opinión

Monólogo de Alsina: "Prefiero la acción a la espera, 'Saldremos de ésta' es 'salgamos de ésta', haciendo lo más útil que sepamos hacer"

Diario de la pandemia. 24 de marzo. Ya queda un día menos para dejar todo esto atrás.

Carlos Alsina

Madrid | 24.03.2020 08:17

· Stu Woo es el nombre de un señor. Un reportero que trabaja para el Wall Street Journal en Pekín. Ha publicado el vídeo de un embotellamiento. Me digo: ya ves tú, un atasco en Pekín, vaya noticia. Pero sí que lo es. Muy noticia y mucha buena noticia, que diría Rajoy. Porque es el primer atasco que el periodista ha visto en la ciudad desde que que empezó la cuarentena hace dos meses. Allí no es que suspendieran las fallas, es que suspendieron el año nuevo. Ahora que han dejado atrás el confinamiento, vuelven los atascos. Y el periodista lo celebra. Quién nos iba a decir que añoraríamos los embotellamientos. Qué ganas de que vuelvan a sonar en nuestros programas locales frases como 'circulación lenta en el nudo de Manoteras' o 'fuertes retenciones en las rondas'. En los pueblos debéis de pensar que somos todos marcianos.

· Me ha impresionado lo del Palacio de Hielo. Sólo he estado una vez en ese centro comercial, para celebrar un cumpleaños. La pista de patinaje, convertida ahora en morgue. Sé que al alcalde Almeida también le impresiona, pero no es tiempo de remilgos, sino de tomar decisiones. Las incineradoras que no dan abasto y la funeraria municipal, cerrada porque a sus empleados no les han llegado los medios de protección prometidos. La pista de hielo como enorme depósito de cadáveres. Depositados sin fecha de salida. Imposible no acordarse de otras tragedias que hemos vivido en España, Angrois, el metro de Valencia, el 11-M. Sólo que ésta vuelve a producirse cada día. Todos los días vuelve a ser el peor día que hemos vivido.

· No sé si a ti te pasa, pero en mi twitter (el time line o como se llame) ya no aparecen tantos memes y bromas como los primeros días. Ahora lo que van siendo frecuentes son los mensajes, concisos, contenidos, que dan noticia del fallecimiento de alguien. 'Os comunico que murió mi padre, lo ingresaron hace dos días, no ha resistido'. O 'falleció mi abuela; mi madre, también ingresada, sigue peleando'. 'Ha muerto mi primo, padre de cinco niños preciosos'. No hemos podido velarle. No podemos enterrarle.

· Imagino que depende de las cuentas que sigas. Y de dónde residen los tuiteros que escriben para compartir, desde el confinamiento, su amargura. No en todas las regiones el impacto de la epidemia está siendo el mismo. En Madrid, ya te lo dije ayer, es rara la familia que no conoce ya a un enfermo, un ingresado, un fallecido. El chaval de quince años que le cuenta a sus amigos del barrio que acaban de irse al hospital su madre y su padre: ella para llevarle a él, que ha estado unos días con tos y fiebre y se ha puesto peor. El chaval que es hijo único y se queda solo en casa esperando noticias. Y los amigos, en el grupo de WhatsApp, esperando con él. No sólo añoro los atascos. Añoro cuando los adolescentes hacían broma vitoreando al coronavirus porque les había traído una semana blanca inesperada.

· Un colega me reprocha que empleemos la frase 'saldremos de ésta', porque le ha escuchado a un filósofo que es una frase deprimente. Leo en El Confidencial un reportaje de Daniel Arjona. Ha preguntado a unos cuantos filósofos por la frase. Compruebo que ellos lo tienen todo tan poco claro como nosotros. Fernando Broncano dice que saldremos de esta es un tópico vacío, que él prefiere sabemos resistir. Pero dos líneas más abajo dice Adela Cortina, que también es filósofa, que saldremos de esta. Confieso que Broncano, en esto, no me convence. No me gusta lo de sabemos resistir. Ni el seremos mejores que propone Argullol. Yo prefiero la acción a la espera. 'Saldremos de ésta' es 'salgamos de ésta'. Haciendo cada uno lo más útil de cuanto sepamos hacer. Pero haciéndolo ya.

