22 de mayo de 1938, caía la noche en Navarra, todo parecía estar en tranquilo. Los 2.497 presos del Fuerte de San Cristóbal estaban en sus respectivos pabellones, mientras tanto los guardias comenzaban a cenar… Era domingo, aprovechando que había pocos militares en el Fuerte, y que los pocos que había estaban desarmados, una treintena de presos aprovecharon la oportunidad para intentar la huida. Durante la refriega un guardia perdió la vida y cerca de 800 presos salieron del Fuerte de San Cristóbal ubicado en el monte Ezkaba, cerca de Pamplona.
Con mala alimentación, desnutridos, con piojos, debilitados se echaron al monte con el objetivo de llegar a Francia, muchos de ellos sin conocer el terreno y sin saber dónde se encontraba el país vecino. "Solo un tercio se anima a huir porque el resto no conoce el terreno, aun sabiendo que en el penal solo les esperaba el frío, el hambre y posiblemente la muerte", ha explicado Mikel Guerendiain, autor de Mauro.
El Fuerte de San Cristóboal es "una construcción bajo tierra. El sitio es frío, triste, para nada pensando en meter a 2.000 personas allí", ha descrito Guerendiain. De los 2.500 presos que estaban encarcelado "ninguno tenía delitos de sangre. Estos presos tuvieron la suerte de no haber sido fusilados directamente", ha desarrollado Mikel.
Este plan de huida fue ideado por Leopoldo Pico "un hombre bastante joven, que había sido detenido por intentar dinamitar un puente entre Vizcaya y Álava". De los 800 huidos, muchos, al ver la situación, decidieron dar la vuelta y regresar al pena. "Solo fueron 3 presos los que llegaron a Francia. Dos de los que llegaron conocían un poco las inmediaciones porque estuvieron trabajando por la zona", ha dicho el navarro en Por Fin.
