Viajar en avión se ha convertido en algo cotidiano para millones de personas y mucho más en verano con la llegada de las vacaciones. Los conflictos entre pasajeros y aerolíneas siguen siendo una de las principales fuentes de reclamación en materia de consumo: retrasos de varias horas, cancelaciones de última hora, problemas con el equipaje o cargos adicionales por servicios que muchos consideran básicos continúan generando frustración entre los viajeros.
En ocasiones, la respuesta que reciben los consumidores es que el precio del billete justifica ciertas incomodidades, especialmente cuando se trata de compañías de bajo coste. Sin embargo, las organizaciones de consumidores recuerdan que el precio no puede servir como excusa para rebajar los derechos de los pasajeros. Independientemente de la aerolínea con la que se viaje, existen unas garantías mínimas que las compañías están obligadas a respetar.
"Hay unos mínimos que te debe garantizar. Tu deberías poder volar de la mano de cualquier compañía, sea low cost o no, sin tener el más mínimo problema y que te respondan de la manera adecuada, porque es lo que dice la regulación", asegura la experta Patricia Suárez en Por fin.
La protección de los viajeros en Europa se apoya fundamentalmente en el Reglamento 261/2004, una norma que lleva más de dos décadas regulando cuestiones tan habituales como las cancelaciones, los retrasos o las denegaciones de embarque. Junto a ella, el Convenio de Montreal establece las responsabilidades de las aerolíneas en asuntos relacionados con el equipaje y los accidentes, especialmente en los vuelos internacionales.
El problema, según denuncian las asociaciones de consumidores, es que parte de estos derechos podrían verse debilitados en los próximos años. Las aerolíneas llevan tiempo presionando para modificar la normativa europea y reducir el coste que les supone hacer frente a las reclamaciones de los pasajeros.
El cambio que más preocupa a los consumidores: las indemnizaciones por retrasos
Uno de los cambios que más preocupa afecta a las indemnizaciones por retrasos. Actualmente, un pasajero tiene derecho a recibir una compensación económica cuando llega a su destino con más de tres horas de demora. La reforma que se negocia elevaría ese umbral hasta las cuatro horas en muchos vuelos y hasta las seis en los trayectos de larga distancia. A simple vista puede parecer una diferencia menor, pero las organizaciones de consumidores aseguran que dejaría sin compensación a una gran parte de los afectados.
También se estudia reducir las cuantías mínimas de las indemnizaciones y flexibilizar las condiciones para las cancelaciones. Si prosperan algunas de las propuestas sobre la mesa, las compañías podrían cancelar vuelos con apenas 48 horas de antelación sin tener que compensar económicamente a los pasajeros, una situación que podría trastocar por completo unas vacaciones planificadas durante meses.
El equipaje de mano continúa siendo uno de los asuntos más polémicos. Aunque la justicia europea ha respaldado en distintas ocasiones que determinados bultos forman parte del transporte básico contratado, las aerolíneas siguen explorando fórmulas para monetizar servicios que durante años se consideraron incluidos en el precio del billete.
Los derechos de los pasajeros para volar este verano
La experta ha explicado que si tu vuelo se cancela con menos de 14 días o llega a tu destino final con tres o más horas de retraso, tienes derecho a una compensación económica entre 250 y 600 euros, salvo que la aerolínea demuestre que se debió a circunstancias extraordinarias, como por ejemplo el mal tiempo.
Además, si tu vuelo se cancela, se retrasa por más de cinco horas o se te deniega el embarque por overbooking, la aerolínea está obligada a darte a elegir entre el reembolso íntegro del billete en un plazo de siete días o un transporte alternativo lo antes posible para llegar a tu destino.
"Si tu equipaje facturado se pierde, se daña o se retrasa, tienes derecho a reclamar una indemnización a la aerolínea de hasta un máximo de 1400 euros", dice la experta.

