Monólogo de Alsina

Alsina, ante el inicio de los juicios por la 'Kitchen' y el 'caso mascarillas': "Esta es la semana grande de la justicia y de la limpieza"

El presentador de Más de uno ha destacado la gravedad del caso que implica a la dirección del Ministerio de Interior durante la etapa de Gobierno de Mariano Rajoy, con Jorge Fernández Díaz como principal señalado.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Fue conducido a prisión en junio de 1813. El tribunal lo declaró culpable de haber oficiado sesenta misas, escuchado cinco confesiones, administrado bautismo a ocho personas y dado la comunión a cinco con hostias consagradas por él mismo. Francisco Ludueña, del pueblo de Mulalo, jurisdicción de Jacunda, había incurrido reiteradamente en la muy grave falta de administrar los sacramentos sin estar ordenado sacerdote.

Su caso es uno de los cincuenta y tres que examinó el Tribunal del Santo Oficio en Lima mientras estuvo vigente, hasta 1820. Falsos oficiantes, usurpadores, impostores eran una constante en la América española. Vestir sotana permitía gozar de alojamiento y de comida gratis, recibir donativos de fieles generosos, moverse por los pueblos sin temor a ser detenido por la autoridad competente en el camino.

Ludueña huyó de la prisión y se mantuvo escondido casi cuatro años en Cariamanga, sin actividad conocida. Reapareció para presentarse ante el tribunal una vez promulgado el indulto general de 1815. Pidió que se tuviera en cuenta su arrepentimiento y su devoción verdadera. El Santo Oficio resolvió que era aplicable la clemencia no por la devoción sino por la demencia.

Le atribuyó 'afectó melancólico y morbo nostálgico, calentamiento de cabeza y arrebato rayano en el delirio'. Si el impostor merecía condena, el loco no, por más que su locura hubiera sido pasajera. No volvió a saberse de él. Para la Historia quedó como el falso cura perturbado. La perturbación le evitó cumplir la pena pendiente en la prisión de Cuenca. Cuenca, Ecuador, se entiende.

Un falso cura de Cuenca

El 23 de octubre de 2013, un señor de Cuenca -Cuenca, España-, disfrazado de cura con maletín, llamó a la puerta de la casa de los Bárcenas, le fue franqueado el paso por la empleada, hizo llamar a la esposa, Rosalía Iglesias, se personó el hijo, Guillermo -que es cantante-, les contó que venía en nombre del obispado (y bla bla bla) pero a los veinte minutos sacó un arma, voceó 'se acabó el teatro', los amenazó, los maniató y les exigió que le entregaran los pendrive. ¿Qué pendrives? ¡Los pendrives de Bárcenas!

Para tumbar al gobierno, les dijo. Porque el falso cura, de nombre Olivares García y de quien publicó luego La Razón que había sido guerrillero en El Salvador (qué cosas), quiso que la familia creyera que él iba contra el gobierno, faltaría más, por más que fueran la cúpula de la policía y la del ministerio del Interior quienes más interesadas estuvieran en conseguir los pendrives no precisamente para tumbar a nadie y mucho menos para facilitar la investigación judicial. Declaró Guillermo Bárcenas ante el juez.

El testimonio del falso cura en la investigación de la kitchen fue descartado porque el forense (un segundo forense, no la que le examina en prisión) determinó, año 2020, que su estado mental impedía que pudiera prestar declaración. Un perturbado. Sin posible recuperación. La cabeza perdida, rayana en el delirio, qué le vamos a hacer.

La subtrama de Olivares García, ya fallecido, fue la más chocante, más chusca, más grotesta, de cuantas integraron la llamada operación kitchen, o cómo hacerse con el material que Luis Bárcenas guardaba supuestamente en casa y que, según dijo el comisario García Castaño, alias el gordo -antes de sufrir el ictus que le dejó fuera de la causa- era la pata que faltaba para completar la investigación sobre Bárcenas que entregarle al juez.

Pero que, a la luz de los numerosos indicios acumulados precisamente por un juez, buscaba conseguir ese material para neutralizar los intentos de Bárcenas de presionar a los máximos dirigentes de su partido, el PP, en el gobierno, para resolverle la situación judicial so pena de poner la munición a circular.

