Monólogo de Alsina

Alsina critica la "novela de autoficción" que Sánchez ha construido en torno a sí mismo: "Lo suyo es un ejercicio permanente de desmemoria"

El presentador de Más de uno ha explicado como en el discurso del presidente del Gobierno, ante el que se ha resignado el Partido Socialista, pesa más la novelería que los hechos reales.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Empieza con dos palabras: "No pude". Y luego sigue: "Me tumbé junto a ti. Lentamente tuve que tirar de la sábana sobre tus pechos y deslizarme hacia tu pelvis suave como el talco". No, no es una historia erótica la que voy a contarles, ya quisieran, eso sí que despierta a estas horas, el sermón eroticón.

Este, en realidad, es el comienzo de una novela basada en hechos reales. Su título es 'Hijos' y es la historia de su autor, su vida amorosa, sus traumas, sus recuerdos de infancia. Lo de menos es lo que cuenta y lo de más es cómo lo cuenta. Porque con esta novela su autor, Serge Dubrovsky, dijo haber dado con una innovación: contar tu vida como si fuera una ficción, o sea, contar tu vida añadiéndole y quitándole aquello que contribuya a que la ficción sea mejor. Él mismo lo bautizó como autoficción y de entonces (1977) a hoy se ha convertido en género de moda, también en España, y eso que 'Hijos' nunca fue traducida, creo, al español.

El autor español más devoto de la autoficción responde al nombre, o sobrenombre, de P.S. Hay quien sospecha que podría tratarse de un famoso dirigente político que cultiva el género con tanta asiduidad que no espera a sacar un nuevo libro, lo introduce en cada uno de sus discursos.

Este P.S. se inició en el mundo de la autobiografía novelada, o novelera, de la mano de I.L., famosa defensora de la unión, del progreso y de la democracia, con obras tan vibrantes como 'Manual de resistencia' o 'Tierra firme', novelas de aventuras políticas en las que el héroe protagonista, perseguido por las élites y amado por el pueblo llano, resulta ser, naturalmente, el coautor de la trama. (Digo trama, por dios, en el sentido literario, no en el sentido delictivo, que de esas otras tramas nuestro novelista jamás supo una palabra).

Pedro Sánchez se inició en la autoficción de la mano de Irene Lozano pero ahora ya vuela solo. Sabe lo que su público espera y eso es lo que le da. Más aún si el público es mayormente público cautivo, como ocurre en las kedadas multitudinarias de la dirigencia del PSOE, llamadas comité federal, en las que el noventa por ciento de los asistentes depende del humor que se gaste con él P. para conservar una carrera política asesada (y un jornal que llevar a casa, también).

Que el comité se ha abonado a la autoficción lo demuestra que cantó victoria por los éxitos interminables de su dirección nacional sin reparar en que, desde el anterior comité a éste, el PSOE ha perdido cuatro elecciones autonómicas. En concreto, las cuatro que ha habido.

Para estar España tan requetemejor que en 2023, los españoles no dejan de escoger gobiernos de derechas. Y aún lo demuestra más que el pasaje más aplaudido del autoelogio, también interminable, de su secretario sideral fuera éste en el que él dice que, a pesar de todo, tiene unas ganas locas de presentarse a las elecciones de 2027 para volver a ganar. Volver a ganar. Qué gran título para la tercera de sus novelas de autoficción.

Para ser un presidente tan comprometido con la memoria democrática, lo suyo es un ejercicio permanente de desmemoria -no lo llamaré distorsión de la realidad, o desinformación, para no molestar-. El PSOE perdió las elecciones generales de 2023, las del Zapatero mitinero. Las perdió cinco años después de empezar a gobernar España y dos meses después de haber perdido casi todo su poder territorial.

No solo las perdió frente a su principal competidor, es que éste obtuvo una mayoría absoluta en el Senado que al PSOE, por supuesto, tampoco le pareció digna ni de media reflexión. Ni el PSOE de entonces le dio una vuelta al porqué de aquellas dos derrotas ni el PSOE de ahora le ha dado ni media vuelta al porqué de sus cuatro naufragios de tres años después.

P.S. amarró el gobierno en 2023 contraviniendo la posición de su partido sobre la amnistía y comprometiéndose a amnistiar a Puigdemont, un líder de derecha independentista autor de la mayor crisis institucional que sufrió el país desde el 23F. En contra de lo que dice su novela de autoficción, P.S. no aceptó pagar el peaje a Puigdemont para evitar que Feijóo gobernara con Abascal. Feijóo no iba a gobernar en ningún caso porque ya había perdido su debate de investidura: lo intentó, como ganador en las urnas, y sucumbió.

