Monólogo de Alsina

Alsina destaca el "dolor larvado" de los supervivientes al terremoto en Venezuela: "La lesión psicológica que no aparece en los recuentos oficiales"

El director de Más de uno ha mostrado su solidaridad con todos los familiares y amigos de los desaparecidos en los dos sismos que han afectado al país caribeño, que se preguntan ahora por qué ellos han podido vivir.

Última hora sobre los terremotos en Venezuela: aumentan a 235 los muertos y a más de 4.300 los heridos

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Es la historia de un libro que tardó quince años en encontrar lectores. Los encontró porque le cambiaron el título. Lo escribió un hombre de cuarenta años recién regresado de la muerte en vida. En una habitación de alquiler, con unos pocos muebles destartalados, la luz escasa y las ventanas tapadas con tablones a falta de cristales. El libro lo escribió en nueve días.

Describe así la escena José Benigno Freire en el prefacio de la última edición española: "El hombre formula y reformula cada frase hasta encontrar la palabra adecuada. Deambula por la habitación de un extremo al otro. Cada recuerdo amargo aviva sus sentimientos, a veces, rendido y conmovido, se sienta en una silla y llora. Limpia de su intimidad hasta la última mota de rencor o resentimiento".

Estamos en Viena, final de 1945. El libro se edita con el título 'Un psicólogo en un campo de concentración' y pasa mayormente inadvertido. Diez años después se publicará en inglés con un título nuevo: 'Desde el campo de la muerte al existencialismo'. Tampoco será leído. Habrá que esperar hasta 1961, y rebautizado de nuevo, para que el texto de Víktor Frankl consiga interesar a los lectores, se edite en edición de bolsillo, se traduzca a treinta idiomas y alcance la condición de éxito editorial en todo el mundo. Ah, el título. El título definitivo será (o es) 'El hombre en busca de sentido'. Una indagación sobre el efecto que una experiencia traumática tiene en la salud mental de quien la ha sufrido. O mejor, de quien la ha sobrevivido.

El síndrome del superviviente fue estudiado por Viktor Frankl, superviviente él mismo de cuatro campos de concentración, y otros médicos en los años cincuenta a partir de la experiencia de los prisioneros que cargaban con la culpa de haber vivido cuando otros, iguales a ellos, habían muerto. Con el tiempo se observó que esa misma carga la sufren quienes han sobrevivido a una tragedia, una matanza, un naufragio, una epidemia, un terremoto.

"En el ser humano", escribió Frankl, "la búsqueda de sentido para su vida constituye una fuerza primaria, necesita encontrar un significado, una razón a cuanto sucede. Entre los hechos que parecen quitarle sentido a la vida está la muerte de aquellos que estaban a nuestro lado y que nada distinto hicieron a nosotros".

O planteado en forma de pregunta: "¿Por qué sobreviví yo y murió mi hermano, mi esposa, mi madre, mi hijo?" En los días siguientes a una tragedia, en los días siguientes a un terremoto, al daño al que pueden ponerse números -los muertos, los heridos, los desaparecidos- se añade este otro dolor larvado, la herida oculta, las víctimas invisibles. El síndrome de los supervivientes, la lesión mental, psicológica, anímica que no aparece en los recuentos oficiales pero que afecta a decenas de miles de personas. Hoy, sin duda, en Venezuela.

Treinta horas después de que el doble terremoto derribara decenas de edificios en La Guaira, en Puerto Cabello, en Caracas, las familias de veinte mil personas siguen buscando, siguen telefoneando, siguen agarradas a la esperanza de poder escuchar sus voces probando que salvaron sus vidas. Cada hora que pasa, bien lo saben, la esperanza se atenúa, el aliento decae y el pálpito se oscurece.

El último dato oficial del gobierno venezolano eleva a 235 las víctimas mortales del terremoto. Los hospitalizados son más de dos mil. Hay doscientas personas localizadas con vida y atrapadas en edificios derruidos. La ayuda de los países vecinos -bomberos, rescatadores, medicamentos, alimentos, ropa- sigue llegando. Venezolanos en el extranjero, en residentes en Miami y en Madrid, sobre todo, se han coordinado para colaborar en el socorro a sus compatriotas. Viajan ya hacia Venezuela bomberos y militares españoles.

