La escalada de violencia vinculada al crimen organizado ha encendido todas las alertas en Cataluña tras registrarse tres asesinatos con arma de fuego en menos de un mes en Barcelona. Los últimos sucesos han provocado una creciente preocupación entre los mandos de los Mossos d'Esquadra, que analizan cómo frenar el aumento de los ajustes de cuentas relacionados con redes criminales.
El caso más reciente ocurrió en la calle Balmes, en pleno centro de Barcelona, donde un hombre fue ejecutado de un disparo en la cabeza a escasos metros de una comisaría de la Policía Nacional. El autor logró huir y abandonó posteriormente el arma, un teléfono móvil y otros objetos que ahora forman parte de la investigación.
Los investigadores sospechan que la víctima podría estar relacionada con organizaciones criminales internacionales. Aunque su identidad todavía no ha sido confirmada oficialmente, una de las principales hipótesis apunta a un ajuste de cuentas ligado al narcotráfico o a disputas entre grupos del crimen organizado.
Este asesinato se suma al registrado el pasado 7 de junio en la Zona Franca, donde otro hombre murió tras recibir varios disparos en la calle de la Minería. El agresor escapó sin dejar rastro y la policía mantiene abiertas diversas líneas de investigación para esclarecer los hechos.
La situación resulta aún más inquietante porque apenas tres semanas antes, el 16 de mayo, se produjo otro homicidio con arma de fuego en la misma zona de la Zona Franca. La repetición de episodios violentos en un corto espacio de tiempo ha llevado a los expertos a hablar de una posible reconfiguración de los conflictos entre bandas asentadas en Cataluña.
La cúpula policial busca frenar la violencia
Ante este escenario, la consellera de Interior, Núria Parlon, y la dirección de los Mossos d'Esquadra han intensificado las reuniones para evaluar medidas que permitan contener el fenómeno. La prioridad pasa por reforzar la inteligencia policial y aumentar la presión sobre las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas y al blanqueo de capitales.
Las autoridades consideran que detrás de buena parte de estos crímenes podrían encontrarse grupos criminales de origen extranjero que operan en Cataluña y mantienen disputas por el control de rutas y mercados vinculados al narcotráfico. En algunos casos, las investigaciones apuntan a organizaciones procedentes del este de Europa.
Los datos preocupan especialmente porque Cataluña acumula ya más de una treintena de tiroteos en lo que va de 2026. Aunque no todos están relacionados entre sí, los responsables policiales reconocen que el acceso a armas de fuego por parte de redes criminales constituye uno de los principales desafíos de seguridad.
El asesinato de la calle Balmes, además, tuvo un fuerte impacto simbólico al producirse en una zona céntrica y muy transitada de la ciudad, coincidiendo con la visita del papa León XIV a Barcelona. Las autoridades descartan cualquier vínculo con el evento religioso, pero reconocen que la ejecución evidenció la audacia de los autores.
Mientras continúan las investigaciones, los Mossos mantienen abierta la búsqueda de los responsables de los tres crímenes. La sucesión de asesinatos ha reabierto el debate sobre la presencia del crimen organizado en Cataluña y sobre la necesidad de reforzar los mecanismos de prevención para evitar que Barcelona se convierta en un escenario habitual de ajustes de cuentas armados.

