Esta noche soñé que despertaba.
Y en la mesilla de noche estaba Zapatero enjoyado, en la posición de loto y observándome con ojos de búho. Me vigila, pensé. Y entonces, me guiñó un ojo. Al hacerlo, se le cayó una ceja. La ceja se estrelló contra el suelo y me rompió una baldosa. Recuerdo haber pensado: 'Qué ceja tan dura tiene el tío'.
Temí clavarme una astilla cerámica, que son las peores. 'No se va por ahí rompiendo cosas', le dije. 'Yo no he sido, yo no he sido', replicaba el rompe corazones socialistas. Me levanté sin ganas de la cama. Me pareció oír a Pogácar diciendo: 'Mira bien por dónde ruedas, Alsina, mira bien que luego pasa lo que pasa'. Si yo ahora voy cuesta abajo, me decía yo a mí mismo, o sea, sin esfuerzo. Pero el pasillo se me hacía interminable y me daba la impresión de que tenía gente en casa.
Me asomé y vi a Leire con Pedro Sánchez. Ella manejaba una llave grifa y le apretaba al presidente su parte más delicada para contenerle las fugas. 'Se te va la credibilidad a chorros, Pedro', susurraba la fontanera
En el baño, por ejemplo, estaba la luz encendida. Me asomé y vi a Leire con Pedro Sánchez. ¡Exclusiva! Ella manejaba con soltura una llave grifa y le apretaba al presidente su parte más delicada para contenerle las fugas. 'Se te va la credibilidad a chorros, Pedro', susurraba la fontanera. Y él le hacía callar: tssshh, que estoy a punto de entrar en la radio. En la mano tenía un micrófono amarillo, el suyo de siempre, con su nombre grabado. Hacía pruebas: '¿Se me oye, se me oye?' Pero nadie le respondía. 'Ya nadie te escucha', decía ella. Y él: 'Para esto interrumpo yo mis vacaciones y me vengo desde el Ventorro'. Qué tendrá el Ventorro que no tenga la Mareta, me pareció que dijo.
En la bañera jugaban a las cartas Ábalos y Koldo. Cerdán hacía de comodín. 'Bendita sea Ceuta', repetían los tres como si fuera un salmo, 'bendita sea Ceuta que nos deja a penumbra a todos'. Vi que Koldo llevaba una grabadora. Y Ábalos, una lista de señoras.
De fondo se oía la televisión. Transmitían la velada del año. Combatían dos influencers que se estaban poniendo finos. 'Ay que se matan', decía el narrador, francamente conmovido. Apunté sus nombres para buscarlos luego en google. Ella era Margarita Rita Rita. Él, Mutante Marlaska. Resulta que no eran influencers sino ministros. 'La cera que se están dando', insistía el comentarista entusiasmado. Ella le atizaba a él con una fusta. Él a ella, con la concertina. Pensé que, con tanta gresca, era natural que Marlaska ya no sepa cómo peinarse. La pelea la ganó Pegasus, o sea, Mohamed VI.
Declaró Margarita Rita Rita a la prensa: 'Desde hoy el CNI se llamará CN-mí'. O. Mi tesoro. Y, al decirlo, se abrazó a sí misma. Luego se dirigió a un soldado y le dio una orden: 'Ríndete a mi elocuencia, cabo'. Él sacó un pañuelo blanco para rendirse y apareció Amón, creyendo que empezaban los toros.
De regreso a la cama se me cruzó Ayuso en el pasillo. Quería venderme un ático. Si yo ya no necesito tener vistas, le dije. Ella sonrió y me dio la espalda: 'Ciao, pescao', me pareció. Hasta luego, pescada, respondí, inclusivo.
Sorogoyen miraba el reloj porque se le hacía tarde. Me decía: come. Pero come de verdad, no como los actores. ¿Qué comen? En esta escena, pescado. Lo apunté en un posit de la nevera: preguntarle hoy a Sorogoyen cómo comen los actores. Y si el hecho de que una persona cambie a mejor es motivo suficiente para que se la exonere de sus pecados. Y al revés, si cuando una persona cambia a peor es motivo suficiente para sospechar que nunca fue María Inmaculada.
A Zapatero se le cayó otra ceja y me rompió otra baldosa.
Soñé que me volví a dormir. Y que a las diez de la mañana seguía durmiendo sin que a nadie le importara. En la radio, una voz artificial y pobremente clonada, se fingía yo. 'Aquí estamos', les decía a los oyentes, 'sean todos bienvenidos a Más de uno II'.

