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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El de Borrell es el único tanto que se han podido apuntar los socialistas europeos"

Qué mal día para ser Gabriel Rufián. Que te dejen con las ganas de ver a Junqueras y Puigdemont ocupando un escaño en el Parlamento Europeo y te anuncien que el nuevo ministro de Exteriores de la Unión Europea (la voz de la política exterior europea) es José Borrell, el socialista por el que han manifestado mayor desdén, mayor aversión, mayor desprecio.

Carlos Alsina
  Madrid | 03/07/2019

Dos sapos en el mismo día:

· La Justicia europea frustró la maniobra puigdemoníaca para utilizar el Parlamento de Estrasburgo como herramienta contra el Estado español.

· Y los gobernantes europeos escogieron como Alto Representante Europeo a la bestia negra de los independentistas.

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El veterano socialista catalán que se subió al estrado de la Vía Laietana en octubre del 17 para proclamar que su bandera estelada era la bandera europea…será quien se encargue, desde su nuevo (y potente altavoz) de explicar al resto de Europa —o al resto del mundo— la sentencia que el Tribunal Supremo emitirá a la vuelta del verano.

El de Borrell es el único tanto que se han podido apuntar los socialistas europeos. Perdedores del pulso que empezó a librarse ya en campaña electoral para cambiar el signo político del puesto más relevante de Europa, la presidencia de la comisión europea. El objetivo era tener músculo suficiente para acabar con la hegemonía conservadora (catorce años entre Durao Barroso y Jean Claude Juncker) y colocar en Bruselas un líder de izquierdas. El músculo se les quedó corto en la jornada electoral y buscaron la suma con los liberales de Macron. Ése era el pacto: liberales y socialistas, encarnados en Macron y Sánchez, a apartar a los conservadores cuya voz más potente, por experiencia y por alemana, es Angela Merkel.

Se vinieron Sánchez y Macron de Osaka muy seguros de tener amarrado el acuerdo y preparados para anunciar al mundo que Europa giraba a la izquierda. Timmermans iba a ser el nuevo presidente del gobierno de Europa. Pero hicieron valer su peso los gobernantes que no habían estado en Osaka y el acuerdo se quedó en nada.

El gobierno de Europa seguirá siendo conservador. Su presidenta es alemana: Úrsula von der Leyen. Que a usted el nombre no le diga nada es el mejor resumen de cómo se hacen las cosas en Europa. Incluso si hubiera sido usted de la pequeña minoría que siguió con interés la campaña de las europeas, o que vio el debate entre los candidatos de los partidos a presidir la comisión, Úrsula von der Leyen no le resultaría familiar porque no estaba entre los candidatos. El proyecto aquel de implicarnos más a los votantes europeos diciéndonos a qué presidente de gobierno europeo estamos votando se ha ido pronto a tomar viento. La comisión la preside quien deciden los gobernantes europeos. Y el Banco Europeo también. La política monetaria de la zona euro la marcará Cristine Lagarde, francesa y conservadora.

Los socialistas europeos han perdido la batalla. Y éste, en fin, es el problema de sobresalir como principal negociador de uno de los partidos: que si ganas el pulso, te consagras; si lo pierdes, la culpa te la van a echar a ti. Sánchez predica que España ha ganado muchísimo, pero en el seno del Partido Socialista Europeo la lectura es que la socialdemocracia ha perdido muchísimo.

El papelón que le tocó hacer ayer a la presidenta del Congreso Batet fue doble. Primero, hacer de portavoz del gobierno comunicando a la prensa la fecha del debate de investidura que le había trasladado Sánchez. Qué embarazoso escucharle decir que la decisión la había tomado ella.

Y segundo, tener que responder a la pregunta previsible y necesaria que le plantearon los periodistas: señora Batet, ¿por qué el 22 de julio en lugar del 15 o del 8 o de cualquier otra fecha?

Por supuesto que el cálculo tiene que ver. No hay más preguntas, señoría. El intento de investidura se hace el 22 para que el calendario encaje con la fecha que más le importa a Sánchez: la de las elecciones repetidas de noviembre (si es que en estos dos meses y medio que aún tiene no consigue que Iglesias se rinda y renuncie a tener ministerios). Con Podemos y Esquerra Republicana —que es Esquerra Republicana-Bildu— tendría la investidura hecha.

Cumpliendo el guión que ha escrito la Moncloa, ahora Sánchez anunciará otra ronda de contactos —ponga otra ronda— para seguir mareando la perdiz sin negociar nada. Urge editar el diccionario Sánchez-español, español-Sánchez. Donde ‘cuanto antes’ significa todo lo contrario de cuanto antes. En la moción de censura dijo que iba a convocar elecciones cuanto antes y tardó un año. Ahora va a haber gobierno cuanto antes y deja la sesión de investidura para lo más tarde posible pensando en que las de noviembre no le caigan en puente. La España a medio hacer no conoce límites. Vivimos de previsiones, de expectativas, de tácticas, de planes y de jugadas. Prisa, ya sabe usted, no tenemos. Si el gobierno está en funciones hasta febrero, pues tanto mejor para los ministros y los secretarios de Estado, sobre todo aquellos que saben que están achicharrados por su pésimo desempeño. Al menos tienen un salario que seguir disfrutando siete meses más.

La pregunta política que más pronto habrá de tener respuesta es ésta: ¿Vox va en serio cuando amenaza con tumbar al PP y Ciudadanos en Madrid y Murcia? Mañana lo sabremos en Cartagena. Si los de Abascal —o los de Iván Espinosa de los Monteros, que es quien manda de verdad en ese partido— vuelven a votar en contra mañana, la investidura de López Miras naufraga. Como sucedería en Madrid con Isabel Díaz Ayuso. Pero está por ver que eso, mañana, suceda. El plan de votar en contra a la primera y salvar al candidato (o candidata) a la segunda aún puede prosperar. Y en ausencia de investidura alguna, aún pueden repetirse las elecciones en Murcia, y en Madrid, y en Navarra. Qué más da. Si prisa ya sabe usted que no tenemos. La España a medio hacer es más de deshacer.

En la crónica de lo cutre, lo zafio y lo casposo hoy triunfa Vox.