Los incendios de este verano están dejando ya una huella devastadora, con más de 170.000 hectáreas quemadas en lo que va de año, grandes focos en zonas como Ávila, Madrid, Toledo o Castellón, y miles de vecinos pendientes de evacuaciones, humo y carreteras cortadas. En ese escenario de emergencia, cuando el fuego deja de ser una cifra y se convierte en una amenaza real sobre pueblos, paisajes y vidas, cobra especial sentido la mirada de Juan José Madueño en El corazón de la brigada. Una vida entre llamas y ceniza. “El libro nace un día que vamos a la base del INFOCA a hacer una entrevista sobre cómo eran las condiciones laborales de los bomberos forestales en España. Cuando terminamos hablamos con uno de los técnicos de operaciones del INFOCA y le comentamos que habría que contar es quiénes son ellos, qué es lo que dicen, que si tienen miedo, si qué le cuentan a su familia cuando están en cuando están en un fuego…”, ha explicado Madueño en ‘En la onda’.
El periodista se adentra, junto al fotoperiodista Ñito Salas, en los quince días más duros de la temporada de incendios en Andalucía para contar no solo cómo trabaja una brigada del Infoca, sino quiénes son quienes se plantan frente a las llamas. Para Madueño “son personas cotidianas, pero a la vez es gente tan extraordinaria. Es gente que es capaz de meterse en la boca del infierno una mañana cualquiera, que se han levantado diciendo que cuando termine el turno se van con su hija con la bicicleta”.
Madueño reivindica que los bomberos forestales no son códigos ni efectivos anónimos, sino personas con miedo, familia, humor, confianza en sus compañeros y una vocación profunda. “Es gente que valoran muy bien el riesgo. Cuando salta un aviso, a ellos no paran de llegarle imágenes al móvil. Sus cabezas son ordenadores analizando datos, la posición del viento, las posibles salidas, dónde se pueden apoyar, dónde hay caminos, dónde hay agua, dónde hay una zona donde se pueden apoyar para hacer una línea de defensa y contener el fuego…. Yo he estado con ellos en siete incendios y en ningún momento me sentí en peligro”, ha narrado el periodista.
En esos 15 días de trabajo el fotoperiodista Ñito Salas hizo 5.000 fotografías, su implicación en contar lo que estaba pasando a través de la fotografía fue tal que se le derritieron unas botas de trabajo. “Ñito es uno de los mejores y como él dice ‘era un sitio donde pasaban cosas’. Sus fotos son brutales”, ha concluido Madueño.
