EL SUEÑO DE ALSINA

El sueño de Alsina: "El PSOE había presentado su nuevo himno electoral, ‘All you need is love’"

El director del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde conversa con John Lennon de su música y donde aparece la estrategia amorosa de Pedro Sánchez.

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Carlos Alsina

Madrid |

Carlos Alsina en el estreno de la temporada 2026-2027 de Onda Cero/ Gabriel García Aguilar

Esta noche soñé…que despertaba.

Y estaba John Lennon a mi lado con la guitarra. Se había agenciado la banqueta que tengo en el baño y que yo solo uso para disimular un desconchón del enlucido. Oye, teniéndole a él sentado, mi banqueta parecía, de pronto, un objeto artístico.

Lennon llevaba un bigote que, además de cubrirle el labio superior, se descolgaba luego a ambos lados de la boca un par de centímetros. Lentes redondas y una camisa de flores. Todo en blanco y negro porque estaba componiendo, según me dijo, una canción para 1967.

En realidad, había sido yo quien le había pedido explicaciones, no por aparecerse en mi casa en blanco y negro, sino por no haberse traído a Yoko Ono.

"Acabamos de conocernos", me dijo. "Aún ni siquiera nos hemos tocado".

Como notó mi decepción, añadió bromista:

"Tampoco me he traído a Paul McCartney, que es mi pareja más longeva".

Siempre había querido preguntarle a Lennon por qué llamaron "All you need is love" a una canción en la que lo que más se repite es "Love is all you need"; que vale, es lo mismo, pero dicho al revés, y reiterado tantas veces que en la letra tampoco cabe mucho más.

"Aún estoy componiéndola", me explicó. "El título se lo pondré al final; del derecho o del revés, lo importante es que el amor te colme".

Me hizo un gesto para dar por terminada la charla y se puso a canturrear a la vez que anotaba notas en un papel.

Aún me atreví a decir:

"Porque a Jesús Puente usted no le conoce, ¿verdad?".

Pero Lennon ya no me contestó.

Imaginé que se había aparecido en mi sueño porque, a cuarenta días de las elecciones, el PSOE había presentado a la prensa su nuevo himno electoral, "All you need is love", y su caravana, que por primera vez no iba a ser un autocar, sino una caravana de verdad, clásica y en color plateado, como la que usaba Jesús Puente, pero con una foto gigante serigrafiada de Pedro y Begoña dándose un pico.

En la tele explicaron que, en vista de que las encuestas daban a Sánchez por amortizado, este lo había fiado todo —de perdidos al río— a mutar de frío *calculator* en candidato amoroso.

Un gurú egipcio, recién contratado por el partido, había concluido, tras leer decenas de mensajes en galletas de la fortuna, que no hay palanca electoral más poderosa que la fuerza del amor.

En adelante, el himno de campaña sería "All you need is love"; la caravana recorrería el país haciendo sonar con un megáfono poemas románticos declamados por Sánchez con verdadero sentimiento y, en los actos de partido, el candidato, en lugar de dar mítines, cantaría baladas.

Aún no había trascendido que, en otra decisión histórica, el PSOE jubilaría el símbolo del puño y la rosa y lo cambiaría por el puño y Begoña. Y que el lema definitivo de campaña sería: "Hazlo por Begoña". Y luego: "No es coña".

La federación de asociaciones de enamorados del amor celebró que el partido abandonara la aburrida tradición de publicar un programa electoral para difundir extractos del máster de transformación social competitiva comentados por Juan Carlos Barrabés sobre fondo musical de Kenny G.

Solo la corriente socialista "Amores que matan" advirtió del riesgo de pasar del hiperliderazgo a la hiperglucemia, razón por la que la corriente fue liquidada en un comité electoral convocado *ex profeso*.

Y la única agrupación local que se manifestó disconforme fue la de Villa de Amor de la Sierra, provincia de Ávila, no porque le pareciera mal que el líder amara a su señora —"es el puto amo", dijeron, "puede amar a quien quiera"—, sino porque les parecía feo que no se hubiera ensalzado el amor que demostró por su pareja Montse Mínguez.

Claro que, para entonces, ya no se acordaban de Montse Mínguez ni siquiera aquellos pocos que alguna vez habían acertado a saber quién era.

Por orden de Ferraz, todos los mítines socialistas debían empezar reproduciendo el fragmento en el que Sánchez le dijo públicamente a Begoña:

"Gracias por ser mi esposa, gracias por ser la madre de mis hijas, gracias por ser mi mujer".

Un académico pejiguero alegó que esposa y mujer*, en este contexto, significan lo mismo y que el candidato incurría en redundancia.

Se le respondió que mejor redundar que dejar que gobierne la extrema derecha.

Y un grupo de mujeres militantes propuso que el líder corrigiera su frase y dijera "gracias por ser la madre de nuestras hijas", que suena más equitativo y paritario (y menos posesivo) que *mis hijas*, pero se les dijo que se metieran en sus cosas porque el candidato tiene derecho a expresar su amor como le dé la gana.

Habían pasado ya veinte días de la declaración amorosa y Sánchez y Begoña seguían besándose sin descanso mientras María Jesús Montero los jaleaba entre muecas y contorsiones.