La memoria, al menos la mía, tiene que remontarse a un 9 de octubre de 2017 para poder recordar una explosión cívica de patriotismo como la que ayer se vivió aquí en Ceuta durante toda la jornada.
Aunque la comparación pueda parece forzada, sobre todo para aquellos para los que la soberanía no significa nada, hay algunos rasgos esenciales comunes. En ambas ocasiones, ante el desamparo institucional y ante la inacción de sus gobierno, recibieron el mismo mensaje de su rey: "no estáis solos".
Si todavía hay quien se pregunta para qué sirve un rey, quizás en Ceuta pueda encontrar la respuesta. Sirve para esto, para aportar aliento a una población exhausta.
Lo de ayer también sirve para distinguir el patriotismo del nacionalismo. El patriotismo es de naturaleza defensiva. El nacionalismo es ofensivo. Esto lo definió mucho mejor Orwell de lo que yo puedo hacerlo ahora: "El patriotismo la devoción a un lugar concreto y a una forma de vida concreta, que uno considera la mejor del mundo pero que no tiene ningún deseo de imponer a los demás. El patriotismo es, por su propia naturaleza, defensivo, tanto en lo militar como en lo cultural. El nacionalismo, en cambio, es inseparable del afán de poder".
Y aún mejor, por conciso y por didáctico, lo definió Fernando Savater: «Una cosa es tener apéndice y otra apendicitis». Esta es la diferencia entre la nación y el nacionalismo.
Lo que sufrió Ceuta es una agresión y hoy ya sabemos qué significa exactamente el adjetivo híbrida cuando se asocia a una agresión o a la guerra. A un combinación de fuerza civil y militar, a un ataque no convencional, que aprovecha la sensibilidad y las garantías de una sociedad democrática y que en este caso se apoyo con toda la fuerza coactiva del buque Mohamed VI. El mayor de la flota de Marruecos.
Lo sabemos después de 75 días de ocultamiento por parte de un gobierno y de un presidente que utilizó casi todas las palabras a su disposición para referirse a lo ocurrido. Es decir que termino por no decir nada, que es lo que ocurre cuando lo dice todo.
En cambio el Rey, durante la recepción ayer en Ceuta a las autoridades locales, sí supo encontrar las palabras adecuadas.
Ha dicho más. “La soberanía y la integridad territorial no son negociables y, ante cualquier riesgo, nuestra obligación es su defensa”. Claro que es responsable procurar una buena relacion de vecindad con Marruecos. De ello depende la cooperación en materias tan sensibles como la lucha contra el terrorismo o el narcotráfico.
Pero lo que sería una irresponsabilidad es no ofrecer ninguna respuesta, siquiera diplomática a una agresión. En realidad ese equilibrio entre la firmeza y el deseo de una cordialidad fue el que sostuvo el discurso del Rey, ante una de la crisis más graves de su reinado.
La respuesta del gobierno español ha sido ocultar la agresión y negar toda implicación de Marruecos. El Rey desde Ceuta sí que ha señalado cuáles son los límites y son los de cualquier país que se respete, empezando por la soberanía de su territorio y la protección de los ciudadanos.
Hace unas horas hablaba con un abogado que hoy tiene 15 procesos de extranjería. Sabe que los 15 van a pedir asilo por las mismas razones. Persecución política, religiosa o sexual. Pero Marruecos es considerado país seguro, de ahí sus acuerdos comerciales y de todo tipo con la Unión Europea. De manera que se resuelve su regreso, pero luego esa resolución se topa con el silencio administrativo del Estado y duerme durante días, semana y veremos si meses.
De manera que los que se van, lo hace porque un juez resuelve su expulsión por la comisión de algún delito o porque ya no pueden más aquí y regresan. Y luego están los que se han refugiado en los barrios, en los montes y en la periferia tras la evacuación de la playa del Trampolín y de Benítez. Muchos de ellos tienen causas pendientes en Marruecos y se niegan a ser filiados.
Fíjense que el contraste más feroz que ha ofrecido la visita de los reyes es la que deja la ceremonia ecuménica en tributo de los 140 muertos en la tragedia que reposan en el cementerio musulmán de Sidi Embarek. Felipe y Letizia les rindieron tributo ayer en una ceremonia solemne. Fueron carne de cañón utilizada por un régimen cruel que ni siquiera quiso recoger sus cuerpos. Les ha tenido que rezar un rey español.
Vamos a conocer cuál es el siguiente destino de los reyes, que hoy han pasado la noche en el Parador de Ceuta. Y además vamos a ver si hay alguna reacción de Marruecos al viaje de los Reyes. Se esperaba una reacción diplomática.

