Entre las visitas históricas destacan Dougga, Sbeitla y el anfiteatro de El Jem, además de los mosaicos del Museo del Bardo. El recorrido continúa por las ruinas de Cartago, el pueblo mediterráneo de Sidi Bou Said y las medinas de Túnez, Susa y Kairouán. También aparece Testour, repoblado en el siglo XVII por moriscos expulsados de España, que conserva parte de su herencia andalusí.

Ksar Ghilane: dunas y baños termales en el Sáhara
Para Elena del Amo, el Gran Sur es una de las grandes experiencias del país: “Es que para mí el Gran Sur de Túnez es lo más sorprendente de este país.” Desde Douz se puede continuar hacia Ksar Ghilane, donde las dunas rodean un oasis con una fuente de agua termal. Muy cerca se conservan los restos de un pequeño fuerte romano, testimonio del antiguo limes, la frontera militar del Imperio romano.

Tozeur, Chott El-Jerid y los oasis de montaña
El desierto tunecino también ofrece paisajes de sal, como el lago seco de Chott El-Jerid. En sus alrededores se encuentran la medina de adobe de Tozeur, la ciudad de Nefta y los oasis de montaña de Chebika, Tamerza y Midès, entre palmeras, cascadas y cañones. Estos escenarios también han servido de localización para películas como En busca del arca perdida, El paciente inglés y La guerra de las galaxias.

Chenini, Matmata y la arquitectura amazigh
En el entorno de Tataouine aparecen los pueblos de tradición amazigh, como Chenini, Guermassa y Douiret, con viviendas integradas en la roca. También destacan los ksour, antiguos graneros fortificados con cámaras llamadas ghorfas, como los de Ouled Soltane. En Matmata, las viviendas tradicionales se excavaban alrededor de patios subterráneos para protegerse de las temperaturas extremas. Elena del Amo recuerda que estas construcciones no son simples curiosidades: “Es entender que no son extravagancias arquitectónicas, sino soluciones perfeccionadas durante siglos por gente que sabía perfectamente cómo sobrevivir en un territorio difícil.”

