NEGLICENCIA MÉDICA

El impactante caso de José Domingo, diagnosticado hace 21 años de una enfermedad que nunca tuvo

José Domingo fue diagnosticado de una enfermedad degenerativa en 2005 y rompió con todo para "no ser una carga para nadie". Ahora, presentará una reclamación patrimonial contra el Servicio Extremeño de Salud (SES).

El SES contratará una póliza de 800.000 euros para cubrir posibles negligencias médicas y agresiones a sanitarios

Toño López-Carrasco

Madrid |

José Domingo

La historia de José Domingo Jiménez, un extremeño de 47 años, es difícil de creer. En 2005, cuando apenas tenía 26 años, José sufrió un dolor de espalda que lo llevó a consultar a un reumatólogo, quien le diagnosticó espondilitis anquilosante, una enfermedad crónica y degenerativa que puede limitar la movilidad articular y causar dolor intenso a lo largo de la vida.

Desde ese momento, José adaptó toda su vida a la creencia de que estaba enfermo y que con el tiempo podría empeorar hasta el punto de estar "postrado en una cama". La noticia lo marcó profundamente: rompió con su pareja, renunció a relaciones personales y se fue aislando socialmente con el temor de convertirse en una "carga" para los demás. Su día a día quedó condicionado por el miedo a un futuro que pensaba que era inevitable: "Iba de casa al trabajo y del trabajo a casa".

Nunca tuvo esa enfermedad

El diagnóstico, sin embargo, resultó ser equivocado. Más de dos décadas después, un médico distinto revisó su historial clínico y concluyó que José nunca había padecido la enfermedad que le habían diagnosticado. La confirmación de esta ausencia de enfermedad llegó en 2026, tras nuevas pruebas médicas que demostraron la inexistencia de signos clínicos de la supuesta espondilitis.

Por su parte, su anterior médico, al ver la obvia mejoría de José Domingo, le dijo que "o va muy bien o me equivoqué en el diagnóstico".

José Domingo relató en Y ahora Sonsoles hace apenas unos días que el impacto emocional de esta noticia ha sido agridulce: por un lado, sintió una enorme alegría inicial al no tener esa enfermedad degenerativa, pero enseguida lo invadió la sensación de pérdida al pensar en todos los años que dedicó a medicarse y aislarse. Según él, durante ese tiempo se distanció de relaciones afectivas, se apartó de amigos y dejó casi por completo su vida social, convencido de que no podía "ser una carga" para nadie debido a su diagnóstico.

El tratamiento que recibió durante años fue intenso y dejó secuelas físicas y psicológicas. La medicación fuerte, incluyendo fármacos administrados por vía intravenosa, y los efectos secundarios asociados, han marcado su cuerpo y su mente a lo largo del tiempo. Ahora, José intenta asimilar el impacto de esta revelación y planear una nueva etapa en la que reconstruir su vida.

José y su familia estudian presentar una demanda con el fin de presentar una reclamación patrimonial por mala praxis contra el Sistema Extremeño de Salud (SES), debido a los efectos físicos y psicológicos que el diagnóstico erróneo ha provocado a lo largo de tanto tiempo.