Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. A la muerte de su padre, bastante rico, Morton, joven actor y guionista de treinta y tantos años, heredó la mansión familiar para él solo, porque carecía de más familia. Organizó para el fin de semana de Navidad una fiesta de reencuentro con sus antiguos compañeros de estudios, Emma Thomson, Kenneth Branagh…el doctor House, Imelda Staunton, todos antiguos actores en el grupo de teatro universitario.
Los amigos se reencontraron diez años después de la última vez que se habían visto. Se pusieron al día, recordaron peripecias vividas, se dolieron por los sueños incumplidos y aprobaron alguna asignatura emocional pendiente. Pronunciaron frases ingeniosas como esta "Antes éramos unos románticos y ahora estamos todos reumáticos". El anfitrión, que hasta el final les ocultó el motivo real de haberles reunido, tenía como nombre de pila Peter.
Es Emma Thompson, con treinta y tres años, quien dice Peter, Peter. Porque esta historia es una película. De las primeras de Kenneth Branagh. El final no lo cuento por si usted no lo ha visto. Su título es 'Los amigos de Peter'.
Pedro Sánchez se ha organizado en el recinto ferial de Barcelona, que no es una mansión, pero también luce en las fotos, una fiesta de amigos que tienen cargazos en otros países o instituciones y que se reconocen unos a otros porque les une, además de la amistad, ser de izquierdas. Los amigos de Peter se dicen todos progresistas.
No significa que Peter Sánchez no pueda tener amigos de derechas porque incluso Yolanda Díaz, que está más a la izquierda que él, dijo ayer aquí que ella tiene más de tres amigos que son del PP (puede que sea el récord nacional de mestizaje ideológico). Es probable que Sánchez tenga amigos de derechas -qué te digo yo, Zelenski-, pero en esta quedada barcelonesa hay derecho de admisión y la clave para entrar es el progresismo.
La contraseña en clave podría ser 'somos más', que es frase fundacional de esta legislatura en España, o 'somos más aunque no lo parezca', porque la idea es movilizar de tal manera a las izquierdas del mundo que se haga, por fin, visible que la hegemonía de las derechas y las ultra derechas no responde a los valores que de verdad defiende la gente, y eso que es la gente la que le viene dando el poder en casi todas partes a los conservadores.
Ya dijo a comienzo de semana Peter Sánchez que Hungría ha demostrado que se puede parar la ola ultraderechista, bien es verdad que Hungría es mal ejemplo para esta cumbre porque quien ha parado la ola es la derecha de siempre y quien no ha obtenido un solo escaño es la izquierda, precisamente. Puede que eso explique que la delegación húngara sea tan escasa tan escasa que tiene a cero.
O que gobernantes europeos invitados a Barcelona sean Sánchez… Carlos Cuerpo… Albares… ¡Salvador Illa! Vale, en Europa gobiernos de izquierdas casi no hay. Pero está Antonio Costa, que vale de comodín porque preside el Consejo Europeo y gobernó en Portugal hasta que dimitió por un escándalo de supuesta corrupción -qué cosas más raras hacen los progresistas portugueses, diablos-. Europa es de derechas, ¡pues razón de más para que nuestro gobierno, rareza en extinción, se ponga al frente de la movilización planetaria contra los conservadores!
A Xi Jinping no lo han invitado, y eso que progresista es un rato: su partido lleva 77 años haciéndose progresar a sí mismo, vete tú a predicar la alternancia de poder a China. Pero sí han venido gobernantes de países americanos como Lula, de Brasil, Petro, de Colombia, Sheinbaum, de México, Boric, que ya es ex gobernante, como Zapatero, y Yamandú Orsi, que es el presidente uruguayo.
Comparten todos con Sánchez la aversión a Donald Trump -a ver si se anima el presidente a decir este fin de semana su nombre- y se diferencian todos ellos de Sánchez en que ganaron sus respectivas elecciones y no tuvieron que entregarse a un partido de derechas independentista para poder ejercer el gobierno. Es una diferencia interesante.
La derecha, muy derecha, racista y clasista
Entre los gobernantes convocados no está Yolanda Díaz, quizá porque ella misma eludió ayer definirse aquí ideológicamente. Del uno al diez es gallega. Lo que sí sabe la vicepresidenta es dónde está el partido al que debe el gobierno su investidura, o sea, Junts. Derecha, muy derecha, racista y clasista. Y de siempre, o sea, desde el procés por lo menos.
