Dos semanas después de los terremotos que han sacudido Venezuela, los equipos de rescate continúan trabajando sin descanso entre edificios derruidos. En este tipo de emergencias, además de los especialistas humanos, hay otros protagonistas silenciosos cuya labor resulta determinante: los perros de rescate.
En una entrevista concedida a La Brújula de Madrid, Luis Sandez, bombero del Ayuntamiento de Huelva, guía canino y miembro de Bomberos Unidos Sin Fronteras, ha explicado cómo trabajan estos animales, capaces de localizar a personas vivas sepultadas bajo toneladas de escombros.
Un entrenamiento pensado para encontrar personas vivas
Sandez, que acaba de regresar de Venezuela junto a su perra Tina, detalla que no cualquier perro sirve para estas labores. Aunque determinadas razas como el pastor belga malinois, el pastor alemán o el perro de agua parten con cierta ventaja genética, lo realmente importante son sus cualidades.
"Tienen que ser perros activos, seguros, sin miedo al ruido, al confinamiento o a la falta de visibilidad", explica. La formación se realiza mediante el denominado método Arcón, desarrollado por el bombero sevillano Jaime Parejo y empleado desde hace décadas por numerosos equipos de rescate internacionales.
El objetivo del entrenamiento es que el perro aprenda a detectar el olor que desprenden las personas vivas atrapadas bajo los escombros. Para ello se utilizan escenarios cada vez más complejos, comenzando con simples arquetas y simulando progresivamente situaciones reales de derrumbe.
Según Sandez, en apenas un mes intensivo de formación los animales ya pueden participar en las primeras búsquedas, aunque alcanzar un nivel plenamente operativo requiere meses de experiencia y entrenamiento continuado.
Trabajan solos y avisan ladrando
Una de las características más llamativas del método Arcón es la autonomía del perro durante la búsqueda. "Nosotros le damos la indicación de búsqueda y ellos desarrollan su propia estrategia utilizando el viento y el olor de la víctima", explica el rescatista.
Cuando el animal detecta la presencia de una persona con vida, comienza a ladrar de forma insistente hasta que el guía llega al lugar y confirma el hallazgo. En muchas ocasiones, el perro trabaja fuera del campo de visión del rescatista, entre túneles de escombros o espacios completamente oscuros, por lo que el ladrido se convierte en la señal clave para localizar el punto exacto.
Al igual que ocurre con los equipos humanos, el descanso resulta esencial para mantener la eficacia de los perros. Sandez explica que el principal desgaste no suele ser físico, sino psicológico. En una gran catástrofe pueden pasar días buscando sin encontrar supervivientes, algo que exige una enorme fortaleza emocional.
Por ello, los guías observan continuamente el comportamiento del animal y deciden cuándo necesita detenerse para descansar en su transportín, donde recupera fuerzas antes de volver al trabajo.
Tina, una compañera inseparable
La compañera de Luis Sandez es Tina, una pastor checo de poco más de dos años y medio que ya ha participado en misiones internacionales tras completar parte de su formación en Guatemala junto al Ejército del país.
El bombero asegura que el vínculo entre guía y perro es absoluto. Explica que "están las 24 horas con nosotros, forman parte de nuestra familia". Esa relación también se mantiene cuando llega el momento de la jubilación. Los perros no abandonan a sus guías ni son entregados a otras familias.
"Permanecen con nosotros hasta el último de sus días", concluye Sandez, reivindicando el papel de unos animales cuya labor puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte en una catástrofe.
