Monólogo de Alsina

Monólogo de Alsina: "Creo que tengo que cenar menos y superar de una vez la adicción a los churros y las porras"

Carlos Alsina tiene sueños cada vez más surrealistas y están protagonizados por personajes más dispares que van desde Reyes Maroto hasta Cristina Pardo pasando por pedro Sánchez o Miguel Tellado.

Carlos Alsina

Madrid |

Carlos Alsina en el estreno de la temporada 2026-2027 de Onda Cero/ Gabriel García Aguilar

Esta noche soñé que despertaba.

E inquieto me asomaba a la ventana y descubría que todo había cambiado. Madrid era un parque acuático. Fruto del deshielo del Ártico, el Manzanares se había agigantado y toda la ciudad era ahora navegable. Reyes Maroto se ganaba la vida como gondolera mientras Almeida tocaba la guitarra. La ciudad había absorbido Alcobendas y San Sebastián de los Reyes y a Atresmedia sólo se podía llegar en galera.

En la radio nadie pronunciaba la palabra Ceuta, como había pasado siempre, pero había tertulias que comentaban cómo el mundo era un remanso de paz tras el feliz matrimonio de Putin con la nieta de Donald Trump, menor de edad.

En la televisión un locutor informaba de que el ex presidente Sánchez disfrutaba de su nueva vida en un kibutz próximo a Masada. Su sucesor en la presidencia, Miguel Tellado, se encontraba en Rabat estrechando lazos con su colega marroquí. Y, en efecto, emitían un vídeo de Tellado y Asís Ajánuch morreándose a lengua abierta. A su lado se besaban con pasión, también, los ministros de Exteriores de los dos países. El de España, era Tamames, y el de Marruecos, seguía siendo Albares. 'Te amo, Ramón', se le escuchaba decir a éste. Y luego comentaban, discretos, lo de Abascal, que se había ido de Vox defraudado consigo mismo y agotado de tener que salvar a España cada mañana de los moros. 'Nos engañó a todos', decía Tamames, 'era un blando'. Albares, en perfecto bereber, le confirmaba a su colega que ya tenía listo para la firma el tratado de cesión a Marruecos de las islas Canarias.

Sánchez disfrutaba de su nueva vida en un kibutz próximo a Masada. Su sucesor en la presidencia, Miguel Tellado, se encontraba en Rabat estrechando lazos con su colega marroquí

Al portavoz del gobierno, Borja Sémper, le había preguntado la prensa en la Moncloa por el Sáhara Occidental y él había felicitado a los saharauis por ser ya propiedad de Marruecos sin autonomía ni nada. 'Les va a ir de cine', decía Borja, que es cultureta. '¡Pues vaya viraje han dado ustedes!', le gritó un periodista. 'Pragmatismo', replicó Sémper, 'el mundo es una cosa complejísima y viva España'. Insistió el periodista: '¿Pero no eran ustedes quienes criticaban los cambios de opinión?' Y ahí saltaba como un resorte Vito Quiles, el secretario de Estado: 'Aquí se viene a preguntar, rojeras, para opinar se va usted a la séptima'.

La séptima ya era séptima, en efecto, en el ránking de audiencia. Su presentador estrella era Óscar Puente. ¿El título de su programa? 'Más se perdió en Ceuta'. Presumía de pluralidad y con motivo: llevaba de tertuliano a Graciano una vez por trimestre. La prensa adicta era la que antes se decía crítica. Y la crítica se había vuelto adicta. ¡El gatopardo!, predicaba Pablo Iglesias en su canal de pago, ¡el gatopardo! Y él mismo se afeitaba las piernas en directo para demostrar que, vello o bestia, nada termina de cambiar nunca del todo. (También lo hacía para conseguir más abonados, porque daban media pierna en abierto y la otra media ya, pagando una suscripción de hierro de cincuenta años). Pensé en hacer un crowfunding para ver el afeitado completo pero en este nuevo mundo los donantes generosos se habían extinguido incluso antes que los comentaristas moderados. Garibaldi ya no era una taberna, era una peluquería canina que tenía como mascota a Monedero.

Noté que alguien me tocaba el hombro y me giré deprisa porque tampoco es cuestión de alargar los sueños. Era Cristina Pardo, que me decía, inquietante: 'Acuérdate de que esta noche estreno'. Su nuevo programa se llamaba 'La mesta', un homenaje a las personas trashumantes. Por eso, pensé yo, me ha invitado. Para trashumar a deshoras aprovechando que donde ahora está Atresmedia antes todo era dehesa.

Pensé en presentarme en el plató con la camiseta de Osasuna que me regaló Daniel Ramírez García-Mina (aquel al que llamaban 'el nuevo' en sus buenos tiempos), pero me disuadí sin ayuda de Félix porque en Getafe, es verdad, no se habría entendido. Cristina sonreía como Hitchcock al meter a Tippi Hedren en la cabina de Los Pájaros. 'Me amilanas, Pardo', le decía yo, 'me amilanas, milana mía'. Y ella murmuraba: 'Prepárate, conejillo, ya he encendido tus brasas'. Le pedí que me mandara una canoa a casa porque tenía entendido que en la tele tiene flota de vehículos para recoger invitados. 'Tú eres del grupo', me dijo, 'tendrás que venir nadando'. Vi claro que naufragaría a la primera pregunta. Y que ella, en lugar de flotador, me lanzaría un churro. Maroto me hizo precio y me llevó a Sanse en la góndola.

Creo que tengo que cenar menos. Y superar de una vez la adicción a los churros y las porras. Me lo he propuesto con firmeza porque el programa lo merece. Dejar de ser adicto para ser crítico. Crítico de churros. Ése sí es mi sueño.

Ya es miércoles y pasado mañana, viernes, Marta. Sean todos bienvenidos a Más de uno II.