Del uno al diez es gallega
Después de escuchar a Yolanda Díaz, Carles Puigdemont tuvo claro que estamos ante un producto más del españolismo. (Esta es otra película, se titula 'en ocasiones veo españolistas' y la protagonizan Puigdemont, Miriam Nogueras y Laura Borrás. El argumento es que todo aquel que se meta con Puigdemont es españolista, anticatalán, derecha mediática o todo a la vez).
Escocido por ser tachado de derechista, o sea, por lo de Yolanda, el expatriado perdedor de las elecciones la mandó a esparragar, o sea, a tomar viento en una hermosa pieza tuitera de alta política -de ésas que le hacen merecedor del respeto de Zapatero- en la que dice: "la próxima vez que te haga vicepresidenta el PP".
Así se escriben las historias de amor y desamor político. De aquella Yolanda que viajó presta a Bruselas a blanquear a Puigdemont en 2023, se respiraba amor en el ambiente, bizcochado el de Junts, cálida ella, a esta ruptura abrupta de ahora que confirma que Sumar va como pollo sin cabeza, que a Puigdemont se le está haciendo larga la amnistía a medias y que no hay quien reflote la legislatura. Hombre, igual si Sánchez le invita a participar hoy mismo, por videoconferencia, en su quedada como un progresista más, a Puigdemont se le pasa la escocedura.
Boda en la primavera extremeña
Cada oveja con su pareja. En Extremadura ya han formalizado su casamiento el PP y Vox. La boda de la primavera. Casados gobernarán la comunidad autónoma María Guardiola, que es del PP, y Óscar Fernández, que es de Vox. La presidenta y su primer caballero.
Al cabo de una negociación perfectamente opaca que se ha eternizado cuatro meses sin que nadie haya alcanzado a explicar qué obstáculo había para consumar el emparejamiento cantado, ambas partes explican que es que han estado afinando tanto los temas, las medidas y su coste en el presupuesto que se les ha pasado volando el tiempo.
Sostiene Guardiola que habrá cuatro presupuestos anuales garantizados -vamos a verlo- y sostienen los dos que no se trataba de repartirse sillones, hombre por dios, aunque naturalmente se los hayan repartido. Sillones y competencias. Esto es lo que le ha sacado Vox al PP:
Para consejero de Agricultura aún no tiene nombre el de Vox, pero la consejería es suya. Agricultura, Familia, Cultura e Inmigración. O traducido, que el acuerdo dice, por ejemplo: no más menores extranjeros no acompañados (MENAS), no más reparto de inmigrantes ilegales tanto menores como mayores. (Esto de los menores sin papeles fue el argumento que empleó Vox para salirse de los gobiernos de coalición cuando el PP se avino a pactar entre comunidades autónomas y con el gobierno central el reparto de menores llegados a Canarias, ahora recula en esto el PP, que también cambia de opinión).
Dice el acuerdo: "ni un centro de inmigrantes más en Extremadura y ni una plaza más en los existentes. Se recudirá al mínimo el presupuesto dedicado a la inmigración ilegal". Dice el acuerdo: "Se reforzará la seguridad fuera de los centros de menores para impedir que se altere la convivencia" (un clásico de Vox, vincular menores inmigrantes con delincuencia e inseguridad que ahora también hace suyo el PP).
Un clásico de Vox, vincular menores inmigrantes con delincuencia e inseguridad, que ahora también hace suyo el PP
Y dice el acuerdo: "Se suprimirá el programa de enseñanza de lengua árabe en los centros de primaria y secundaria porque rechazamos cualquier intento de diluir nuestra identidad, usos y costumbres". Diluir. La identidad. Y también: "Excluir de las prestaciones sociales a todo aquel que esté en situación irregular y aplicar el principio de prioridad nacional a todas las ayudas públicas".
En el texto se dice que se trata de que tengan preferencia quienes demuestren un arraigo duradero con el territorio, pero claro, ¿con qué territorio? Porque si es Extremadura habrá que entender que tendrá preferencia para ayudas públicas un español que lleve diez años residiendo en Extremadura frente a un español que se vaya a vivir allí hoy, ¿no?, ¿y entonces por qué se llama prioridad nacional. Pues porque si significa lo que significa, prioridad para los nacidos aquí. España first.
Esto es lo que Vox ha logrado que haga suyo el PP. Y como lo ha hecho suyo, ya es suyo. ¿Qué ha conseguido el PP que haga suyo Vox? Pues está claro: que Guardiola mantenga su sillón de presidenta. Así son las historias de amor y desamor político. Esta viene a ser la contraria de la de Yolanda y Puigdemont. De la aversión que Guardiola sintió una vez por su actual pareja… al amor inquebrantable que ahora le profesa.

