MONÓLOGO DE ALSINA

Alsina aclara lo que supone el envío de la fragata a Chipre: "España no es ajena a la guerra en Irán"

El director de Más de uno ha tratado de cribar la realidad de entre el cruce de acusaciones de la política española en la que algunos han abanderado la bandera de la paz que otros tachan de falsa.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Qué tal, ¿cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Viernes, 06 de marzo. Esto es Más de uno. Esto es la radio. Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Un médico joven -aún no ha cumplido los treinta- escribe a su esposa:

"Mi querida prenda, redacto esta carta en la enfermería mientras espero a otros tres evacuados. Nos despertamos anoche con el sonido de los disparos. Tendrías que haberme visto con el pijama y el arma como un coronel de la reserva corriendo descalzo hacia la explanada. Tengo mis más y mis menos con un capitán chusquero modelo de antipatía que le dice a quien quiera oirlo que me va a chingar. No me he transformado en ningún héroe, pero ya soy mayorcito y no creo en el hombre del saco.

La guerra prosigue monótona. Tres minas más, sin consecuencias, una especie de flagelación de armas ligeras y cada vez más campamentos a lo largo de la frontera con Zambia. En una ciudad que tenía diez mil habitantes hoy sólo quedan treinta viejos.

Pienso en ti en cada momento como se piensa en nuestra Señora. Y si salgo vivo de este infierno sé que seré muy feliz contigo. No te dejes vencer por la nostalgia. Aunque los minutos pasan despacio, dentro de unos años todo habrá sido una fastidiosa pesadilla. Te amo, Antonio".

El médico que escribía cartas desde la guerra de Angola se murió ayer en Lisboa, cincuenta y cinco años después de escribirlas. Cincuenta y cinco años y cuarenta libros después.Sus apellidos eran Lobo Antunes y fue distinguido por el jurado del premio Nobel no dándoselo. Sus cartas de la guerra fueron escritas para una sola persona, María José. Fue ella, destinataria y dueña del epistolario, quien dejó autorizado a los hijos, una vez muriera, leerlas y publicarlas.

En el prólogo cuentan los hijos que el joven Lobo Antunes quiso haber titulado de otra forma su primera novela. 'Memoria de elefante' fue el título que le puso la editorial. El autor la había llamado: 'De este vivir aquí en este papel descrito'. Hoy que Portugal y España, sus gobiernos, se reúnen en Huelva, seguro que Luis Montenegro y Pedro Sánchez tienen oportunidad de comentar entre ellos sus lecturas del escritor fallecido.

Y lo de Irán, claro. Que para eso son jefes de gobierno de dos países de la UE y de la OTAN. Uno de izquierdas, el nuestro. El otro de derechas, Montenegro. Uno tiene entre sus antecesores a Zapatero, el del no a la guerra original, y el otro a Durao Barroso, de quien ya recordamos ayer que era el quinto beatle de la foto de las Azores, o sea, el cuarto del trío que tan mal estómago le pone a nuestro presidente cuando lo recuerda. Pacifista de siempre, como es.

Aunque pueda parecer mentira, el gobernante de izquierdas y el gobernante de derechas coinciden en que el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán no tiene cobertura legal. Pero así como el nuestro ha negado el uso de las bases a los americanos, el portugués se lo ha autorizado.

De manera que aplicando la doctrina del gobierno de España, según la cual haber autorizado el uso de las bases a Trump nos habría convertido en cómplices de una guerra ilegal, cabe concluir que el presidente Sánchez se reúne hoy con un cómplice de la guerra. Que problemático es esto de aplicar la lógica a la política en cuanto uno cruza la frontera. Consejo: hablen de literatura. O del cambio climático. O de lo peligrosa que es la extrema derecha.

La fijación de Trump con España

Donald Trump, de Portugal no ha dicho nada pero de España, sí. Tiene como una fijación. Dices: es que Sánchez le busca. Bueno, tampoco hay que buscarle mucho porque él es de dejarse encontrar. Ha dicho Trump que somos un país looser. Perdedor. Y no por Eurovisión, que ahí igual habría que haberle dado la razón.

No, perdedor en general. Tampoco hay que alarmarse porque Trump ve así a casi todos los gobiernos -no te digo ya a los que no le bailan el agua- y al noventa por ciento de las personas con las que ha tratado a lo largo de su vida. Un triunfador como él, tan enamorado de sí mismo, tan echao p’alante, tan abusón, cómo no va a despreciar a los loosers.

En el séptimo día, ya, de guerra en Irán, cuarenta y ocho horas después del sintético discurso de Sánchez, veinticuatro horas después del anuncio de la fragata y una vez que Margarita Robles haya desmentido que ella esté con Trump -lo que le dijo al embajador es que estaba cómodá, no con Trump- y que Feijóo ha querido ser tan sintético como Sánchez, pues ya estaría en lo que se refiere al debate sobre cómo está el mundo.

