una escoba, accesos abandonados, basura acumulada y baños escasos e insalubres. No es una exageración, da vergüenza ajena.
No se trata de que el Rayo Vallecano huya de los lujos porque juegue en un barrio obrero. Es que el presidente Martín Presa no entiende que ser humilde no es lo mismo que ser cutre.
