La comunidad científica ha encendido las alarmas tras la publicación de una investigación que vincula el uso cotidiano de plásticos en la cocina, especialmente para almacenar alimentos, con un aumento significativo del riesgo de fallecimiento por enfermedades cardíacas. Los ftalatos, sustancias químicas empleadas para dar flexibilidad a los plásticos, pueden migrar a los alimentos y ser absorbidos por el organismo, donde actúan como disrruptores hormonales y alteran funciones esenciales del cuerpo humano.
Los plásticos afectan a la generación de testosterona
Estos compuestos son conocidos por interferir en la producción de testosterona, una hormona clave para la salud cardiovascular, especialmente en hombres. “Los ftalatos alteran la testosterona, y en los hombres, los niveles bajos de esta hormona son un predictor de enfermedad cardiovascular en la edad adulta”, explica el doctor Leonardo Trasande, uno de los autores principales del estudio. Investigaciones previas ya habían relacionado estos compuestos con problemas reproductivos, asma, obesidad infantil y cáncer.
El estudio, publicado en la revista 'eBioMedicine,' analizó datos de salud y medioambiente de más de 200 países y territorios, centrándose en el ftalato, uno de los más comunes en plásticos de uso doméstico como envases, tuberías, cortinas de baño y utensilios de cocina. Los resultados son contundentes: la exposición diaria estuvo asociada a más de 356.000 muertes por enfermedades cardíacas en 2018 entre personas de 55 a 64 años, lo que representa el 13% de los fallecimientos por esta causa en ese grupo de edad a nivel global.
Los expertos advierten que los ftalatos también pueden ingresar al cuerpo al respirar aire contaminado. Además, su presencia es habitual en productos de higiene personal, detergentes, ropa y juguetes infantiles. Si bien la investigación no puede demostrar una relación causal directa, la asociación es lo suficientemente robusta como para que organizaciones científicas y de consumidores reclamen una regulación más estricta y cambios en los hábitos domésticos.
El impacto de estos compuestos no es homogéneo en todo el mundo: regiones como África, Asia Oriental y Oriente Medio concentran la mayoría de las muertes vinculadas a la exposición, debido a una mayor presencia de plásticos y menores recursos para detectar y tratar enfermedades cardiovasculares.
Cómo reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular
Para reducir el riesgo, los especialistas recomiendan evitar el uso de plásticos para almacenar y calentar alimentos, optar por recipientes de vidrio, acero inoxidable o cerámica, y limitar el consumo de productos ultraprocesados. También sugieren elegir productos de higiene y limpieza sin fragancias, lavar las manos con frecuencia y evitar plásticos identificados con los números 3, 6 y 7.
En conclusión, la evidencia científica señala que el uso habitual de plásticos en la cocina y otros ámbitos domésticos supone un riesgo real para la salud cardiovascular, especialmente por la exposición a ftalatos como el DEHP. Aunque se requieren más estudios para comprender todos los mecanismos implicados, los expertos coinciden en la necesidad de adoptar medidas preventivas tanto a nivel individual como regulatorio para reducir el impacto de estos compuestos en la salud pública mundial