Quiero decir que en España ya podemos entregarnos a lo que más nos gusta, que es debatir con verdadera pasión cuál es la verdad de la verdad de la verdad cuando todos sabemos, en realidad, qué es lo que hay y qué es lo que no. ¿Y qué sabemos? Pues mira:

  • Sabemos que el gobierno español no comparte y no participa en lo que están haciendo Israel y Estados Unidos en Irán.
  • Sabemos que ni Israel ni Estados Unidos nos han pedido que participáramos ni que aplaudiéramos.
  • Sabemos que el Gobierno denegó el uso de las bases para marcar posición y que eso le convirtió, a ojos de Trump, no en un crítico a su ataque sino en un saboteador.
  • Sabemos que criticar la intervención estadounidense no convierte al gobierno español en aliado, defensor o blanqueador del régimen represor iraní, tal como criticar la forma de proceder de Sánchez no convierte al PP en amante de la guerra, siervo de Trump o desleal a un gobierno que ni consulta ni informa ni comparte nada con los grupos parlamentarios.
  • Sabemos que desmarcarse de Trump no te convierte en insensible al sufrimiento de las mujeres de Irán y desmarcarte de Sánchez te convierte en insensible a los muertos que las bombas han provocado ya.
  • Sabemos que movilizar militares para neutralizar misiles susceptibles de impactar en suelo europeo (derribar misiles) no equivale a participar en el bombardeo de otro país (lanzar misiles).
  • Sabemos que no mover un dedo cuando gobiernos afines (Francia, Alemania, Reino Unido) están dando pasos para disuadir a Irán de probar que su capacidad destructiva podría alcanzarnos es percibido como falta de compromiso en la defensa común. Y que la forma de corregir esa percepción es movilizar un buque militar cuya tripulación sabe mejor que nadie que para evitar que un misil te alcance no te queda otra que disparar tú.
  • Sabemos que enviar una fragata a Chipre a la vez que te declaras en contra de esta guerra no es falsear tu posición. Sí lo es, falsear la realidad, hacer creer que abrazar un eslogan, no a la guerra, te exime, llegado el caso, de participar en ella. La fragata no supone ni celebrar la guerra en Irán ni meterte de cabeza en ella. Pero sí admitir que España no es ajena a esta guerra. Hoy nos toca dar asistencia a los aliados que se puedan ver afectados (Chipre y Turquía). Y dependiendo de cómo evolucione el conflicto podría tocarnos hacer más cosas. No por nuestro fervor belicista, que no lo tienen ni el presidente del gobierno ni el líder de la oposición, sino porque lo que vaya a pasar en adelante no lo controlan ni Sánchez ni Feijóo. Ni Yolanda, claro. Y Belarra, menos.

La responsabilidad de quien dirige el país, creo, es acudir al Parlamento las veces que sea necesario para informar y debatir con los representantes de sus gobernados. La responsabilidad es mantener informada de todo a la opinión pública. Y la responsabilidad es no confundir la información con los eslóganes y la vehemencia con la ocultación, no confundir la exposición precisa, y detallada, de lo que hay con la arbitraria elección de qué es lo que se cuenta y lo que no.

La responsabilidad es mantener informada de todo a la opinión pública

Si en la única comparecencia que ha hecho el presidente, controlada, sin prensa, sin preguntas, ha dedicado el noventa por ciento de su tiempo a reiterar las mismas cuatro palabras, no a la guerra, a evocar Iraq, a exhumar (amputados) los acontecimientos de hace veintitrés años eludiendo, sin embargo, hablar con claridad de las represalias que, él mismo dijo, puede tener denegarle el uso de las bases a Trump -que tiene nombre, y el nombre es Trump, no señor alguno-; si hacer creer a la opinión pública que decir no a la guerra significa estar al margen, y a salvo -lejos, preservados- del intercambio armado; y si el presidente evita explicar que él mismo está estudiando opciones militares y apenas unas horas después de su alegato diplomático está firmando el envío de doscientos soldados a Chipre, es inevitable que su comparecencia quede bajo sospecha.

Sospecha de haberse esforzado más en agitar una bandera que en explicar la realidad compleja y cambiante en la que toca moverse, la realidad que no decidimos nosotros porque somos parte de dos organizaciones supranacionales, la OTAN y la Unión Europea, y tenemos obligaciones por encima de nuestros deseos.

Client Challenge

Todos sabemos lo que hay y lo que no. Lo sabe Sánchez, lo sabe Feijóo, lo sabe Abascal, lo sabe Belarra, lo sabe Sumar. Pero da igual porque aquí cada uno está en abonar su relato. Amante de Trump en España, fan, apóstol, follower, un admirador, un amigo, un esclavo, sólo es…los demás se reparten entre quienes cultivan la confrontación calculada y la conllevancia resignada.