En el municipio castellonense de Azuébar el aviso más urgente no llega siempre por WhatsApp, a veces lo hace sonando desde lo alto de la iglesia. Susi Bayarri, vecina del pueblo, pasó el sábado pendiente del móvil, del monte y de las campanas, preparada para activar una señal que muchos vecinos mayores entienden mejor que cualquier mensaje: "En el pueblo hay gente mayor que se enteró del desalojo porque escucharon las campanas". La alcaldesa, Jéssica Miravete, le había pedido que estuviera atenta, porque cuando el fuego amenaza la Serra d’Espadà, cada tañido puede significar que ha llegado el momento de abandonar el pueblo.
El domingo por la mañana, por segunda vez en apenas 14 días, Susi tuvo que correr hacia la iglesia para avisar de un nuevo desalojo, esta vez por el incendio iniciado en la Vall d’Uixó, después del de Sonejas. "En los pueblos pequeños las campanas significan mucho. En este segundo desalojo estaba la policía con altavoces, pero en el primero había gente que no se había enterado, estaba dentro de casa y no sabían nada hasta que oyeron las campanas", ha explicado Bayarri en 'En la Onda'.
Junto a su marido, José Zorrilla, forma parte de los 39 vecinos acogidos en el seminario de Segorbe, con la tristeza de quien conoce cada rincón del Alto Palancia y vuelve a dejar su casa atrás mientras las llamas avanzan demasiado cerca. "Estamos cansados porque ya son muchos días. Hoy pasaremos aquí la noche, esperamos volver pronto a casa", ha indicado la vecina de Azuébar.
