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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: " ¿Y ahora qué hacemos con toda la morralla argumental con que nos ha bombardeado el Gobierno?"

¿Y ahora qué hacemos con toda la morralla argumental con que nos ha obsequiado el gobierno las últimas semanas? No podía haber un gobierno de coalición, hombre por dios, cómo iban a tragar con un gobierno en coalición. A quién se le ocurre que pudieran pagar ese precio por los 42 síes de Podemos en la votación del próximo jueves. ¿Tener de ministros a dirigentes de Podemos? Pero en qué cabeza podía cabeza cabe que pasaran por el aro.

Carlos Alsina
  Madrid | 22/07/2019

Tenemos por delante una mañana parlamentaria y un programa largo. Hoy Más de Uno termina a las dos de la tarde. Gentileza del debate de investidura que comienza a las doce en el Congreso y que les vamos a ofrecer, en Onda Cero, en función de mañana y tarde. Por la mañana, los que estamos aquí; por la tarde, Juan Ramón Lucas.

Si usted desconectó de la información el viernes por la mañana y se reengancha ahora no va a entender por qué el viernes la investidura iba a ser fallida y el lunes la investidura está encarrilada. La respuesta no tiene mucho misterio, ya verán: hasta el viernes Sánchez repudiaba el gobierno de coalición con Podemos usando como coartada la ambición de Iglesias —qué obsesión por el poder, predicaba la Moncloa, quien se ha creído este hombre que es, cómo le vamos a hacer ministro—. Pablo era el escollo, palabra repetida hasta la saciedad por los pregoneros sanchistas. Pero apareció Pablo, se descartó el mismo para pisar moqueta, y enterró de un quiebro la coartada gubernamental. Después de todo, él nunca había dicho en público que el precio de la investidura fuera hacerle a él vicepresidente.

Lo que sí había dicho es que el precio era un gobierno de coalición con ministros morados en proporción a los escaños que aportan, sin aspirar a los ministerios llamados de Estado (Exteriores, Justicia, Defensa) pero con manos libres para que a los ministros morados los elija el partido morado. Es decir, todo lo que ahora va sustentándose en las negociaciones (a juzgar por lo que cuentan los que se dicen enterados).

De tal manera que, como dijo en este programa Pablo Echenique hace diez días, basta con que Sánchez acepte gobernar en coalición para que salga la investidura con la abstención de Esquerra Republicana.

Se negocia el primer gobierno de coalición de nuestra actual etapa democrática. Con ministros morados que defienden la autodeterminación de Cataluña, que consideran presos políticos a Junqueras y Rull, que votaron en contra de su suspensión como diputados y que reniegan del 155. Es decir, todo lo que según Sánchez el jueves de la semana pasada te inhabilitaba para ser ministro de su gobierno.

De Sánchez sabíamos que era capaz de defender una cosa siendo oposición y su contraria siendo gobierno. Simplemente Pedro sostenía todo lo contario que el presidente Sánchez, tal como dejó sentenciado la vicepresidenta Calvo en una de sus intervenciones más sonadas (tratándose de Calvo, todas tienden a serlo). Ahora comprobamos que Sánchez presidente también es capaz de decir lo contrario que Sánchez presidente sin que se la caiga la cara. O expresado en otros términos, que el tiempo que discurre entre una afirmación del presidente y su contraria es cada vez más corto.

¿Y ahora qué hacemos con toda la morralla argumental con que nos ha bombardeado el gobierno?

Por ejemplo, que no cabía hacer un gobierno de coalición porque los dos partidos no suman mayoría absoluta. Esto que dijo Carmen Calvo.

Por ejemplo, que si gobernabas en coalición con Podemos no podrías sacar adelante ningún proyecto que requiriera del visto bueno de la derecha parlamentaria. Esto que dijo María Jesús Moreno.

Por ejemplo, que incluso pactando con Podemos seguirían necesitando la bendición de los independentistas. Y no se puede hacer descansar la estabilidad de un gobierno sobre Puigdemont y Junqueras. Esto que dijo Pedro Sánchez.

O por ejemplo, que un gobierno con ministros de Podemos no se puede llamar de coalición porque sólo es cooperación. Esto que dijo, allá por el 30 de mayo, el ministro Ábalos.

Éste era el plan al día siguiente de las elecciones generales: hacer un gobierno de coalición y convencernos a todos de que le llamásemos de otra manera. La obsesión por la persuasión y las batallitas de los relatos. Pues al final, ahí lo tiene usted: un gobierno de coalición sin que los dos socios sumen mayoría absoluta, descansando sobre la abstención de los independentistas y con ministros que consideran a Junqueras preso político. Gana el pulso Pablo Iglesias y lo pierde Pedro Sánchez. Pero gana el gobierno Pedro Sánchez y comienza el siguiente pulso con Pablo Igelsias: que los ministros morados respondan a la disciplina de gobierno antes que a la disciplina de partido.

Rivera y Casado ya tienen lo que necesitaban para poder seguir con su repertorio limitado. Contra Sánchez por pactar con populistas e independentistas cuando ellos ni siquiera le abrieron la puerta a una negociación que mereciera tal nombre. La entrada de Podemos en el gobierno es tan mérito de Iglesias y su atrincheramiento como de Albert Rivera, y su atrincheramiento.

Y no, ya ve usted que no va a hacer falta reformar el artículo 99 de la Constitución. Resulta que el bloqueo no era consecuencia de la forma de investir presidente sino de la falta de cesiones de quien aspiraba a serlo. No parece, a la vista de lo que empezará a suceder este mediodía en el Parlamento, que el artículo en cuestión no funcione. Sánchez va a ser investido sin contar con la mayoría absoluta de la cámara. A estas alturas ya estará enterado de cómo se inviste un presidente hasta el coronel Tezanos.