No son secretos bien guardados ni playas prohibidas: casi todas aparecen ya en alguna guía de viajes o en cuentas de Instagram especializadas en costa española. Lo que las mantiene tranquilas no es el desconocimiento, sino que llegar hasta ellas cuesta algo más de esfuerzo que aparcar el coche y bajar cuatro escalones.
El patrón se repite de norte a sur: acantilados que obligan a caminar, espacios naturales protegidos con acceso restringido, aguas más frías o con oleaje que espantan al bañista ocasional, o sencillamente la lejanía de cualquier núcleo urbano grande.
Estas son nueve playas, repartidas por toda la costa española, que todavía se benefician de alguno de esos frenos naturales a la masificación.
La Playa de los Muertos, Zahara y la Herradura
La Playa de los Muertos, dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, en Almería, es probablemente la más fotografiada de esta lista y, paradójicamente, sigue sin masificarse: un kilómetro de canto rodado blanco y agua turquesa flanqueado por acantilados volcánicos, al que solo se llega bajando a pie por un sendero empinado que hace pensárselo dos veces a quien busca comodidad.
Más al oeste, entre Tarifa y Barbate, la playa de Zahara de los Atunes conserva buena parte del aire de pueblo pesquero que tenía antes de convertirse en destino de moda, y solo se llena de verdad en los días centrales de agosto. Muy cerca, dentro del Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate, la playa de la Herradura -también conocida como playa del Chorro- ofrece kilómetro y medio de costa salvaje sin ningún servicio, rodeada de pinares y accesible a pie desde el propio Barbate.
Las tres comparten un mismo patrón: están dentro o muy cerca de espacios naturales protegidos, lo que limita la construcción de infraestructura turística y, con ella, la llegada masiva de visitantes.
Más al norte: Covachos y Santa Marina As Furnas
En Cantabria, la playa de Covachos, dentro del Geoparque Costa Quebrada y a un paso de Santander, es una de las postales más reconocibles de la región y sigue conservando un aire salvaje gracias a que su acceso principal se hace a través de un tómbolo de arena que desaparece con la marea alta, obligando a calcular bien los horarios para no quedar aislado.
En Asturias, la playa de Santa Marina, en el concejo de Ribadesella, combina paisaje cantábrico con vida de pueblo auténtica: es conocida entre quienes veranean en la zona, pero rara vez aparece en los rankings de las playas más visitadas de España, lo que le permite mantener un ritmo mucho más tranquilo incluso en pleno verano.
Ya en Galicia, la playa de As Furnas destaca por su carácter salvaje: aguas abiertas al Atlántico, oleaje considerable y muy poca masificación incluso en agosto, un rasgo común a buena parte del litoral gallego menos conocido, donde el viento y el agua fría hacen el resto del trabajo de disuasión que en el Mediterráneo hacen los acantilados.
Mediterráneo, Baleares y Canarias: L'Ahuir, Mago y Cofete
En la Comunidad Valenciana, la playa de l'Ahuir, en Gandía, es un espacio protegido de dunas sin ninguna edificación frente al mar, lo que reduce de forma natural la masificación incluso en temporada alta, algo poco habitual en una zona de costa tan turística como la valenciana.
En Mallorca, la llamada playa del Mago (Portals Vells II) ofrece aguas cristalinas, arena fina y un pequeño bosque de pinos que da sombra natural, en una isla donde encontrar un rincón tranquilo en agosto suele parecer misión imposible. Y en Canarias, la playa de Cofete, en el Parque Natural de Jandía (Fuerteventura), es probablemente la más extrema de toda la lista: varios kilómetros de arena virgen a los pies del macizo de Jandía, a los que solo se llega por una pista de tierra sin asfaltar, con el océano abierto y una corriente que hace del baño una actividad solo para expertos.
Lo que hay que saber antes de ir a estas playas
Casi ninguna de estas playas tiene servicio de socorrismo, chiringuito ni papeleras, así que conviene llevar agua, comida, protección solar y una bolsa para los propios residuos. El acceso a pie o por pistas de tierra es la norma, no la excepción, por lo que hace falta calzado adecuado y comprobar antes las condiciones del sendero o de la pista, especialmente en las playas de acantilado.
Varias de ellas están dentro de espacios naturales protegidos, con restricciones de aparcamiento o de aforo en temporada alta: conviene consultar la normativa del parque natural correspondiente antes de ir, sobre todo en el caso de Cabo de Gata-Níjar y de la Breña y Marismas del Barbate. Y en las playas de oleaje abierto, Cofete, As Furnas, Covachos con marea alta, la prudencia con el baño es tan importante como la tranquilidad que se busca al elegirlas.

