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Opinión en la brújula

La carta de Ónega a la voz: "Resucitada la voz, quién sabe si alguien la querrá vestir con uniforme militar"

Buenas noches, voz. Sí, no os sorprendáis, le escribo a la voz. A aquella "voz antigua de mi amor", que decía García Lorca. A aquella voz, "el norte que pretendo", que buscaba Miguel Hernández. A la "que me sirves para rezar yo solo", como León Felipe. Y también a la "voz desmedida" de las lecciones de Juan de Mairena que Machado recopiló.

Fernando Ónega
 |  Madrid | 02/06/2020

Te escribo a ti, voz, porque la inteligencia artificial ha conseguido resucitarte, ahora que las viejas tecnologías te habían hecho inmortal al permitir tu grabación. Pero ahora rozas el milagro tecnológico al conseguir fabricar la voz de una persona. Basta tener el sonido de alguien, fallecido o no, para construir a partir de él un discurso, un mensaje, un audiolibro.

Se puede escuchar, si se quiere, el diálogo de Unamuno y Millán Astray en su voz. Se puede hacer una entrevista a la Piquer y comentar con ella lo último de Rosalía. Y hasta se puede elaborar una conversación de Julio Iglesias con su hijo no reconocido.

Ya se hizo con algún discurso que Kennedy no llegó a pronunciar en vida. Y ahora lo hace en España la empresa vasca Vicomtech. Y lo empezó a hacer con la voz de alguien que seguramente sonará a muchos oyentes: la de Francisco Franco, el vecino reciente del cementerio de El Pardo que tanto dio que hablar. Los fabricantes buscaron testimonios sonoros del difunto, jugaron con ellos no sé cómo, los metieron –tampoco sé como-- en su mágica cocina, y ahí está: Franco leyendo ahora textos suyos de cuando mandaba, talmente como si estuviera vivo.

No hay nada falso. Los textos, ya digo, son suyos o por lo menos los firmó. Y la voz también es suya. Trabajada y pulida, como una encuesta del CIS; pero suya. "Si mi voz muriera en tierra, dijo aquel rojo llamado Alberti, llevadla al nivel del mar y dejadla en la rivera". La voz de Franco murió con él, pero ahora sobrevive en la rivera tecnológica. Quizá la intuyeron en Podemos y por eso hablan de golpe de estado. ¡Ay, imitadores, que os ha salido competencia! ¡Ay, rojos de toda la vida, que vuelve el sonido del perseguidor! ¡Ay, franquistas de hogaño, ya tenéis la voz que os puede consolar! ¡Y ay, ciudadanos de las España! Resucitada la voz, quién sabe si alguien la querrá vestir con uniforme militar.