Cuando P.S. aceptó pagar a Puigdemont no había opción a que Feijoo gobernara pero sí a que, en ausencia de investidura viable, los españoles fueran llamados de nuevo a las urnas. Lo que Sánchez abortó pactando con la derecha independentista catalana fue que hubiera elecciones de nuevo y los ciudadanos pudieran expresarse. Prefirió hacer mutar a su partido de adversario de Puigdemont y contrario a la amnistía en dependiente de Puigdemont y partidario de la amnistía. Todo, con tal de que las urnas no se abrieran de nuevo. Todo, con tal de seguir gobernando él.

Todo, con tal de seguir gobernando él

Sólo pudo sorprenderse de la mutación pro puigdemónica quien estuviera flojo de memoria, porque siete años antes ya había intentado Sánchez ser investido aun habiendo perdido las elecciones (85 diputados de 350) y buscando un pacto triangular con Podemos y con Ciudadanos.

El programa de gobierno era lo de menos -programa imposible, cómo conciliar a la izquierda populista con el extremo centro- porque lo sustancial era que gobernara él. Un comité federal del PSOE, de hace diez años, fue el escenario elegido por el líder para pedir aplauso a su audacia y pasar, así, por alto el tortazo electoral.

El intentó no prosperó y la cosa, en el PSOE aquel año, acabó como acabó, absteniéndose -e invistiendo a Rajoy- para evitar ir a terceras elecciones a riesgo de sacar aún menos diputados. P.S. proclama ahora que las elecciones tienen que ser cada cuatro años exactos con la misma vehemencia con que entonces proclamaba que nada pasa por votar tres veces en un año. La autoficción es un género de éxito, pero en Sánchez la novelería pesa bastante más que los hechos reales.

En Sánchez la novelería pesa bastante más que los hechos reales

Su comité colosal ha aplaudido que el líder siga como hasta ahora, ignorante de las tramas corruptas, ignorante de que tiene al Parlamento en contra y cerrado en banda a la posibilidad de convocar ya elecciones. Convengamos, entonces, que al PSOE le vale P.S. y le vale con lo que hay. Es un partido resignado a perder elección tras elección y a conservar la Moncloa como único bastión el tiempo que se pueda sin preguntar a los españoles, no vaya a ser que digan lo que piensan.

  • Pongamos que el PSOE fuera un partido que aspirara a ser la formación política con más apoyo social en España. En ese caso estaría insatisfecho con su líder, que ha cedido ese puesto al Partido Popular, o sea, la derecha.
  • Pongamos que el PSOE fuera un partido que aspirara a gobernar las comunidades autónomas, allí donde se gestiona la sanidad y la educación, la joya de los servicios públicos. En ese caso estaría insatisfecho con su líder, que al cabo de sus primeros cinco años de gobierno vio cómo perdía casi todo su poder territorial y ha encajado cuatro derrotas autonómicas en medio año.
  • Pongamos que el PSOE fuera un partido que aspirar a frenar a la derecha y a los nacionalismos. En ese caso estaría insatisfecho con su líder porque debe el gobierno a un pacto con la derecha independentista catalana y los nacionalismos de todo signo.

Concluyamos, entonces, que, visto el comité federal y escuchadas las loas de los oficiales de su ejército al capitán general, el PSOE hoy es un partido al que le vale con no ser la formación mayoritaria del país, le vale con no ganar en las urnas, le vale con no gobernar en las comunidades autónomas y le vale con que Sánchez pueda decir que, con el Parlamento o sin él, hasta 2027 no hay quien lo mueva de ahí.

El PSOE hoy es un partido al que le vale con no ser la formación mayoritaria del país

Y siendo que todo eso le vale, y no aspira a más, es natural que se deshaga en jabón hacia la persona que representa eso y sólo eso: la resistencia en conservar el gobierno para sí mismo mientras su formación, en el mejor de los casos se empantana y en el peor, se ve arrollada en las elecciones siguientes por las derechas a imagen y semejanza de lo que ya ha ocurrido en Andalucía, en Aragón, en Extremadura y en Castilla y León. Que siga el aplauso. Lo merece nuestro más poderoso creador de autoficción.