· María me llama la atención porque no he dicho nada de los centros de menores. Los educadores ya no hacen turnos de trabajo, el turno es permanente. Conviven todo el día con los chavales, que no pueden recibir visitas. Los más pequeños, desorientados. Con angustia. Me cuenta que un educador sufrió el otro día un ataque de ansiedad. Y me descubro sorprendiéndome de que sólo haya sido uno, y sólo un día.

· Hay tantas historias por contar que siempre se nos quedará fuera alguna. Los ensayos clínicos, por ejemplo. Pacientes que aceptan servir como campo de prueba. Les administran fármacos que hasta ahora se utilizaban para otras cosas, la malaria, la artrosis. Se comparan los resultados en busca de un tratamiento que esté ahí, al alcance de los hospitales y que hasta ahora no hayamos descubierto que para el coronavirus también sirve. Sé del reparo que a los médicos les produce que hablemos de supuestos éxitos con fármacos conocidos porque son sólo indicios, primeros resultados incipientes. Pero pienso que tanta información compartida entre médicos y laboratorios de todo el mundo es un valor en sí mismo. En ninguna de las pandemias anteriores fue posible saber lo que estaban averiguando tantos médicos, en otros lugares remotos, de manera casi inmediata. Anoto en el diario que he de prestar más atención a lo que hacen. Es su éxito lo que están aguardando, sin descansar un minuto, los médicos que atienden a los pacientes.

· Ayer anoté una pregunta para la que no tenía respuesta. Por qué, si las UCI de Madrid están completas, no se recurre a las camas UCI de regiones vecinas. Me pasaron anoche la carta que los jefes de intensivos de todos los hospitales madrileños han remitido al consejero. Describen una situación desesperada y terminan preguntándose qué posibilidades hay de trasladar pacientes a otras regiones con camas de UCI disponibles. Le escuché al doctor Simón ayer responder a esta misma pregunta.

Y me quedó la duda de cuándo se considerará necesario. Si es que el S.O.S. de los jefes de intensivos no basta como prueba de que la necesidad ya ha llegado.

· Escribe Miguel para rogarme que le deje usar mi micrófono. (Aquí lo tienes, estos días es un micrófono compartido). Quiere dar las gracias a Jesús, no sabe su apellido, que ha puesto apartamentos turísticos de Zaragoza a disposición del personal de los hospitales. Miguel y su mujer son enfermeros. Estos días él reside en casa y ella, en uno de estos apartamentos.

· Juan Carlos es de Las Palmas y empieza por confesarme que nos escucha sólo desde hace un año. El viernes escuchó la historia del médico al que recibe su niña en el balcón con una pancarta para agradecerle que vaya a trabajar cada día con una sonrisa. 'Mi caso es parecido pero al revés', me dice Juan Carlos. 'Yo escucho los aplausos de las ocho de la tarde y pienso en Lorena, que es mi hija médico residente de cuarto año. Cirugía en el Gregorio Marañón. Echa todas las horas del mundo en el hospital y no sé si nos cuenta toda la verdad para no preocuparnos. El lunes va a ser un día duro porque todo el personal tiene que apoyar a la unidad de cuidados intensivos y yo necesito saber que va a tener el material necesario para protegerse. Llevo dos días sin dormir y creo que es lo mínimo que debemos exigir a nuestros gobernantes, da igual su ideología'.

· Hay muchos padres que me cuentan lo que hacen sus hijos. Cada uno, lo que le ha tocado. Enfermeros, militares, maestros, limpiadores, cocineros. Gema tiene una hija que trabaja en Telepizza. No dan abasto con los pedidos. Y no es fácil mantener la distancia de seguridad en la cocina. Los repartidores se encuentran con clientes que se empeñan en pagar en efectivo (ya no se puede). O que se quejan de no queden hamburguesas o que el pedido les llegue con retraso. 'Me duele ver la impotencia en los ojos de mi hija porque el servicio que están prestando no lo valoran muchos clientes'.