Víspera de comité federal en el PSOE

Ya llegaron las vacaciones para sus señorías. El Congreso entra en modo verano con el retén de guardia de la Diputación Permanente y sin plenos ya hasta que llegue septiembre. Un alivio para el gobierno sin mayoría parlamentaria, sin Presupuestos y sin garantía alguna de que pueda seguir convalidando sus decretos -es un gobierno adicto a los decretos y a abusa de la coartada falsa de la urgencia-.

Antes de echar el cierre al curso parlamentario, procedió la delegada del gobierno en las Cortes, Francina Armengol, a tragarse el sapo de proclamar el resultado de la votación que acredita que, a diferencia de ella, la mayoría absoluta de los diputados quiere que Sánchez permita a la cámara pronunciarse explícitamente sobre su continuidad como presidente.

Hay mayoría parlamentaria para pedirle a Sánchez que plantee la cuestión de confianza. O en su defecto, que disuelva las Cortes y dé por concluida la legislatura que arrancó con el PSOE mutante convirtiéndose a la fe indepe de la amnistía para mantenerse en el gobierno habiendo perdido las elecciones. A Sánchez, tampoco es un secreto, le resbala que el Congreso y el Senado le pidan que pase la prueba del algodón de la confianza parlamentaria.

Hay mayoría parlamentaria para pedirle a Sánchez que plantee la cuestión de confianza

En rigor, al presidente le viene resbalando desde hace años cualquier cosa que pida el Parlamento y que no encaje en sus planes de atrincheramiento. La cuestión de confianza la ha perdido ya dos veces, en dos semanas, sin necesidad de presentarla. La única diferencia entre formalizarla y no hacerlo es que la ley obliga a que, si la presenta y la pierde, convoque ya a los españoles a las urnas aunque no quiera.

El Parlamento, que no las encuestas (menos aún las de Tezanos), es la representación de la sociedad española. El gobierno gobierna a los españoles, pero quienes hablan por los españoles son las Cortes. Es un hecho, por tanto, que la sociedad española instó ayer al presidente Sánchez a que le dé la oportunidad de pronunciarse, bien en el Hemiciclo, bien en las urnas.

Y es un hecho que el presidente Sánchez ha elegido ignorar la voluntad de la sociedad española por un único motivo: está seguro de que hoy la voluntad de la mayoría es que se aparte. Del relato autodefensivo, y autopromocional, que hizo el miércoles el presidente sólo cabe una consecuencia lógica: no sólo es sabedor de que gobierna sin Parlamento que lo respalde, lo es también de que si hay elecciones la derecha se hará con la Moncloa.

No solo es sabedor de que gobierna sin Parlamento que lo respalde, lo es también de que si hay elecciones la derecha se hará con la Moncloa.

A eso se reduce su cada vez más trillado, más débil y más cansino argumentario: él ha de resistir porque si no, gobiernan los de enfrente y aplican sus nocivas políticas retrógradas. Hay dos preguntas que sigue sin responder Pedro Sánchez: por qué la sociedad le da la espalda si tan extraordinaria, y salvífica, es su gestión en el gobierno; y qué ocurre si los españoles, hoy, lo que quieren es que gobiernen las derechas y apliquen esas políticas tan nocivas; qué ocurre si no quieren ser protegidos de sí mismos por el PSOE.

Ya que mañana hay comité federal en Ferraz, bajo la sombra de un Ábalos a la sombra para los próximos quince años, bajo la sombra alargada de los Cerdanes y las Leires, ya que mañana hay comité federal en Ferraz aún tiene tiempo el aparato, tan abrumadoramente hegemónico y tan responsble de que su líder se vea a sí mismo como un ser providencial, de dar a la pregunta una respuesta: qué ocurre si los españoles no quieren ser salvados de sí mismos por este presidente.