ENTREVISTA

Luis Ruiz: “Ha habido cierta tolerancia a la destrucción y al saqueo de la cárcel”

El doctor en Historia presenta ‘Carabanchel. La estrella de la muerte del franquismo’

ondacero.es

Madrid |

Sus muros encerraron historias de represión, resistencia, castigo y olvido. Su forma panóptica, radial y vigilante fue un reflejo arquitectónico del control absoluto que se ejercía sobre los internos. La cárcel de Carabanchel abrió sus puertas en 1944. Fue uno de los centros penitenciarios más temido y simbólico. Durante el franquismo estuvieron encarcelados disidentes, sindicalistas, intelectuales y opositores al régimen. Ellos padecieron condiciones duras, represivas y profundamente inhumanas. “Hay quien la recuerda con cierta nostalgia como Tamames. Otros no recuerdan con tanta simpatía la estancia en la cárcel, pero sí la solidaridad entre los presos y familia”, ha expresado Luis Ruiz, doctor en Historia.

Las celdas estaban diseñadas para albergar a uno o dos presos, pero frecuentemente se encontraban con cuatro, cinco o más personas… La comida era escasa, mal cocinada y carente de nutrientes. En inverno las celdas era gélidas, se aplicaban castigos físicos, aislamientos prolongados. La realidad era terrible y el 22 de febrero de 1946 se produce una de esas revuelta durante la misa obligatoria que se celebraba todos los días, "Este planté se realizó en protesta del fusilamiento realizado el día anterior a Cristino García, un héroe de la resistencia francesa", ha explicado el autor de ‘Carabanchel. La estrella de la muerte del franquismo’.

La cárcel se cierra en 1998 y en 2008 fue derribada, “Queda mucho más de lo que aparenta. A parte de las ruinas visibles, queda el arco de entrada, uno de los muros y toda la silueta de ese panóptico”, ha indicado Ruiz.