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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El error fue pensar que un socialista como Valls cabe en el Ciudadanos de ahora"

Emitimos este programa desde la Fundación BBVA. Su sede en el centro de Bilbao, capital hoy de la investigación, la ciencia y el conocimiento. Hoy se entregan en el palacio Euskalduna los Premios Fronteras del Conocimiento.

Carlos Alsina
  Madrid | 18/06/2019

Como es tradición en Más de uno, celebramos la mañana radiofónica del saber. El reconocimiento con el que cada año celebra la Fundación a profesionales que se han distinguido por llevar un poco más allá el conocimiento y la divulgación del conocimiento: los colonos, los pioneros de territorios inexplorados que le ganan terreno, le achican espacio, a nuestra gigantesca ignorancia sobre tantísimas materias. La semilla intelectual, que dijo el alcalde Aburto en la recepción de ayer en el ayuntamiento.

El de Bilbao, en comparación con otros ayuntamientos, es coser y cantar para el partido que gobierna. Al PNV sólo le falta un concejal para la mayoría absoluta y se lo aporta con entusiasmo el socio tradicional del nacionalismo vasco, que es el Partido Socialista de Euskadi. Sin más novedad y sin más curvas.

En otras ciudades, ya ve usted cómo está el patio.

Madrid tiene alcalde del PP pero en coalición con Ciudadanos y previo pacto con Vox. Debió de pensar el señor Almeida que pegándole una patada al balón hacia adelante y prometiendo a Vox que ya hablarían de los sillones que le tocan se aseguraría lo suyo, pero ahora Vox le ha recordado que sigue necesitando sus votos para aprobar los presupuestos y que, antes que eso, su partido necesita a Vox para conquistar el gobierno autonómico. Estuvo la señora Monasterio en La Brújula y le puso precio a ese gobierno.

Ni un día lleva de alcalde Almeida y ya le han declarado su primer incendio. Isabel Díaz Ayuso, aspirante a presidir Madrid, aún no ha llegado al trono y ya está temiendo que se le encarezca.

En Barcelona, saltó por los aires el matrimonio Valls-Rivera. El otro día dijimos que lo de esta pareja no llegaría al otoño y no ha llegado ni al verano. Se les rompió el amor de tanto no usarlo.

El primer fichaje de relumbrón que hizo Rivera, nada menos que un ex primer ministro de Francia que aspiró a presidir la República, le salió rana. No se ajustó el francés-catalán-y-por tanto-español a la disciplina que impone el líder naranja. El problema de reclutar a alguien con más mili que tú y con criterio propio es que le puedes obligar una vez a que acuda a la plaza de Colón, pero la vez siguiente ya está escarmentado y vuela solo.

Para Ciudadanos, Valls es ahora el político pagado de sí mismo al que le ha salido la vena socialista que lleva dentro. Y que se ha aprovechado de Ciudadanos para montar un partido nuevo. Porque dan por hecho que lo está montando. Hombre, lo de la vena socialista es muy cierto. No la oculta. Nunca abjuró de su convicciones socialistas. Si acaso, su error fue pensar que un socialista cabe en el Ciudadanos de ahora, que se define liberal y tiene como novio preferente, y muy principal, al Partido Popular de Casado. Si acaso a quien cabe preguntar si aún caben los socialistas en candidaturas naranjas es a Soraya Rodríguez y a Joan Mesquida, o al alcalde de Granada, Salvador, los ex del PSOE a los que fichó Rivera para compensar su giro a la derecha.

Para Valls, Ciudadanos (o mejor, Rivera) ha resultado ser un líder voluble que antepone la táctica de vuelo corto a los principios políticos. En este programa abogó por desmarcarse del PP si el precio era aceptar a Vox y por apoyar como presidente de Madrid al socialista Gabilondo. No llegó a pronunciarse sobre la investidura de Sánchez pero no es arriesgar mucho decir que habría hecho suyo, de la primera a la última coma, el artículo que publicó Francesc de Carreras. Valls no era de Ciudadanos pero Ciudadanos ha actuado como si lo fuera. Repudiándole por haber desoído las directrices internas.

¿Cómo lleva Sánchez lo de su investidura? Pues sin novedad en el frente. No consta que haya habido más movimientos. El ministro portavoz oficioso del gobierno, Ábalos, dice que van a apretar el paso para hacer la sesión de investidura cuanto antes. Aunque sea sin haber cerrado la suma.

Está a diez minutos Sánchez de volver a decir aquello de que hay poner en marcha el reloj de la democracia. La suma no le sale porque el único partido que se ha ofrecido a hacerle presidente cuanto antes es éste que le pide que comparta el gobierno con él. O sea, el partido Podemos de Pablo Iglesias. Que ayer estrenó un nuevo estribillo que consiste en exaltar la cualidad que Iglesias se atribuye a sí mismo (y ojo que se presta a la broma): la frescura, es decir, ser fresco.

Valentía y frescura. ¿Usted cómo se ve a sí mismo? ¿Yo? Como un valiente fresco. La prueba de que es un eslogan es que lo dijo con idénticas palabras la portavoz de Podemos Noelia Vera.

Frescura por partida doble. Requete-frescos. Danos un ministerio, Pedro, que si no el fresco vas a parecer tú. El gobierno también tiene la fábrica de eslóganes y argumentarios a toda máquina. Ábalos sigue con la tontuna de cambiarle el nombre a los gobiernos de dos partidos.

Es tan inútil el empeño que causa rubor: a tener ministros de Podemos no lo llamarían gobierno de coalición pero a los acuerdos de Vox con el PP sí lo llaman gobierno tripartito, de Vox con el PP y con Ciudadanos. Y aquí entra en escena la ministra Calvo con la madre de todos los argumentarios. Atención que ha empezado la trampa: si Sánchez no sale investido, no será demérito suyo por no haber conseguido que le apoyen, será responsabilidad de los demás por no haberlo hecho.

Rubor sobre rubor. La señora Calvo apropiándose sin disimulo del argumentario marianista de 2016. Olvidándose no sólo del no es no, sino de aquello que Sánchez le reprochaba a Mariano. ¿Cómo era? Que no hiciera los deberes para conseguir los apoyos que requiere para ser presidente.

Envuelvo este documento sonoro en papel regalo y se lo hago llegar, con afecto, a Carmen Calvo.

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