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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Sánchez e Iglesias pasaron una tarde agradable imaginando un país multicolor"

Incómodo no se le vio. A Iglesias. En la sala de la prensa de la Moncloa.

Dando cuenta a los periodistas de los acuerdos del consejo de ministros.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  07/09/2018

Perdón.

De los acuerdos que ha alcanzado él con el jefe de los ministros.

Nunca, hasta hoy, había estado Pablo más cerca de gobernar el país. Co-gobernarlo.

Lo más parecido a ser co-presidente. Mano a mano con su compadre Sánchez inundando de políticas de izquierdas la sufrida geografía patria tras el paso de Rajoy, ese Atila del austericidio y la represión en opinión del líder de Podemos. Rajoy le trataba como líder de la oposición para hacerle la puñeta a Sánchez y Sánchez le trata como a un socio para intentar hacerle la puñeta a él, pero no ahora, sino en las elecciones de 2020 o cuando sean.

Cuando lleguen las urnas, volverá la competencia a cara de perro. Entretanto, a disfrutar de la ilusión de poder deshacer todo lo que hizo el PP y meterle un subidón al gasto público en los Presupuestos del año que viene. 'Súbeme ese techo, Pedro, súbeme ese techo'.

Iglesias se presentó en la Moncloa ayer a pedir que se gaste más pero que la gente sólo note los beneficios(la gente, el pueblo, la ciudadanía).Cosa que se consigue explicando las enormes ventajas que notarán las clases medias y populares, los autónomos, los humildes, los limpios de corazón, los misericordiosos, y mencionando sólo de pasada quiénes tendrán que aflojar más dinero para el Estado: los ricos, los ultrarricos, la banca y los poderosos. Es decir, esa parte minúscula, pero terriblemente antipática, de la sociedad que merece ser fustigada.

Sánchez e Iglesias pasaron una tarde agradable imaginando, entre los dos, un país multicolor (de abejas felices bajo el sol) en el que llueve café del cielo y se retuercen los ricos en el infierno. Lo que pasa es que cuando más entusiasmados estaban se les aparecía el espectro del señor que estuvo en la Moncloa antes de Iglesias. Dices: ¿quién, Rajoy? No, ¡Moscovici! Un francés al que Francois Hollande (el presidente bluff que hubo antes de Macron) colocó de comisario de economía en Bruselas. Con tan buena suerte para Moscovici que su aterrizaje en Bruselas coincidió con un cambio muy relevante en las normas europeas: ahora la comisión tiene potestad para supervisar los Presupuestos de cada país y decir si valen o no valen. El francés le dijo ayer a Sánchez dos cosas: que alegrías con el gasto público las justas —tiene que seguir recortando déficit— y que dentro de un mes tiene que retratarse entregando su borrador de Presupuestos en la ventanilla correspondiente.

Paréntesis: este Moscovici es el mismo que hace tres años le devolvió a Rajoy los presupuestos alegando que no había manera de creerse esas cuentas y provocó la ira del presidente de entonces y su tándem contable, los De Guindos-Montoro. No le atacaron por francés, sino por socialista: ¡le hace el juego al PSOE!, dijeron. Y salió el PSOE a decir que no dispararan contra el pianista (digo contra el comisario), porque hacía muy bien en desconfiar de los presupuestos de España si veía que eran fruto no de las matemática sino de la propaganda. Vamos a ver qué nota le pone el francés a las cuentas que le envíe Sánchez el mes que viene. Y vamos a ver si para entonces tiene amarrado el presidente el apoyo de alguien más que Podemos. Porque con Pablo no basta.

Hombre, uno aprende de sus errores y asume hasta dónde llega, y hasta dónde no, el poder que tiene. Pablo ha pasado de pedir la vicepresidencia y el control del CNI a pedir el IVA reducido y que le quiten la medalla a Billy el niño. Tanto a él como a Sánchez les interesa transmitir esta idea de que gracias a la moción de censura van a poder hacerse políticas económicas muy de izquierdas en España, pero son muy conscientes ambos de que necesitan los votos de dos partidos, el PNV y lo que queda del PDeCAT que siempre han tenido menos de izquierdas que el grifo del agua fría.

Dos viejos hablan. De sus vidas. Ni siquiera se les entiende muy bien lo que dicen. Uno tiene más de cien años. El otro, está a punto de cumplirlos. Los dos son de la provincia de Zaragoza. Y los dos estuvieron en la batalla del Ebro de nuestra guerra civil. Cada uno en un bando.

Éste es el vídeo que estrenó ayer el gobierno con motivo del próximo aniversario (cuarenta años) de la Constitución española. Pretende el Ejecutivo subrayar, de aquí a diciembre, la labor de personas de todo signo político en la consolidación de las libertades en España.

A las ocho y media les contaremos la historia de este vídeo. Cómo surge, de dónde nace.

El único partido político que ayer se declaró indignado, u ofendido, por la imagen de estos dos viejos que combatieron y que ahora hablan es Podemos. No sé si Iglesias le comentó a Sánchez, mientras hablaban de memoria histórica y de museos, lo poco que le ha gustado el vídeo de los abuelos.

Dos supervivientes de la guerra civil, compartiendo recuerdos y celebrando la convivencia, ¿son incompatibles con el espíritu de los acuerdos que han alcanzado Pablo y Pedro para la memoria histórica? ¿Qué espíritu es ése? Con gran interés hay que esperar entonces la rueda de prensa, hoy, de la portavoz del gobierno.

En el vídeo todo lo que aparece, y todo lo que se cuenta, es esto que les he dicho: dos hombres que combatieron en bandos distintos en la batalla del Ebro, hablan de sus cosas ochenta años en un país democrático. Pero, a los ojos de Iglesias, de Monedero, o de Ione Belarra, o de Gloria Elizo (vicepresidenta del Congreso), el vídeo es otro, porque ellos lo que ven es la equiparación de los golpistas con el gobierno republicano del 36 y de la dictadura de Franco con la democracia. Escribió ayer Monedero, inspirando esto que luego dijo Iglesias del pijama de rayas y las SS, escribió Monedero que este vídeo es "una jodida vergüenza, es como juntar a un viejo nazi y a un viejo judío superviviente de un campo de concentración".

En realidad no consta que nazis y judíos libraran nunca una guerra civil. Y tampoco consta que los combatientes de los bandos en España —estos dos viejos del video, por ejemplo— fueran todos voluntarios que escogieron contra quién querían combatir. La dinámica morada de los buenos y los malos aplicada no ya al momento de la sublevación militar del 36, sino, ochenta años después, a la celebración de la Constitución que las instituciones preparan.