Un comisario cocinero

En operación kitchen (cocina en inglés) hubo un comisario al que apodaban cocinero, José Luis Olivera, un chófer-topo al que Villarejo llamaba en clave el chef, o sea, otro cocinero, y un tipo que pasaba por allí, disfrazado de cura, que se metió, por la fuerza, hasta la cocina de los Bárcenas. O sea, que lo de llamarla kitchen estaba bien tirado.

Y aunque contado así puede parecer una astracanada, es uno de los escándalos más graves que vivió España bajo el gobierno de Mariano Rajoy. Tan grave como abusar del poder ejecutivo para torpedear una investigación del poder judicial que podía comprometer al partido en el gobierno. Es decir, corrupción institucional. Desde el interior del Gobierno y para sabotear a un juez tras haber sido cazado en falta el partido en el poder en la persona de su ex gerente y luego tesorero, guardián de la financiación de las campañas y de los sobresueldos.

Uno de los escándalos más graves que vivió España bajo el gobierno de Mariano Rajoy

Proteger al camarada Rajoy

Lo que establecerá el juicio que hoy comienza es si la orden para conseguir los pendrives al margen del juez y colocándole a Bárcenas un chófer-topo tutelado por Villarejo -quién si no- fue de Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior. Si, no siendo suya, fue conocedor y consentidor de que se vulnerara la ley. Y si, por encima de él, cabe inducir que alguien más estuvo al tanto de lo que se tramó y se ejecutó. En la instrucción judicial, la posible responsabilidad terminó en el ministro y su secretario de Estado, pero declaró Luis Bárcenas ante el juez:

Operación 'proteger al camarada Rajoy'. Es otra forma -la fórmula Bárcenas- de llamar a la operación kitchen.

Mariano Rajoy, trece años después de aquello, es un ex presidente que de vez en cuando escribe libros y que levanta audiencias de televisión como el acreditado humorista que, en el fondo, siempre fue. Así es visto por el público, hoy: el presidente con humor. Pero es, también, el único presidente que ha sido descabalgado del gobierno por una mayoría parlamentaria agrupada en torno a una moción de censura e inspirada por su inacción ante la corrupción. La sentencia de Gürtel, o sea, los papeles de Bárcenas. En enero de 2017, celebrándose aquel juicio, el presidente Rajoy estuvo en este programa. Y contó el escaso interés que le estaba prestando al asunto.

Hoy Rajoy estará encantado de poder acudir como ex presidente testigo a este nuevo juicio. En el banquillo se sienta el hombre al que él elevó a la condición de ministro y de cuyos manejos siempre dijo no saber. No le consta, no supo, no estaba en eso. El presidente que no sabía nada de lo que estaba haciendo su ministro. O de lo que hacía su secretaria de organización -perdón, secretaria general Cospedal- en asociación clandestina con el comisario Villarejo, que entre y salga por el garaje de Génova y así nadie le ve ni a él ni a su gorra.

Las grabaciones villarejas que ahora tienen Dolset y Leyre. Y con las que obtuvieron trato preferente de Santos Cerdán en aquellos días en que Sánchez hizo creer a los suyos que sufría una pájara y el aparato se puso en marcha para neutralizar investigaciones judiciales adversas.

Ábalos en la víspera del banquillo

La oposición nunca creyó que Rajoy no se enterara de nada. Empezando por Sánchez, que era oposición descreída -tanto si sabe como si no sabe la responsabilidad la debe asumir, recitaba entonces- y siguiendo por José Luis Ábalos, el honradísimo diputado que subió a la tribuna a reclamar la limpieza de la vida pública en España y que fue aplaudido hasta dejarse las manos por sus compañeros de entonces, compañeros del alma.

Cuando tres años después fue apartado por sorpresa del Gobierno, nada que ver con los Koldos, los Aldama, las Jessicas y las mascarillas, claro, porque el presidente nunca supo nada -de nada de nada-, cuando fue apartado del Gobierno, aún corrieron al guasap a celebrarle los suyos.

Y le siguieron celebrando -eres recto y decente, le escribió Óscar Puente, los tres años siguientes. Hasta que en 2024 fue detenido Koldo y el mundo alrededor de Ábalos empezó a desmoronarse. Mañana, en el segundo día de la kitchen, empezará a juzgarse el caso mascarillas. Esta es la semana grande de la justicia y de la limpieza.