El debate sobre el impacto de los dispositivos digitales en la salud mental de los jóvenes cobra cada vez más relevancia en los hogares actuales.
En el reciente episodio del podcast Amor en tiempos de Wi-Fi, presentado por Helena Resano, se abordó esta creciente preocupación desde una perspectiva profunda y empática. Lejos de ser un simple problema de rebeldía o mala conducta, la dependencia a las pantallas esconde una necesidad humana fundamental. El ser humano nace con una predisposición innata a vincularse con sus cuidadores, buscando constantemente esa relación que le brinde seguridad y afecto genuino en su día a día.
La búsqueda de la "tribu" en el mundo virtual
El psicólogo clínico Rafa Guerrero, experto en psicología educativa, en trastorno de hiperactividad y déficit de atención, señala en este podcast que el conflicto estalla cuando esa conexión emocional auténtica es reemplazada por el ecosistema digital.
Según el experto, muchos menores acuden a las redes sociales o a los videojuegos buscando una tribu que los valide y los haga sentir vistos.
Detrás de una adicción tecnológica, existe un problema oculto en forma de trauma, vacío, sobreprotección o falta de autoestima.
Las pantallas ofrecen una vía de escape rápida y automática frente al sufrimiento o la incomprensión que experimentan en su entorno cotidiano.
Curiosamente, los propios adolescentes son muy conscientes de esta dinámica y de las trampas que esconde su entorno digital. Ellos mismos reconocen durante el programa que el algoritmo de las plataformas está diseñado para retenerlos mediante la liberación constante de dopamina, fomentando un entorno de "postureo" que daña su autoestima al compararse con vidas irreales. Este secuestro de la atención provoca alteraciones graves y visibles en la rutina diaria del menor.
Los síntomas de esta desconexión abarcan desde un bajo rendimiento escolar y un evidente aislamiento social, hasta el consumo impulsivo de alimentos ultraprocesados y respuestas agresivas al limitarles el uso.
Ante este complejo panorama, la solución no pasa únicamente por desenchufar el router de forma drástica, ya que esto solo actúa como un parche temporal ante un problema más profundo.
Nos encontramos con adolescentes que tienen adicciones a las pantallas, adicciones al porno, adicciones a videojuegos, adicción a ser vistos
Guerrero enfatiza que la principal función de los padres es proteger el cerebro en desarrollo de sus hijos, lo que implica establecer límites explícitos y firmes, asumiendo que generarán enfados.
Sacar los dispositivos de las habitaciones, apagar las pantallas dos horas antes de dormir para no alterar el ciclo del sueño y dar ejemplo aprendiendo a desconectar como adultos, son pasos innegociables.
Finalmente, los expertos recuerdan que pedir ayuda profesional cuando la situación desborda a la familia es un acto de valentía y responsabilidad hacia el bienestar del menor.