· De la política, cada vez me apetece contarte menos. Mal asunto cuando escuchas a quienes nos gobiernan y tienes que concluir que alguno miente. Nos gobiernan el PSOE y Podemos en España y el PP y Ciudadanos en unas cuantas comunidades autónomas. Si es verdad lo que dice el ministro Illa, que no para de repartir EPI entre las regiones afectadas...

...entonces ha de ser mentira lo que dicen los gobiernos autonómicos, que niegan haber recibido el número que el ministerio les adjudica. Y si es verdad lo que dice Aguado, el vicepresidente madrileño...

...entonces es mentira lo que dice el ministro, que niega que se haya puesto traba alguna a la entrada de material sanitario en España.

Si me exaspera a mí el cruce de versiones de unos gobernantes y otros, qué no sentirán ante el triste espectáctulo los profesionales de servicios públicos que siguen esperando un material que no llega.

· Hoy hay Consejo de Ministros. Sin Carmen Calvo. Ingresada en una clínica privada. Sospecho que al conocerse ayer la noticia hubo quien se lanzó sobre el teclado tuitero sobre-excitado. Le faltó tiempo a la Moncloa para justificar lo que no requiere de justificación alguna. Que si Muface y que como es funcionaria, va a un hospital de los que tiene convenio con la Mutua. La señora Calvo eligió una clínica privada. Oiga, ¿y qué? Los hospitales privados forman parte del sistema nacional de salud. Existen porque hay empresas privadas interesadas. Es su negocio, naturalmente, como alimentarnos a todos es el negocio de los supermercados. No hay, por cierto, supermercados públicos ni nadie que los esté reclamando. Si la señora Calvo prefiere la Ruber, pues la prefiere. No parece que su elección debilite a la sanidad pública. Y no parece que la pandemia se deba a que hay hospitales públicos y privados en Madrid. Son empresas privadas, anoto, las que han proporcionado los colchones, la ropa de cama, los lavabos, que hacen posible el hospital de campaña en Ifema. Todo el mundo echando una mano en lo que puede menos aquellos que echan el día en ver por dónde meterle el cuerno a los que no son de su cuerda.

· Noto que echo de menos los memes y las bromas. Éramos más felices cuando nos costaba creer que todo esto pudiera, de verdad, pasarnos. Me consuela ver que el humor acaba abriéndose camino por cualquier fisura y en cualquier circunstancia. No hay velatorio en España en el que no acabe escuchándose una carcajada, o no había, cuando teníamos velatorios. La risa desahogo, que es la más contagiosa.

· Alguien anda reinventando los refranes más conocidos de España. Adaptándolos a la cosa ésta nuestra de ahora. Albelda me pasa dos ejemplos: 'Aunque la mona se vista de seda, en casa se queda. Y 'no es más rico quien más dinero tiene, sino quien menos papel higiénico consume'. Las verdades eternas, aunque no te lo creas, están en los refranes coronavíricos.

· He visto el vídeo de Noreña, en Asturias. El policía municipal que se ha destapado como monologuista. Un coach en coche patrulla. Apatrullando la ciudad para entretener a los vecinos en estado de alarma.

Sostiene el agente de la autoridad, y como tal ha de ser tratado, que el personal está cumpliendo muy bien con el confinamiento. Incluidos los niños. A los que les leyó el domingo una carta de Pikachu, cáete de espaldas.

Tengo para mí que este Pikachu de Noreña tiene familia italiana. Y que el 'va a salir todo bien' es la versión pikauchiana del tutto va ben que cantamos aquí cada mañana. Justo a esta hora. Cada día. Para convencernos a nosotros mismos de que el cielo sigue siendo azul aunque las nubes nos estén dando la tabarra. Así que vamos que se nos hace tarde. Todos a una las tres palabras mágicas: Fac-ciamo. Finta. Che.

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