¿Cuáles son las mejores formas para relajarse? ¿Existe algún hábito o truco para conseguir bajar las pulsaciones, respirar en calma o dormir mejor? Concha Monje explica en Julia en la onda cómo, con la ayuda de la tecnología, podemos hackear nuestro cerebro para reducir el estrés y alcanzar un mayor bienestar.
Existen algunas claves para hackear el cerebro. Esto, que suena muy sofisticado, no significa otra cosa que usar la tecnología para influir en procesos como la relajación, el sueño, las emociones o la atención. El canal a través del cual vamos a llegar al cerebro para hackearlo es nuestro propio cuerpo, que es el que percibe los estímulos que el cerebro luego procesa.
Concretamente, nos vamos a centrar en tres tipos de estímulos: el estímulo sonoro, el háptico (que se refiere al tacto y a la vibración), y el estímulo térmico. Vamos a jugar con estos estímulos y con la ayuda de la tecnología para conseguir cambiarle el pie al cerebro y salir de ciertos estados de malestar.
El estímulo sonoro
¿Cómo se consigue que un bebé deje de llorar y se calme? Algunos dirán que cantan una nana y otros que ponen la campana extractora de la cocina, el secador o el calefactor. Pero, ¿qué tiene de especial el ruido de un calefactor o de una campana?
Se conocen como ruidos blancos: contienen una energía distribuida de manera uniforme entre las distintas frecuencias. Es decir, son ruidos bastante continuos que, por un lado, nos recuerdan a lo que escuchábamos en el vientre materno (sonido muy amortiguado) y, por otro, pueden enmascarar otros ruidos más molestos (un portazo, alguien arrastrando una silla). Evitamos así que nuestro cerebro preste atención a esas interrupciones sonoras y podemos alcanzar un estado de relajación que incluso nos induzca el sueño.
Escuchar una nana o una balada también tiene un efecto calmante en nosotros. Por algo se dice que la música amansa a las fieras. Pero nada tiene esto que ver con el fenómeno del ruido blanco, sino con que este tipo de música sigue un patrón predecible, y esto le encanta a nuestro cerebro.
Cuando escuchamos una canción, nuestro cerebro va construyendo expectativas: esperamos que vuelva el estribillo, anticipamos cuándo va a entrar la batería, reconocemos una progresión armónica, intuimos cuándo llegará el clímax emocional. Disfrutamos cuando la canción cumple nuestras expectativas. Por eso triunfa la música comercial, porque suele utilizar estas estructuras reconocibles que nos generan una sensación de seguridad y satisfacción. Y también por eso nos gusta ver la misma película en bucle, porque sabemos qué va a pasar y eso nos satisface.
No solo la música puede ayudarnos a concentrarnos. Existen diademas que son capaces de registrar nuestra actividad cerebral para ayudarnos a fijar mejor la atención.
Una de estas diademas se llama Muse. Utiliza sensores EEG, es decir, sensores que registran la actividad eléctrica del cerebro a través del cuero cabelludo. La colocamos en la cabeza, abrimos una aplicación y empezamos una sesión de meditación. Cuando el sistema detecta patrones de actividad asociados a un estado tranquilo, escuchamos sonidos apacibles. Si detecta más actividad o distracción, escuchamos sonidos como el de una tormenta. La idea es que aprendamos a reconocer cuándo estamos distraídos y cuándo conseguimos recuperar la atención.
Es una forma de neurorealimentación: el cerebro recibe información sobre su propia actividad y puede aprender a modificarla mediante la práctica.
El estímulo háptico (tacto y vibración)
El tacto y la vibración conforman lo que llamamos nuestro sentido háptico, y lo podemos usar también como canal para hackearnos en situaciones de estrés. Por ejemplo, podemos usar un reloj inteligente que vibra en nuestra muñeca para acompasar la respiración. Inspiramos cuando la vibración es más lenta y espiramos cuando la vibración adquiere mayor frecuencia (apoyamos la vibración con una imagen en el reloj).
Otro dispositivo comercial es el llamado Moonbird. Es un pequeño dispositivo (parecido al satisfyer) que se expande y contrae en la mano para guiar la inspiración y la espiración. Además, se conecta al móvil para que registres tu ritmo cardiaco y así el dispositivo pueda ofrecerte los patrones de respiración que te sean más beneficiosos, de forma personalizada.
Y si no tenemos ningún aparato a mano, siempre podemos recurrir al truco de cantar el "OM", que produce una vibración interior. Para pronunciar un "OM" prolongado necesitamos inspirar y después soltar el aire lentamente mientras vocalizamos. Esto alarga la espiración y puede favorecer la actividad parasimpática, relacionada con el descanso y la recuperación.
El estímulo térmico
Todos sabemos que, cuando estamos sometidos a un frío o un calor intensos, se genera estrés fisiológico y mucho malestar, dependiendo de la intensidad y duración del estímulo térmico. ¿Cómo podemos combatir esto? Con un brazalete electrotérmico que se coloca en la muñeca y que puede producir sensaciones localizadas de frío o calor.
Esto nos permite engañar al cerebro y modificar nuestra percepción del confort térmico. Estimulando zonas concretas como las muñecas, podemos influir en la sensación térmica general. Seguro que más de uno ha recurrido al hielo en la muñeca para recuperarse de un sofoco.

