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MÁS DE UNO

El monólogo de Alsina: "No es un choque de trenes: es un rodillo contra la sociedad española"

Bienvenidos a la cruda realidad de un día perfectamente laborable. Fin de fiesta. A las próximas vacaciones les queda todavía ¡un año! Si la expresión choque de trenes le parece a usted que está muy manida, ármese de paciencia porque esta semana se va a hartar de escucharla. El choque de trenes.

ondacero.es |  Madrid |  Actualizado el 04/09/2017 a las 08:37 horas

Se supone que uno lo conduce el maquinista Puigdemont, un señor perfectamente desconocido hasta hace sólo dos años, cuyo padre es Artur Mas y cuya madre es la CUP, la forma en que fue concebido explica lo que ha terminado siendo. Puigdemont con Junqueras a su vera, vigilándose, y con la muchachada cupero azuzándole: “Arráncalo, Carles, arráncalo”, vocean. ¿El qué? ¿El tren? No hombre, no. Esto no es un tren. Es un rodillo. La máquina pesada con la que el miércoles aplastarán la legalidad vigente -y a la oposición por haberse interpuesto- y consumarán la embestida contra la Constitución y contra el Tribunal que se ocupa de interpretarla.

El Parlamento autonómico utilizado como ariete y como comparsa de la gran mascarada. Aprobarán esto que ellos llaman leyes a sabiendas de que nunca lo serán y subirán al escenario a pregonar que ya existe una nueva legalidad que les ampara.

• La falsa nueva legalidad que permite a Puigdemont convocar referendos de autodeterminación.

• La falsa nueva legalidad que dice que una parte de los ciudadanos puede expropiar al resto su soberanía.

• La falsa nueva legalidad que pretenden situar por encima de la Constitución: si no te gustan las normas actúa como si no existieran.

Súbete al rodillo y dile a la gente que es un tren. No dejes de describirte a ti mismo como un revolucionario y un demócrata. Y remata la broma erigiéndote en garantía de la seguridad jurídica. El desahogo, llegados a este punto, no conoce límites.

Lo del miércoles no es un choque de trenes. Es una embestida. No hay otro tren en sentido contrario con el maquinista Rajoy en la locomotora. A quien quieren embestir es al resto de la sociedad española. Y Rajoy, está esperando en la Moncloa. A que se consume la arremetida para intentar neutralizarla con la aplicación de la norma que el independentismo quiere dar por muerta. La ley en vigor frente a un gobierno autonómico que ha decidido, y anunciado, y presumido de no tenerle ya ningún respeto. Frente a un presidente autonómico -y un vicepresidente, y unos consejeros- que anuncian que seguirán a lo suyo como si nada nuevo les sucediera. “¿Inhabilitados?”, dicen el pope y el vice papa, Puigdemont, Junqueras, ¿inhabilitados, y qué, si no reconocemos más autoridad que la del pueblo de Cataluña?

Que dice Puigdemont que en cuarenta años no ha visto que el Congreso de los Diputados haya votado nunca un proyecto para Cataluña. Se ve que el Estatut del 79 se lo perdió. Y el Estatut de 2006. Y cada una de las cesiones de los impuestos estatales que el pujolismo fue consiguiendo de los gobiernos de Felipe y de Aznar con el argumento de que era eso, más autogobierno y mejor financiación, lo que vacunaba a su partido contra el independentismo.

La parte más estrambótica de la entrevista, amable, que el director de La Vanguardia le hizo ayer al president es ésta en la que celebra la lealtad que se han tenido el gobierno central y el autonómico en la gestión de los atentados. “Ha habido lealtad y hemos estado a la altura”, declara el hombre que ha hecho de la deslealtad institucional el santo y seña de su ejecutoria política.

Y la mayor de las bromas que le hizo al director de La Vanguardia fue ésta sobre las seis mil urnas que dice que ya tiene pero que no le dice dónde.