No son aparatos de aire acondicionado y esa distinción importa porque suele ser la fuente de casi todas las decepciones. Un aire acondicionado tiene compresor y gas refrigerante: extrae calor de la habitación y lo expulsa fuera, por eso necesita un tubo o una unidad exterior. Un climatizador evaporativo o enfriador de agua no hace nada de eso. Hace pasar el aire por un filtro empapado en agua y lo devuelve más fresco y más húmedo.
La OCU lo resume así: más que un aire acondicionado sin tubo, es un ventilador sofisticado que refresca y humedece. Esto no es un matiz técnico menor: determina cuánto va a bajar la temperatura de tu salón, y sobre todo, si va a bajar algo.
El truco de toda la vida
Cuando sales de la piscina y sopla algo de aire, tienes frío aunque el termómetro marque 35 grados. Ese es exactamente el principio: el agua, al evaporarse, necesita energía para pasar de líquido a vapor, y la toma en forma de calor del aire que la rodea. El aire pierde calor y baja de temperatura.
Ahí está la clave del asunto: si el aire ya está cargado de humedad, no puede admitir mucha más; la evaporación se frena y el efecto se desvanece. Los físicos tienen un nombre para ese suelo: la temperatura de bulbo húmedo, que es lo más frío que puede llegar a estar el aire solo por evaporación. Cuanto más seco esté el ambiente, más margen hay. Con humedad del 100%, el margen es cero.
Diez grados o dos, según el código postal
Traducido a la práctica y a números: En ambientes secos, con humedad relativa por debajo del 30%, estos aparatos pueden rebajar la temperatura del aire que expulsan entre 10 y 12 grados. En zonas con humedad por encima del 70%, esa caída se queda en 2 a 4 grados. Es la diferencia entre notar alivio real y notar poco más que una brisa tibia.
Ahí es donde entra el mapa. El verano en Madrid transcurre con una humedad media que ronda el 32-39%, terreno favorable. Lo mismo vale para buena parte de la meseta, Extremadura, Aragón, Castilla o la Andalucía interior. En cambio, en la costa mediterránea, en el Cantábrico o en cualquier punto donde la humedad estival se instale por encima del 70%, el mismo aparato, idéntico modelo y precio, rendirá una fracción de lo que rinde en Guadalajara.
Merece la pena comprobar el dato antes de comprar. Cualquier previsión meteorológica del móvil da la humedad relativa de tu municipio a las horas de más calor.
Hay que abrir la ventana, aunque suene absurdo
Este es el segundo error habitual, y es el contrario de lo que dicta el instinto. Con un aire acondicionado se cierra todo a cal y canto. Con un evaporativo hay que hacer justo lo opuesto: dejar una ventana o una puerta entreabierta.
El motivo es que el aparato va soltando humedad en la habitación. Si el cuarto está sellado, esa humedad se acumula, el aire se satura y el propio equipo se queda sin margen para enfriar. Se ha fabricado su propio techo. Necesita una corriente que renueve el aire y se lleve la humedad sobrante.
Lo del consumo sí es verdad
Aquí el argumento comercial se sostiene sin peros. Los evaporativos domésticos declaran potencias que van de los 65 a los 180 vatios según modelo y velocidad. Un aire acondicionado de habitación pequeña necesita alrededor de los 1.000 vatios p más de potencia.
Ocho horas de un evaporativo de 65 vatios son poco más de medio kilovatio hora. Es un consumo de céntimos por noche. Aunque el aire acondicionado moderno no funciona a plena potencia de forma continua, sino que se va regulando con su termostato una vez alcanzada la temperatura deseada, la distancia sigue siendo enorme. Quien busque bajar la factura y viva en zona seca tiene aquí un argumento sólido.
El mantenimiento no es opcional
Un depósito con agua estancada durante semanas, con calor, es un mal sitio para la salud de cualquiera. El riesgo real de legionela en un equipo doméstico es bajo, entre otras cosas porque el agua de estos aparatos se mantiene por debajo de la temperatura en la que la bacteria prolifera con facilidad. Pero bajo no es inexistente, y depende por completo de la limpieza del equipo.
La rutina más razonable es renovar el agua a diario, limpiar el depósito con regularidad y, cuando termine el verano, vaciarlo y dejar secar el filtro antes de guardarlo. Guardar el aparato con agua dentro hasta el año siguiente es la peor de las opciones posibles.
Entonces, ¿me lo compro?
Depende de tres respuestas. Si vives en zona seca, si puedes dejar algo de ventilación y si lo que buscas es rebajar el calor unos grados y no climatizar la casa a 24, la respuesta es que sí, y por 40 euros es difícil encontrar algo mejor.
Si vives frente al mar, si necesitas cerrar la habitación o si esperabas el rendimiento de un aire acondicionado por una décima parte del precio, ninguna marca ni ningún modelo va a arreglarte eso. No es un problema de calidad del producto. Es el aire de tu ventana.

